El migrante cobrizo

Si en algo tienen razón los fiscales de 22 estados norteamericanos que cuestionan la política migratoria del presidente Trump, es en señalar su carácter discriminatorio porque se está dirigiendo exclusivamente a los migrantes de piel cobriza, es decir, a los que tratan de buscar refugio en Estados Unidos huyendo de las desgracias que les toca vivir en sus países latinoamericanos. No es una política dirigida en contra de los inmigrantes en general, sino dirigida expresamente en contra de los guatemaltecos, hondureños y salvadoreños que conforman ahora el mayor flujo migratorio.

Al inicio de la gestión de Trump el sesgo era de carácter religioso porque las prohibiciones fueron dirigidas en contra de los musulmanes señalados, todos ellos, de terroristas y por lo tanto un riesgo para Estados Unidos. Las Cortes frenaron esas decisiones ejecutivas dictadas con fundamento racista. Pero ya desde la campaña el mismo Trump se encargó de etiquetar a los migrantes hispanos como criminales, (traficantes, violadores y asesinos), creando un estereotipo que se ha ido propagando en muchos lugares en donde se mira y trata a los inmigrantes de piel cobriza con desprecio porque se les ve como una amenaza a la grandeza de un país predominantemente blanco y protestante.

Creemos firmemente en el derecho de los estados a regular la migración, pero nos parece inadecuado e inhumano que esas regulaciones tengan como fundamento la discriminación en contra de algunas personas por su condición racial, religiosa o cultural. Estados Unidos es un inmenso crisol en el que se han fundido distintas razas, religiones y culturas para convertir a esa nación en la mayor potencia mundial y la inmensa mayoría de la población ha inmigrado desde algún otro país. Y en su inmensa mayoría esos migrantes han sido personas que llegan en busca de oportunidades que no encuentran en su lugar de origen. En otras palabras, quienes emigran hacia Estados Unidos lo hacen impulsados muchas veces por su pobreza y por el deseo de superación que se vislumbra como uno de los efectos del proclamado sueño americano.

En los últimos años, sin embargo, se ha ido imponiendo una restricción basada única y exclusivamente en el racismo y la discriminación contra esos “criminales”, como se ha estereotipado a la inmigración que llega desde los países de Centroamérica y eso es contrario al espíritu de la Constitución norteamericana, en donde se establece que todos los seres humanos han sido creados iguales y que tienen derechos derivados de ese simple pero contundente hecho, lo que no siempre ha sido respetado en ese gran país.