El diálogo del maestro y el estudiante

Alfonso Mata

alfmata@hotmail.com

Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.

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Alfonso Mata

– La tele y los periódicos dicen que los negocios de los de arriba y en medio van mal, estancados; pero yo creo que van bien.

-¿Por qué? profe.

-No hay bochinches, las cosas parecen tranquilas y las luchas políticas y el desasosiego de algunos es pura vitalidad. Igual sucede en los hogares.

-¡Mentiras profe! no se vive satisfecho ni con prosperidad.

-Y entonces ¿por qué crees que estamos cansados y rendidos?

-El riesgo de hacer algo es poco rentable y esforzarse por otros es casi imposible, inútil y poco práctico incluso peligroso, profe-. Cualquier cosa que se quiera hacer nueva, se condena al instante y maestros y padres solo nos dicen: Interesante pero imposible llevarlo a la práctica.

-¡Mijo! no me gusta la organización del Estado ni la forma de hacer gobierno, ni la forma de funcionar de las instituciones, pero no tengo substituto para ellos.

-A mí –responde el estudiante-, no me gusta cómo se hace, invierte y usa el dinero; cómo se educa y se controla la violencia; cómo se legisla y hace justicia. Todo el funcionamiento de instituciones y gente provoca abundantes tragedias y males.

-No veo por dónde va arriar el nuevo gobierno. La señal parece que vendrá de arriba o de otro lugar.

-Hay muchos huevos, pocas agallas y menos gente dispuesta. La fuerza del Estado es más grande, no les llegamos al precio.

-¡Mijo! cuando el dinero fluye de las manos de los poderosos a saciar el hambre de los políticos, que nunca se sacian, la cosa no se puede romper…

-y que la gente se joda y robe…

-¡Así ha sido mijo! y seguirá siendo, solo hay que acostumbrarse.

-Usted dice que es posible cambiar, pero no práctico.

-¡Sí!, la mayoría de gente puede mantener como le parezca su cultura, modo de pensar, hábitos, pero los créditos, el dinero, los limita; son sus tiranos. El dinero sanea a pocos y enferma a muchos. El dinero compra voluntades y a la mayoría no nos permite ir más allá de un deseo de poseer. A ustedes, los estudiantes, la universidad los desarraiga de sus hogares y de sus pueblos. Les muestra un mundo diferente con la promesa de un puesto, un salario y un status: poder y dinero. En los recintos universitarios, el muchacho es libre de vociferar, denunciar, manifestarse, descubrirse él y sus puntos de vista y experimentar la sensación de libertad y aliviar tensiones, aunque a nosotros los padres nos dejan con la carga del pisto. Pero un día, sin previo aviso, están listos para aceptar conformidad, obediencia, fidelidad y muy pocos, por lo que he visto, parecen felices.

-La verdad vivimos en una tira y encoge, somos vasallos, subalternos. Cada momento es lucha de unos contra otros para impedir que nos hundan. Sentenciamos nuestra propia muerte
.
-¡No mijo! nacemos sentenciados. Tarde o temprano chocamos con la sociedad y el Estado y debemos pasarnos la vida jugándoles la vuelta. Eso es lo que tienes que aprender.