El Señor Presidente o las transfiguraciones del deseo de Miguel (Cara de) Ángel Asturias

Mario Roberto Morales
Miembro de número de la Academia Guatemalteca de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española

“…Estrada Cabrera, que de Dios goce con Nerón y Calígula…”
MIGUEL ÁNGEL ASTURIAS 1

Con anterioridad hemos tratado de establecer que Asturias desarrolló una propuesta poética y política consistente en propugnar un mestizaje intercultural democrático, la cual inició en Leyendas de Guatemala, prosiguió en Hombres de maíz y culminó en Mulata de Tal, y que la clave de esa propuesta articula casi toda su obra literaria.2 Creemos que El Señor Presidente no es la excepción, y en este ensayo trataremos de establecer cómo funciona esta clave asturiana en los ejes que estructuran la novela. Pero antes de entrar en materia debemos, por todo, empezar por explicar en qué consiste esa clave, la cual se devela en las primeras páginas de las Leyendas.

René Prieto estableció que “todos los temas fundamentales que este escritor blande como arma ideológica durante casi medio siglo de vida profesional están presentes en su primera gran obra de ficción”.3 Estos elementos son, primero, que “Asturias se forja él mismo el papel de ‘Gran Lengua’ o transmisor de una cultura maya desposeída de voz y voto desde la colonia. Su misión como escritor comprometido será devolver ambos al pueblo indígena con quien empieza a identificarse tras haber empezado a ponderar su propia identidad” (239); segundo, que lo hace planteando “un objeto que es él mismo y su antítesis o, simultáneamente, presencia y ausencia como la de la ‘Guatemala’ del primer relato, simultáneamente indígena y española, pagana y cristiana, antigua y moderna” (244), empleando la metáfora de una “ciudad integrada en la cual coinciden sin suprimirse lo maya y lo español” (244-45), que aparecen equiparados aunque sin llegar a formar una síntesis, sino manteniendo ambos elementos sus especificidades al tiempo que se mezclan en infinidad de formas diversas; tercero, que cuando el personaje, Cuero de Oro, convence a don Chepe y doña Tina, sus interlocutores ladinos, de que él es la encarnación de Quetzalcóatl, “se acopla a la tierra en una ‘sexual agonía’, imagen típica del proceso analógico por medio del cual el poeta surrealista acopla elementos provenientes de distintas esferas… y la intensidad de lo maravilloso depende de la abolición repentina y siempre violenta de la brecha entre estos polos” (248); cuarto, que esta “perspectiva no deja de incluir al sujeto mismo el cual… termina negándose (‘No existo yo’), fragmentándose (‘¡Que mi mano derecha tire de mi izquierda hasta partirme en dos… partido por la mitad… pero cogido de las manos…!’). La meta de Asturias, claro está, es relatar, a través de la polaridad, el proceso de transformación perpetua” (248); quinto, que “el objetivo de la polaridad y el choque de contrarios es sugerir un retorno de lo reprimido —es decir, de la cultura indígena—…” (249).

De acuerdo a esto, no puede caber la menor duda de que Cuero de Oro, la encarnación de Quetzalcóatl, es el medio ficcional por medio del que Asturias se inviste a sí mismo como una transfiguración de este héroe cultural y como Gran Lengua, incorporando a su identidad ladina la parte reprimida de la misma (la parte indígena), la cual se perfila así como objeto de deseo.

