El trato con corruptos

En Estados Unidos se vive un momento especial por la solicitud que hace un funcionario de poder decir algo que sabe y que considera perjudicial para el país, lo que se conoce como la protección del soplón o Whistleblower, reconocida por la ley federal. En el caso presente el diario Wall Street Journal publicó que posiblemente se trate de la conversación privada que tuvo Trump con el Presidente de Ucrania en la que, se supone, le pidió que investigara posibles actos de corrupción de un hijo de Joe Biden. El asesor presidencial y polémico abogado Rudy Giuliani dijo en la televisión que el Presidente tiene todo el derecho de oponerse a ayudar o tener tratos con gobiernos corruptos y que por ello el tipo de conversación que sostuvo con Volodymyr Zelensky.

El argumento de Giuliani se cae cuando uno ve la forma en que Trump está teniendo tratos con gobiernos como los del Triángulo Norte de Centroamérica que son señalados de distintas formas de corrupción y hasta de vínculos con el narcotráfico, tema que no le ha hecho la menor roncha al inquilino de la Casa Blanca para suscribir acuerdos con ellos en el tema migratorio.

Lo que estamos viendo es un ejemplo de la brutal globalización del cinismo y la corrupción, con el agregado de que, si ello ocurre en el país más poderoso de la Tierra, que fue paradigma del sistema democrático por la ya poco usual práctica del sistema de pesos y contrapesos para evitar abusos y poderes absolutos, qué podemos esperar quienes tratamos de luchar contra esos vicios en estos países carentes de institucionalidad.

Bien se ha dicho y repetido que si a Estados Unidos les da catarro a estos países nos da pulmonía, pero qué ocurre si a Estados Unidos le da pulmonía, como parece ser ahora el caso cuando el ejercicio de la democracia se ha visto tan debilitado no sólo por la intromisión de otros países en los procesos de elecciones, sino por la ruptura con esa tradición de absoluto respeto a las instituciones.

Ya se vivió algo similar en tiempos de Nixon, cuando la perversidad, la ilegalidad y el abuso se enseñorearon de la Casa Blanca, pero en ese tiempo todavía la sociedad norteamericana supo reaccionar y dar el golpe de timón para enderezar el camino.

No nos debe sorprender el cinismo de nuestras autoridades ni su facilidad para mentir si tienen a un mentor que hace gala de las más eficientes artes para mostrar que la corrupción es algo que debe verse como muy relativo.