El olvido

Jairo Alarcón Rodas
Filósofo y catedrático universitario

Regreso, –fue lo que dijo cerrando la puerta–, se había acostumbrado a avisar a donde iba y esta vez no fue la excepción. Para Joaquín sería un día muy especial, iría a encontrarse con Leonor, mucho le había costado concertar esa cita. En algún lugar había escuchado que las oportunidades son eso, y si no se aprovechan, no se presentan de nuevo. Su timidez e inexperiencia para el galanteo habían sido siempre un obstáculo para relacionarse con las mujeres. Pero este día, se armó de valor y le propuso encontrarse para platicar e ir a comer y ella aceptó.

Eso de la inteligencia emocional no era su fuerte y aunque se relacionaba muy bien con sus amigos, no era lo mismo con las muchachas, máxime si alguna le gustaba. En ese sentido no era sociable, desdeñaba ir a fiestas, menos bailar. De algún modo comenzó a compensar esa flaqueza con leer, lo mismo leía literatura que curiosidades científicas y filosofía. Se aprendía toda serie de datos y lo mismo sabía sobre las carencias de los beduinos del Sahara, como sobre la complejidad de la teoría de los universos paralelos de Everett, el principio de incertidumbre de Heisenberg o de la música de Robert Fripp.

Su memoria se agilizaba aprendiendo más y más información, nombres, hechos, teorías y hasta rostros, no había semblante que no pudiera reconocer. En ese sentido, su memoria trabajaba muy bien. Sin embargo, actualmente muchos datos del pasado estaban ausentes, toda una serie de cosas se le habían olvidado, recuerdos borrados de su mente. Por ejemplo, quién era él, quiénes eran sus padres o si tenía algún familiar al cual poder acudir. En su memoria esos hechos estaban ausentes. La información en su cabeza se le había comprimido y al hacerlo datos, información y hechos se yuxtaponen, mezclándose, haciéndose incomprensible para su propio entendimiento y desde luego para los demás.

UDFy-38135539, no sé por qué tengo ese dato en mi cabeza, que se me repite y repite, si no fuera por las letras que le anteceden pensaría que es el número premiado de la lotería. Sé que ha de significar algo, pero no alcanzo a comprender qué representa. En mi cabeza revolotean una serie de pensamientos, muchos de ellos extraños, que no encajan con la realidad que estoy viviendo. A veces se me revelan nombres y hechos que insisten en permanecer en mí. Quién es Edgar Varèse o Karlheinz Stockhausen; qué es Epsilon in Malasyan Pale, ¿tiene algún sentido el nombre de Monique Froese?

Caminando por el puente a plena luz del sol, el trayecto se hace interminable y sofocante. Veo a mi izquierda los automóviles que transitan y pienso que en cada uno viaja una historia por contar, un mundo por descifrar. Pero, me doy cuenta también que soy parte de una y que no soy capaz de describir la mía. ¿Quién soy, qué ha sido de mi vida?, no comprendo por qué estoy aquí. No sé por qué camino por este interminable puente y ni sé a dónde voy, solo camino y camino hasta que termine el día y encuentre un lugar para pasar la noche.

Alzo los ojos y veo las luces interminables en el firmamento que me intrigan, sé que la velocidad de la luz llega desde el sol a la tierra a 8.32 minutos y estimando que la distancia de algunas de las estrellas es de varios miles de años luz. Andrómeda, por ejemplo, está a 2.6 millones de años luz de la Tierra, en consecuencia, muchas de ellas ya no existen dado que, como todo signo de vida, nacen, crecen, se reproducen y mueren. Muchas ya se transformaron en otra cosa y solo su luz tardía es la que vemos en lo alto del cielo. Otras, que recién han nacido, todavía no recibimos de ellas un signo de su presencia a través de su luz.

Dónde dejé mi pantalón… se me ha perdido entre todo este desorden, cada vez que necesito vestirme una y otra vez se me presenta el mismo problema, encontrar la ropa con la que he de salir. Siento que soy un acumulador de objetos, pues cada vez aparecen más y más cosas en mi cuarto. Al parecer, no tengo control sobre mis acciones. Es por eso que salgo con lo que encuentre y hay veces que no hallo camisa, ni zapatos. Traigo objetos que sepultan a los anteriores, en dónde habrán quedado los que traje conmigo aquel día que aparecí por aquí. ¿Hace cuánto tiempo de eso? No sé, ya perdí la noción del tiempo.

