El trabajo infantil en Guatemala

Jorge Morales Toj

Maya K’iche’, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Abogado y Notario, con estudios de Maestría y Doctorado en Derecho Constitucional. Pacifista y Defensor de los Derechos Humanos.

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Jorge Morales Toj

El trabajo infantil siempre ha existido en Guatemala, pero tuvo que salir un reportaje en un canal de televisión británico, en el cual, se evidencia a niños y niñas en fincas cafetaleras explotados, para que se le pusiera atención y el Presidente, un poco apresurado, en mi opinión, saliera a defender lo indefendible. En Guatemala los niños y niñas siempre han sido explotados y casi esclavizados. Están los niños y niñas pica piedras, los niños y niñas de la pólvora, las niñas trabajando en casas particulares casi esclavizadas y muchas más.

Las causas del trabajo infantil obedecen, a factores relacionados con las condiciones socioeconómicas en que se encuentran la mayoría de guatemaltecos. El aumento de la pobreza, la deficiencia del sistema educativo, el desempleo y la demanda de mano de obra barata son las principales razones, pero no escapan la falta de voluntad política y la mala distribución de los recursos económicos.

La mayor parte de los menores guatemaltecos que trabajan pertenecen a hogares pobres del área rural. Asimismo, la mayoría de estas familias tienen bajos ingresos, por lo que recurren al trabajo de sus niñas y niños. A pesar de ello, las remuneraciones que estos perciben son tan bajas que poco contribuyen a mejorar las condiciones de vida familiar.

La demanda de mano de obra barata es otro factor causal en la generación del trabajo infantil, ya que, al ser menores de edad, la paga también es menor o nula. Las garantías laborales se obvian, en la mayoría de los casos, debido a la deficiencia de los mecanismos legales y la cantidad insuficiente de inspectores de trabajo, que garanticen la aplicación de las normas laborales, especialmente en las fincas e industrias.

Los efectos que genera el trabajo infantil son devastadores para la niñez. Frecuentemente la repercusión del trabajo infantil sobre el rendimiento escolar del niño no se identifica a través de los indicadores educativos, sino se manifiesta a través de comportamiento que limitan su capacidad de aprendizaje. En estos casos, los niños permanecen en la escuela, pero las exigencias de trabajo y estudio provocan alteraciones físicas, sociales y psicológicas, que reducen su capacidad.

Los efectos psicológicos en la niñez son devastadores, principalmente al hecho de asumir responsabilidades mayores a temprana edad, y por la realización de labores de alto riesgo, los niños pueden sufrir daños en su personalidad y en su autoestima. Los efectos físicos en la niñez sometida al trabajo infantil, se manifiestan en los niños que realizan trabajos con horario laboral nocturno o prolongado, que desplazan cargas pesadas o que permanecen sentados por largos períodos de tiempo. Estos trabajos dejan a los niños exhaustos, sin energía necesaria para estudiar con suficiente rendimiento cuando están en clase. Se manifiestan síntomas de tensión nerviosa, cansancio, lesiones físicas, fatiga y stress.

El término “trabajo infantil”, suele definirse, como todo trabajo que priva a los niños de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. Para erradicar el trabajo infantil se requieren políticas integrales de desarrollo incluyente, de oportunidades de educación y sobre todo políticas públicas y recursos que permitan oportunidades para las familias en extrema pobreza.

Diario La Hora
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