Ahora bien, mi argumento es que el objeto de deseo de Asturias no es ninguna de las polaridades sino la fisura. Es decir, no es la cultura indígena como otredad diferenciada y contrapuesta a la cultura ladina, sino que es la creación o construcción de un sujeto popular interétnico en el que estos componentes se encuentren balanceados de diversas formas, dependiendo de la clase social, el sexo y la condición humana del sujeto individual, híbrido y mestizo, de que se trate. Este sujeto se encuentra mejor perfilado en Mulata de Tal, como trato de dejar asentado en otro ensayo.4 Pero, para lo que ahora interesa, es necesario establecer que esta “abolición repentina y siempre violenta de la brecha entre estos polos” de que habla Prieto, explica que justamente es la abolición de la brecha el objeto de deseo, y no la diferencia (cualquiera que sea) en sí misma. La ansiedad binaria funciona en la etapa del conflicto, pero en la etapa de la toma de conciencia del conflicto, el sujeto escindido busca integrarse como uno solo con todos sus componentes. La parte reprimida se incorpora, se asume pero no para que sustituya a la otra sino para que la complemente y así se acerquen ambas al verdadero objeto de deseo que, en el caso de Asturias, es lo que hemos llamado un sujeto interétnico e intercultural, el cual, hemos argumentado, es también popular y democrático.5 Prieto asienta igualmente que la opción asturiana por lo indígena implica la locura de asumir el síntoma anómalo de que habla el psicoanálisis. Yo he tratado de establecer que la locura asturiana es parte de un periplo más grande que culmina en una nueva utopía pospolítica.6 Me explico: es sabido que el objeto de deseo (que es carencia y represión de la conciencia de la carencia) funciona como motor permanente de la capacidad “deseante” del deseador y que no culmina ni acaba con la obtención de ese objeto sino que su función consiste en mantener vigente la capacidad de desear. Por eso es que creamos nuestro objeto de deseo como inalcanzable.7 Se sabe también que el verdadero objeto de deseo es el sujeto deseador, es decir, uno mismo (en sus aspectos reprimidos de carencia).8 Por tanto, el carácter utópico de la opción por la fisura y no por una de las polaridades tiene también un lado individual, y si se quiere narcisista, por medio del cual Asturias se funda como encarnación posible de su ansiado sujeto intercultural, nacido de la ocurrencia y el anhelo de llenar el vacío existente entre las polaridades, concibiendo el acto de llenarlo como superación de las mismas al incluirlas en el nuevo producto. Este nuevo producto se ubica siempre más allá de las posibilidades de la política, en un espacio de cualitativo cambio espiritual.

La interetnicidad e interculturalidad que Asturias proclama en el inicio de las Leyendas es el eje ideológico de toda su obra, el cual, como dijimos, desarrolló en forma sistemática, en Hombres de maíz y Mulata de Tal sobre todo. Pero antes, en las obras parisinas y vanguardistas, también actúa este principio como importante factor estructurador de sus textos.9 Con esta clave en nuestro poder es, pues, posible abrir la puerta del laberinto asturiano y leer su propuesta a la luz que ella nos brinda, esta vez en El Señor Presidente.

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Se ha repetido mucho que ésta es una novela sobre la dictadura y sobre los dictadores latinoamericanos. En realidad es eso y mucho más. Es también, como dice Gerald Martin, una novela que “refleja de la manera más concreta los horizontes de la niñez y la adolescencia de Asturias”, y en la que se “ejemplifica más claramente que en cualquier otra novela el crucial vínculo entre el surrealismo europeo y el realismo mágico latinoamericano”. Se trata —continúa Martin— de “una obra original tanto de su tiempo como adelantada a él”, pero “debido a que su tema —la dictadura— es tan obvio, sus dimensiones más universales se escamotean muy fácilmente”. Es “también la primera novela importante que une el llamado a una revolución política y social con el llamado a una revolución en el lenguaje y la literatura”. Es “la primera verdadera novela sobre el dictador… y la primera en mostrar la vida política, social y psicológica de América Latina como un laberinto o telaraña de corrupción”. El amor de Asturias “por la cultura popular y su comprensión de sus motivaciones y psicología fue igualmente inusual en la literatura de ficción, como lo fue su innata simpatía por la emancipación femenina”. “Finalmente —dice Martin— El Señor Presidente fue el primer libro, desde Amalia, en 1851, en mostrar el hecho de que comunidades y ciudades enteras podían ser prisiones, o que bajo una dictadura que hace interiorizar el terror y la represión, la conciencia humana misma deviene una prisión, tornando aún más imperceptibles todos los otros determinismos biológicos y psicológicos que no podemos conocer enteramente pero que tampoco podemos enteramente evadir”.10