Qué ocurriría si todo fuera un caos, si las constantes con las que trabaja la ciencia no fueran posibles, si la incertidumbre rigiera al universo. Si eso fuera así, nos levantaríamos cada día y al enfrentarnos con el mundo se nos presentarían nuevos y continuos dilemas por resolver que, contradictoriamente, no tendrían solución. Nada se podría prever y mirar al futuro sería impensable.

El Conocer nos sería ajeno ya que, para poder hacerlo, las premisas con las que lo construimos no serían válidas. Todos los supuestos no tendrían validez ya que cada encuentro con la realidad sería una sorpresa. Sin embargo, una nueva forma de adentrarnos en las cosas, de poseerlas, si fuera factible, eliminando todos esos símbolos que la razón interpone entre el objeto y la conciencia, lo otro y el yo sería un caos… Revolotea en mi mente el nombre de Edmund Husserl.

Pero eso no resuelve la idea de desorden en la realidad. Pienso que para que se pueda actuar en el universo, es imprescindible que éste sea un cosmos, que haya un orden subyacente en las cosas que permitan su conocimiento y reconocimiento y con ello, es factible cualquier acción. Luego, si no hay orden, no hay accionar y sin éste, el movimiento no sería y eso es un absurdo. ¿Qué significa un universo sin movimiento?… nada. Por otra parte, pretender que una mente omnisciente sea la que ordene la realidad por nosotros parece más un precepto medieval que un pensamiento congruente. Pero, ¿cómo puede haber congruencia en el desorden?

Si es imposible que la realidad sea un caos, ¿habrá determinismo en las cosas? Y en las acciones humanas ¿existirá la ley de compensación? Tal idea resulta peligrosa, ya que ello justificaría cualquier desgracia que sufran las personas. Visto desde esa perspectiva, los judíos al ser perseguidos, torturados y masacrados por los nazis, seguro que merecido se lo tenían. Y si así es, ¿cuándo les tocará pagar a los alemanes que ejecutaron esas acciones y a los que fueron cómplices por omisión o participación de tales atrocidades?

¿Y cuándo lo harán los estadounidenses, responsables del deterioro del mundo, los exportadores del precio, o aquellos que siguen colonizando, sembrando terror y miseria? Y en el pasado, pagarían los que en nombre de Dios llevaron a la tumba a miles de personas a través de la tortura y la hoguera… y sus cómplices ya habrán sido castigados o, ¿será que estos, únicamente estaban ejecutando la sentencia que les tocaba a las personas que durante su vida cometieron algún tipo de delito o crimen? ¿Quién determina a los que matan por bien y a los que lo hacen por mal?

La llamada ley de compensación crea un caos y es impensable que dentro del accionar humano así sea, pero ¿por qué las desgracias son para unos y la fortuna para otros? Lo que estoy plenamente seguro es que en ello nada tiene que ver el merecimiento, no hay riqueza que se haya amasado honorablemente decía Proudhon, o lo que es lo mismo, no hay rico que haya adquirido su capital honradamente. Lo han obtenido por medio de la explotación y el sufrimiento de otros.

Hablo con la gente y me miran de forma extraña, trato de comunicarme y veo lejanía y repulsión en sus rostros. Lo que digo no les interesa y escucho lo que hablan y me parece otro idioma, al parecer los mundos paralelos tienen un portal, que los comunica y del que estoy a medio camino. Me encuentro perdido entre uno y el otro, lo cual me es angustiante. Y es que olvidé la forma de comunicarme con los demás y me inquieta saber que pronto esto será para mí, otro olvido.

De la cita con Leonor qué puedo decir, sino que, el día que quedamos, ese mismo día me dijo que no podía salir conmigo y ahí terminó todo. A ella la seguí viendo, pero nunca más la volví a invitar. Las oportunidades son eso y una puerta que se cierra abre otra y un hecho, por ínfimo que parezca, puede variar los acontecimientos futuros, en alguna parte leí que sí la nariz de Cleopatra hubiera sido más corta, la historia del mundo sería distinta.

Las historias se construyen con hechos que, concatenados despliegan un sinfín de momentos, pudiendo ser falseados por quien los describe. No obstante, si un hecho sufre alteración, por mínima que parezca, cambia totalmente el rumbo de los acontecimientos. Estando en ese estado de reflexión me pregunto, ¿habré inventado lo ocurrido con Leonor?, ¿Será que ella es producto de mi imaginación? En soledad solemos hablar con nosotros mismos y no solo eso, elucubrar toda una serie de historias para no estar solos.

