El efecto Dionisio Gutiérrez

Javier Monterroso

Hace unas semanas un grupo de personas de diversos estratos sociales: empresarios, activistas de derechos humanos, estudiantes, campesinos y profesionales se dieron cita en un hotel capitalino, el objetivo era expresar su apoyo hacia la lucha contra la corrupción que encabezan Iván Velásquez y Thelma Aldana, a la reunión de este variopinto grupo le llamaron Frente Contra la Corrupción. Sin embargo, el evento pasó a segundo plano por la presencia dentro del mismo de uno de los empresarios más polémicos del país: Dionisio Gutiérrez Mayorga, uno de los propietarios de la Corporación Multi Inversiones, el holding de empresas más grande de Centroamérica, entre las que se encuentra el popular restaurante Pollo Campero, la industria Molinos Modernos, la empresa de embutidos Toledo y varias hidroeléctricas, entre otras.

Pero la presencia de Gutiérrez no fue polémica por su calidad de empresario, sino por su participación política y social, en primer lugar por conducir y producir durante muchos años el programa Libre Encuentro, desde el cual se cuestionaban o apoyaban gobiernos de turno, según fueran más o menos afines al conductor, por ejemplo, desde esa palestra se lanzaron fuertes ataques contra el gobierno de Alfonso Portillo, pero también se hacía una defensa oficiosa del gobierno de Oscar Berger. Pero sin duda lo que causó mayor cuestionamiento sobre su participación en un evento contra la corrupción y a favor de la lucha contra la impunidad, son los rumores sobre su apoyo tanto a nivel personal como empresarial a varios gobiernos y políticos, pues además del apoyo a Berger se dice en círculos políticos que durante muchos años apoyó a Otto Pérez Molina, aunque después de que estalló el escándalo de corrupción de La Línea públicamente pidió su renuncia. En los últimos años Gutiérrez ha sido el mecenas de la famosa Escuela de Gobierno, un semillero donde se han formado conocidos activistas de la extrema derecha como Gloria Álvarez, Luis Pedro Álvarez o Rodrigo Arenas, y que pretende ser (hasta ahora sin éxito), un espacio de formación de futuros líderes políticos. Finalmente, también se señala a Gutiérrez y a su grupo empresarial de ser grandes evasores fiscales, aunque hasta la fecha no han sido perseguidos o condenados por estas prácticas.

Es por ello que su presencia en el Frente Contra la Corrupción desató fuertes críticas en las redes sociales, especialmente de personas vinculadas a la izquierda política y social, incluso con algunos que apoyan de forma decidida la lucha contra la corrupción, y de acuerdo a lo que me han comentado algunos de los que participaron en el Frente, la presencia de Gutiérrez en el mismo es una verdadera prueba de fuego para el grupo, pues varios de los participantes han expresado que la llegada de Dionisio los hace considerar su continuidad en el espacio. Este es el primer efecto Gutiérrez: Nos hace cuestionarnos hasta qué punto puede llegar nuestro pragmatismo y nuestra capacidad de hacer alianzas amplias, nos hace preguntarnos si por el logro de un bien superior, en este caso la lucha contra la corrupción, podemos ser tolerantes hacia los otros que se suman para apoyar esta causa, incluso con aliados, como en este caso, cuestionados por su pasado o ideológicamente contrarios.

Pero el efecto Gutiérrez también ha tenido un lado positivo: una de las principales críticas lanzadas hacia la CICIG ha sido que responde a una agenda de izquierda para tomar el poder, en ese sentido la presencia en el frente de uno de los más conocidos representantes nacionales de la derecha ha servido de mucho para desideologizar la lucha contra la corrupción, y eso me parece un paso importante.