El comportamiento humano en el sistema de salud

Alfonso Mata

En el artículo anterior veíamos como la forma de funcionar de nuestro ministerio de salud pública (MSPAS) se ve alterado por las diferentes usos e intereses que actúan sobre los procesos encaminados a la obtención de sus objetivos. La falta de control sobre esas fuerzas que actúan desfavorablemente sobre los procesos del sistema, genera un tiempo de reacción muy lento o mejor dicho se acompaña de un tiempo de reacción muy lento, que no logra el control de las perturbaciones ajenas al sistema. Por ejemplo, se denuncia la compra ilegal o alterada de un medicamento cuando ya sucedió, y eso da lugar a que los sistemas de planificación ejecución y evaluación sean inestables e ineficientes y que esto se alimente continuamente; cuando lo correcto sería que no se produjera la compra indebida o que se diera la alarma a su debido tiempo, de que va a ocurrir. Esa destemporalidad de los sistemas de control y evaluación dentro de los procesos institucionales, es lo que lleva a las catástrofes permanentes del sistema de salud.

Todo sistema administrativo institucional adecuado, dentro de su funcionamiento debe considerar como eje central de activación el comportamiento humano. En una institución, el sistema de comportamiento humano afecta su planificación y organización, fundamentalmente a través de dos cosas: en primer lugar la indiferencia o atención ciudadana ante la salud. Me temo que de conciencia, la mayoría de los ciudadanos no están preocupados de plantearse y solucionar los problemas básicos del sistema de salud y esto a pesar de que posiblemente la mayoría culturalmente ya asimiló aspectos curativos y preventivos, inclinando su preferencia al primero. Se dice y se ha constatado qué como seres humanos, de la cultura a la acción dejamos pasar mucho tiempo y en esa toma de decisión actúa un segundo factor: El rechazo al cambio. El ser humano es sumamente refractario a cambiar la imagen del mundo que su cultura proyecta con más intensidad en su corazón y eso a pesar de las adversidades que se le crucen en el camino. En la mayoría de sociedades, está más fijo en su conciencia el manejo del enfermo que el de la enfermedad. De ambos tiene y posee conocimiento y entendimiento asimilado pero eso no significa una respuesta automática de su parte.

Esos dos factores que actúan a nivel social, también actúan dentro del nivel institucional en donde privan miles de intereses alrededor de los objetivos misión y visión institucional muchas veces cubriendo y olvidándose de estos. De tal manera que el ciclo de comportamiento y lo que de él se deriva se rompe.

Por lo tanto, en la apreciación social sobre el actuar institucional siempre hay un marco ideológico que arriba esquematizamos y que enfoca la atención hacia sólo aspectos particulares del funcionamiento institucional sean públicos sean estatales. Por ejemplo, en nuestro país, dentro del campo del sistema sanitario, lo que alarma a la ciudadanía es los daños al sistema hospitalario, de una deficiente atención al enfermo, pero no necesariamente y con mucho menos intensidad, a los daños que tienen los programas preventivos. A eso hay que añadir otro elemento: la mayoría de la ciudadanía no entienden pero tampoco acepta, eso incluye al funcionario al personal de salud, no aceptan el manejo más científico de las instituciones de salud que, entre otras cosas, obligan a meterse a unos y a otros (ciudadanía y a funcionario) a la Norma salubrista y le resulta tanto al funcionario como al ciudadano, por distintas razones y motivos, admitir que existan leyes o normas que rijan su conducta y que hay que cumplir. Se podría decir que la gran mayoría conoce la Norma pero no es unánime en su cumplimiento, de lo que resulta que al individuo o al grupo le es difícil participar de forma eficiente en ello y por consiguiente, los sistemas sanitarios actúan sin eficiencia. El argumento final que utilizan muchas veces los mismos funcionarios en la violación de la norma es hasta infantil. Parten en su argumentación que la organización es única diferente y no puede regirse por patrones tan severos; lo que quiere decir en otras palabras, necesitamos espacio a lo permisible, entendiendo con ello, es buena la norma si permite que sea aplicada, si es permisible a mis intereses: (llegar tarde, faltar sin sanciones, cumplir de manera flexible con el horario, hacer uso indebido de recursos etcétera) y cuando se hace un análisis de cumplimiento de procesos dentro de las instituciones, se topa uno con resultados disparatados pero unánimes. La norma debe ser flexible y no puede ser universal.

No podemos entonces dejar por un lado, que el fallo central de la organización y funcionamiento del sistema de salud se encuentra en gran parte en la falta de cumplimiento y seguimiento de las leyes y normas de los procesos organizados por la institución, para el cumplimiento de sus programas, encontrándose entonces que el funcionamiento de los procesos se ve alterado por falta de cumplimiento previsto debido a la fallas del comportamiento humano. Y de esa cuenta los procesos se conforman con una serie de subprocesos que desequilibran los fines de la institución pero facilitan y satisfacen los del funcionario de forma que primero yo y luego la institución se vuelve central en esos procesos. Así, ni por encantamiento se pueden lograr los fines institucionales ni aproximarse a sus logros.

Finalmente cabe mencionar acá otro elemento de contención en la eficiencia de la organización institucional y que se puede resumir en Liderazgo. Los dirigentes llamados autoridades o al menos la mayoría de estos, infravalora los instrumentos a su alcance y muchas veces más que no conocer su verdadera utilidad en lo que incurren es en un uso indebido de estos consciente o inconscientemente y esto tanto de todos los recursos o algunos a su alcance: humanos, financieros, técnicos, informativos encasillándolos dentro de una planificación y evaluación orientada a satisfacer intereses ajenos a la institución. ¿A qué es debido muchas veces esto? a que las mismas autoridades tienen otros objetivos e intencionalidad en el cargo que ocupan, desvirtuados e incluso contrarios a los institucionales y por consiguiente dejan en segundo plano el uso de todo el instrumental institucional para planificar un mejor sistema sanitario nacional y para orientar el accionar el accionar, para que todo el sistema de salud funcione de manera adecuada a las necesidades sanitarias y con eficiencia.

No podemos ser ajenos a que solucionar ese estado de cosas dentro del sistema de salud, ese sinfín de problemas, requiere de esfuerzo de distinta índole, pero a nuestro criterio, el más importante y grave, reside en nuestra mente condicionada por todas las represiones de la cultura permisible en que nos movemos. Es necesario romper esa enseñanza y esa actuación de nuestra cultura, que nos ha orientado a ejercitar con audacia la conformidad mental, de hacer lo que la costumbre ha establecido y no lo que manda la audacia intelectual y ética, para la resolución de los problemas de salud.