Poco a poco se me ha olvidado quién soy, de dónde vengo. Quizás por eso deambulo por las calles. Camino y camino para recordar, que en algún lugar encontraré lo que busco y daré respuesta a mis preguntas. Somos seres históricos que acumulan experiencias, si perdemos nuestros recuerdos dejamos de ser lo que éramos, si borramos nuestra historia puede que encontremos otra realidad y ya no seamos los mismos. Buscando quién soy y qué hago en este mundo camino sin cesar, sin embargo, en las noches me entra miedo y por una rendija penetro al lugar donde me siento seguro, ahí no seré molestado…

Salió un día y ya no volvió más, no supimos de él y de eso ya han pasado varios años. Lo buscamos por todas partes, fuimos a los hospitales, a las cárceles, varias veces llegamos a reconocer cadáveres a la morgue y nada, se esfumó. Desde el día en que desapareció, mi mamá ya no fue la misma, la incertidumbre de lo que le pudo pasar a su hijo la cambió por completo. La sonrisa que antes la caracterizaba desapareció y en su lugar, la tristeza se instaló en sus ojos. Con frecuencia la vemos entrar en su cuarto, es como si quisiera que, con volver a ver las pertenencias de Joaquín, al tocarlas, por un acto de intuición se le revelara en dónde se encuentra. Libros, discos, pequeños objetos dispersos en la cama, igual como el día en que salió de la casa y ya no regresó.

13.1 mil millones de años luz es una cifra que abruma, el solo imaginar la distancia que eso conlleva puede dar lugar a perder la cabeza. La lucidez, la sensatez en el ser humano falla por algún motivo, siempre he pensado que nuestro cerebro reacciona a estímulos externos y hay algunos que le pueden causar un gran daño.

Tratar de resolver paradojas, por ejemplo, me imagino que, en el pasado, cuando algunas de estas fueron propuestas, causaron un gran impacto, recuerdo que algún filosofo murió obsesionado al tratar de resolverlas. Pensar en la paradoja del mentiroso, buscar su solución debió haber sido algo tremendo. A propósito, si un hombre confiesa que miente. ¿Dice verdad o dice mentira?… Lo cual le valió a Tarski plantear su teoría semántica de la verdad.

Encerrado en su cuarto, a Joaquín le gustaba escuchar su música, esta vez se decidió por un disco de Klaus Schulze, Blackdance, con esa música viajaba, se olvidaba del mundo, absorto en los acordes se perdió en las notas de Voices of Syn, y ya no pudo encontrar el camino de retorno.

Presentación

Hemos querido ponernos filósofos en esta edición, pero no de la manera habitual, sino por la vía literaria.  Por fortuna contamos entre nuestros colaboradores con Jairo Alarcón Rodas, profesor universitario de filosofía, quien maneja con solvencia ambos géneros (el literario y el filosófico) para presentarnos un texto que sin duda no lo dejará indiferente.  Y aunque su propuesta es de contenido variado, las ideas se encuentran interconectadas por la preocupación del olvido.

Al reflexionar Alarcón Rodas sobre el significado del recuerdo, subraya su función en el contexto de la propia identidad.  Y explica, asimismo, la historicidad que nos hace vivir situados en un contexto particular.  Todo ello nos conforma y hace que el olvido sea una especie de tragedia existencial cuyo reconocimiento es capital en la reflexión filosófica.

El articulista quizá lo resuma en el siguiente pasaje:

“Poco a poco se me ha olvidado quién soy, de dónde vengo. Quizás por eso deambulo por las calles. Camino y camino para recordar, que en algún lugar encontraré lo que busco y daré respuesta a mis preguntas. Somos seres históricos que acumulan experiencias, si perdemos nuestros recuerdos dejamos de ser lo que éramos, si borramos nuestra historia puede que encontremos otra realidad y ya no seamos los mismos. Buscando quién soy y qué hago en este mundo camino sin cesar, sin embargo, en las noches me entra miedo y por una rendija penetro al lugar donde me siento seguro, ahí no seré molestado…”.

En otro texto, ofrecemos a usted la reflexión de Santos Alfredo García Domingo.  El educador escribe sobre “la pedagogía del error”.  Insiste en que la tarea del educador es renovarse constantemente, pero, sobre todo, aprender de la propia experiencia.  Ser audaz en su misión de formar a los estudiantes a través de técnicas novedosas en la que no falte mucha dosis de humildad para reconocer las propias faltas.

Recomendamos a usted los demás contenidos ofrecidos en nuestro Suplemento y le deseamos, asimismo, un descanso reparador de Semana Santa.  Esperamos saludarlo próximamente, cuando también nosotros vengamos con recobradas energías.  Saludos.