La caracterización de Martin nos ubica ante el texto como, primero, el entorno condicionante de la niñez y adolescencia del autor; segundo, como una expresión híbrida que se construye a partir de los postulados del surrealismo (el psicoanálisis, la hiperrealidad del sueño, la validez del inconsciente sobre el consciente) y el realismo mágico (el animismo indígena y la superstición medioeval europea en las condiciones de vida de la modernidad latinoamericana); tercero, como la propuesta asturiana de la necesidad de realizar una revolución social, política y cultural que lleve a América Latina a su propia superación. Esta propuesta democratizadora —argumento yo tomando en cuenta la develada clave asturiana del principio— tiene como eje el mestizaje, la hibridación y la disglosia culturales, partiendo de que las diferencias culturales no desaparecen en los procesos de transculturación sino que siguen existiendo y su ejercicio varía según la clase, la etnia y el sexo del sujeto en cuestión. Cuarto, se trata de una visión de la dictadura y el poder omnímodo como una telaraña, laberinto o —agrego— calle sin salida en la que la propia mente del pueblo se encuentra prisionera de sí misma, ante lo cual la masa reacciona según los postulados de su cultura espontanea, caracterizada por el mestizaje que justamente expresa el realismo mágico como recurso literario; en tal sentido —argumento— esta novela es un estudio del poder y de las maneras de articularse éste en los individuos como inconfesable objeto de deseo, en vista de que el pueblo carece de poder. Y, quinto, el texto se nos presenta como una novela (obvia y fuertemente) temática que, por serlo, suele encandilar la visión de sus críticos haciéndolos perder de vista sus “dimensiones más universales”. Nosotros trataremos de explorar en parte el espacio de estas dimensiones elucidando el significado de las relaciones entre los personajes principales de la novela y su autor, teniendo en cuenta las características del texto enumeradas arriba, sobre todo la referida al poder como objeto de deseo.11

Notas
1 Miguel Ángel Asturias. París 1924-1933. Periodismo y creación literaria. Edición crítica. Amos Segala, Coordinador. París: Archivos, 1997: 135.
2 “La estética y la política de la interculturalidad”. Miguel Ángel Asturias. Cuentos y leyendas. Edición Crítica. Mario Roberto Morales, Coordinador. París: Archivos, 2000.
3René Prieto. “Las ‘Leyendas de Guatemala’ de Miguel Ángel Asturias”. El cuento hispanoamericano. Enrique Pupo Walker, editor. Madrid: Castalia, 1995: 258.
4 Mario Roberto Morales. “La colorida nación infernal del sujeto popular interétnico (A propósito de Mulata de Tal)”. Miguel Ángel Asturias. Mulata de Tal. Edición Crítica. Arturo Arias, Coordinador. París: Archivos, 2000.
5 Idem.
6 Ibidem.
7 “…the realization of desire does not consist in its being ‘fullfiled’, ‘fully satisfied’, it coincides rather with the reproduction of desire as such, with its circular movement. (…) We can in this way also grasp the specificity of the Lcanian notion of anxiety: anxiety occurs not when the object-cause of desire is lacking; it is not the lack of the object that gives rise to anxiety but, on the contrary, the danger of our getting to close to the object and thus losing the lack itself. Anxiety is brought on by the disappearance of desire. Slavoj Žižek. Looking Awry: An Introduction to Jacques Lacan Through Popular Culture. Cambridge, Mass-London: October Books, 1991: 7-8.
8 “… the Lacanian object petit a, the chemerical object of fantasy, the object causing our desire and at the same time –this is its paradox– posed retractively by this desire; in ‘going through the fantasy’ we experience how this fantasy-object (the ‘secret’) only materializes the void of our desire. Slavoj Žižek. The Sublime Object of Ideology. London: Verso, 1989: 65.

“… the Lacanian object petit a: we search in vain for it in positive reality because it has no positive consistency –because it is just an objectification of a void, of a discontinuity opened in reality by the emergence of the signifier (95).

“… what Lacan calls petit object a: a pure void which functions as the object-cause of desire” (163).

