El voto en la historia

Luis Fernandez Molina

luisfer@ufm.edu

Estudios Arquitectura, Universidad de San Calos. 1971 a 1973. Egresado Universidad Francisco Marroquín, como Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales (1979). Estudios de Maestría de Derecho Constitucional, Universidad Francisco Marroquín. Bufete Profesional Particular 1980 a la fecha. Magistrado Corte Suprema de Justicia 2004 a 2009, presidente de la Cámara de Amparos. Autor de Manual del Pequeño Contribuyente (1994), y Guía Legal del Empresario (2012) y, entre otros. Columnista del Diario La Hora, de 2001 a la fecha.

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Luis Fernández Molina

Los primeros homínidos emergieron hace cerca de dos millones de años. Siguieron progresando hasta que hace unos 200 mil años dieron origen a los homo sapiens. Continuó el desarrollo y aparecieron los cromañones, nuestros antepasados más cercanos, de 40 mil a 10 mil años A.C. De los primeros asentamientos humanos solo se tienen vestigios desenterrados de yacimientos arqueológicos, que datan cerca del año 8 mil A.C. La historia articulada empieza a tomar forma cerca del año 4 mil A.C. Coinciden los expertos que el concepto de sociedad germinó en las aguas de los ríos Tigris y Éufrates y en el Nilo. Sumeria, luego Asiria, por un lado y Egipto por el otro, acunaron un orden social. Lo propio sucedió en China, en las riberas del río Amarillo.

Desde entonces se fueron registrando los grandes acontecimientos de cada civilización en tablillas, papiros y pergaminos. Se recuerdan reinados, reyes, dioses, guerras, batallas, etc. pero en ningún lugar aparece el concepto de democracia. El voto para elegir gobernantes (o emitir leyes), eso era impensable, rayando en lo blasfemo porque solo corresponde a Dios poner y quitar reyes. El derecho de voto no lo hubiera entendido ningún egipcio vasallo de Ramsés ni Tutmosis, tampoco uno de Nabucodonosor, Ciro el Grande o Alejandro. Ni de Qin Shi Huang (los soldados de terracota). Tampoco Julio César o Augusto. Ni siquiera lo hubieran considerado el bíblico Moisés ni el rey David. El pueblo no contaba para nada en las decisiones públicas y tenían que someterse al a quien ejercía las funciones ejecutivas, judiciales y legislativas. Debía conformarse la población con tener comida y gozar de algún margen de libertad. Por lo general el gobernante era considerado un dios viviente. Lo mismo acaeció en nuestra América; el concepto de “voluntad popular” no lo hubiera comprendido ningún ajaw maya, ni tlaotani azteca, ni el inca.

Corresponde a los griegos desafiar las sombras y colocar al pueblo en el lugar que correspondía (aunque no contaban las mujeres). Fue como un fogonazo que no se expandió al Mediterráneo y duró solo pocos siglos. Pero los reflejos de ese relámpago no se extinguieron, por el contrario sirvió como faro de Alejandría para que en el siglo XII se consolidaran las iniciativas de limitar el poder absoluto del soberano (Carta Magna 1215) y de proveer de estructura jurídica a los reinos (Siete Partidas, c1260). Pero todavía faltaba por recorrer mucho tramo para que se reconociera el derecho de voto.

Las primeras elecciones eran limitadas y solo podían votar quienes eran los únicos electores. Los movimientos conocidos como Iluminismo y Racionalismo en el siglo XVII cuestionaron la autocracia y la divinidad real. Rousseau proclamó que la soberanía radicaba en el pueblo. Él y otros filósofos sociales fueron quienes inspiraron la Revolución Francesa. En 1793 se estableció en Francia el sufragio universal masculino; esta disposición no se aplicó de inmediato por causa de Napoleón, se implementó hasta después de las rebeliones de 1848. Las mujeres de ese país tendrían que esperar hasta 1945, terminada la guerra. En Inglaterra solo podían votar los nobles y terratenientes y el voto femenino se aceptó hasta hace apenas un siglo, en 1918. El primer voto femenino 1893 en Nueva Zelanda.

La Constitución de Estados Unidos proclama que todos los hombres son creados iguales. Sin embargo los individuos de color solo pudieron votar plenamente hasta 1965 y las mujeres en 1920. En Guatemala se aceptó el voto de mujeres, que supieran leer, en 1945. En resumen, tras 6 mil años de historia el sufragio universal tiene menos de un siglo. Por favor, ¡Vaya a votar!