El costo del cansancio

No se deben cometer descuidos como las fiestas que se siguen realizando o aglomeraciones tontas como las que día a día se forman frente a la salida de pasajeros en el Aeropuerto La Aurora. Foto La Hora

No sólo en Guatemala sino en muchos lugares del mundo, las restricciones obligadas por el Covid-19 están pasando factura y la gente se siente cansada de todo lo que tiene que ver con el distanciamiento social, emprendiendo un comportamiento que le hace tener más movilidad y más cercanos contactos con otras personas. Las familias se reúnen más frecuentemente y poco a poco se van relajando las precauciones, lo que obviamente tiene un costo. Ayer se nos informó que hay al menos cuatro departamentos que están presentando alza en el número de casos positivos que se detectan pese a la muy baja cantidad de pruebas que se realiza en el país.

La creencia de que disminuyen las probabilidades de contagio es equivocada y no tiene ninguna base sólida. Lo cierto es que el virus, contra quienes dijeron que sería un asunto pasajero, no ha desaparecido y se mantiene activo y hasta mutando, aunque es de reconocer que a diferencia de los primeros días, ahora ya la comunidad médica tiene más idea de cómo tratar a los pacientes y ello reduce la mortalidad.

Por supuesto que no es posible regresar al aislamiento total del principio, pero eso no significa que se cometan descuidos como las fiestas que se siguen realizando o aglomeraciones tontas como las que día a día se forman frente a la salida de pasajeros en el Aeropuerto La Aurora, donde a la hora de llegada de los vuelos es enorme la cantidad de familiares y amigos que están a la espera de que salgan de la terminal sus parientes o clientes.

Nadie puede pasar por alto esa realidad de un cansancio que se presenta después de más de siete meses de un estilo de vida al que no hemos estado acostumbrados y que nos mantiene lejos de amigos y seres queridos. Pero es importante entender que el peligro subsiste y que si bien ahora los hospitales pueden estar menos saturados y mejor preparados, muy rápidamente se pueden volver a llenar y el mayor conocimiento de los médicos y de todos los encargados de tratar a los pacientes va de la mano con una fatiga enorme por lo que ha significado su arriesgado esfuerzo durante todo este tiempo.

Mantener las precauciones es una actitud sensata y que puede mantener a salvo a mucha gente. Y no se trata de sacrificios descomunales, sino simplemente de actuar inteligentemente para no exponerse de forma innecesaria y exponer irresponsablemente a otras personas, algunas de ellas a lo mejor altamente vulnerables. La mascarilla sigue siendo la pieza clave.