La carencia es, pues, lo que funciona como objeto de nuestro deseo. Al desear aquello de lo que carecemos, nos deseamos a nosotros mismos como lo que no somos y teniendo lo que no tenemos.
9 Morales, “La estética y la política”.
10 Gerald Martin. Journeys Through The Labyrinth. London: Verso, 1989: 148-151. Traducción mía.
11“FOCAULT: … It may be that Marx and Freud cannot satisfy our desire for understanding this enigmatic thing which we call power, which is at once visible and invisible, present and hidden, ubiquitous. Theories of government and the traditional analyses of their mechanisms certainly don’t exhaust the field where power is exercised and where it functions. The question of power remains a total enigma. Who exercises power? And in what sphere? We know now with reasonable certainty who exploits others, who recieves the profits, which people are involved, and we know how these funds are reinvested. But as for power… We know that it is not in the hands of those who govern.

DELEUZE: With respect to the problem you posed: it is clear who exploits, who profits, and who governs, but power nevertheless remains something more diffuse. I would venture the following hypothesis: the thrust of Marxism was to define the problem essentially in terms of interests (power is held by a ruling class defined by its interests). The question immediately arises: how is it that people whose interests are not being served can strictly support the existing power structure by demanding a piece of the action? Perhaps, this is because in terms of investments, whether economic or unconscious, interest is not the final answer; there are investments of desire that function in a more profound and diffuse manner than our interests dictate. But of course, we never desire against our interests, because interest always follows and finds itself where desire has placed it. We cannot shut out the scream of Reich: the masses were not decieved; at a particular time, they actually wanted a fascist regime! (…) …in this context, there is no qualitative difference between the power wielded by the policeman and the prime minister.

FOCAULT: … It may happen that the masses, during fascist periods, desire that certain people assume power, people with whom they are unable to identify since these individuals exert power against the masses and at their expense, to the extreme of their death, their sacrifice, their massacre. Nevertheless, they desire this particular power; they want it to be exercised”. Donald F. Bouchard, ed. Language, Counter-Memory, Practice. Selected Essays and Interviews by Michel Focault. New York: Cornell University Press, 1977: 213-215.

PRESENTACIÓN

Una característica de los clásicos, en cualquier disciplina, es la intemporalidad de sus obras.  Esto es, la cualidad que permite el acceso constante a interpretaciones infinitas.  Para un ejemplar así, como es el caso de Miguel Ángel Asturias, el examen crítico de un escritor como Maro Roberto Morales constituye una joya que merece su consideración.

El trabajo de nuestro hermeneuta, que es apenas una parte de un más extenso análisis literario, nos ofrece con rigor la disección cuidadosa que permite el acceso a la intimidad de la obra asturiana, El Señor Presidente. Para ello, Morales se emplea en recursos que, superando lo estrictamente filosófico, establecen el alcance de una obra original, valiosa y de impronta universal.

A este respecto, el texto afirma lo siguiente.

Se ha repetido mucho que ésta es una novela sobre la dictadura y sobre los dictadores latinoamericanos. En realidad es eso y mucho más. Es también, como dice Gerald Martin, una novela que “refleja de la manera más concreta los horizontes de la niñez y la adolescencia de Asturias”, y en la que se “ejemplifica más claramente que en cualquier otra novela el crucial vínculo entre el surrealismo europeo y el realismo mágico latinoamericano”. Se trata —continúa Martin— de “una obra original tanto de su tiempo como adelantada a él”, pero “debido a que su tema —la dictadura— es tan obvio, sus dimensiones más universales se escamotean muy fácilmente”.

Con el estudio sobre Asturias, no deje de leer la demás oferta literaria, los textos de Fernando Mollinedo, Enán Moreno, Eynard W. de Conqueabur y Hugo Gordillo.  Las contribuciones abren posibilidades a nuevas ideas y percepciones que sin duda enriquecerán su acercamiento a la realidad.  Mientras eso sucede, desde ya empezamos a preparar nuevos contenidos para la próxima edición. Hasta entonces.