El abandono de la dieta mediterránea podría llevar a una inflamación celular origen de otras enfermedades, según experta

El abandono de la dieta mediterránea puede derivar en una inflamación celular. Foto la hora. Europa Press/ DPA.

MADRID
Agencia dpa / (Europa Press) –

El abandono de la dieta mediterránea puede derivar en una inflamación celular que está en el origen de otras enfermedades como la obesidad, la diabetes, problemas vasculares, determinados tipos de cáncer, el síndrome metabólico, alergias, depresión y ansiedad y de algunas enfermedades neurológicas, porque se alteran los mecanismos hormonales del organismo y se activan ciertos genes, según advierte la dietista y nutricionista Irene Santacruz.

Así, no tomar las cinco raciones de fruta y verdura recomendadas y el consumo excesivo de determinadas grasas saturadas y trans, el desequilibrio entre la ingesta de ácidos grasos Omega 6 y Omega 3, el elevado consumo de carbohidratos refinados, el bajo consumo de polifenoles antiinflamatorios y el desequilibro de la microbiota intestinal pueden desencadenar esta respuesta inflamatoria, que es silenciosa porque es continua y no produce dolor.

En este sentido, según la doctora, “una correcta nutrición antiinflamatoria ayuda a prevenir enfermedades, favorece la claridad mental y el rendimiento, mejora el aspecto físico, activa el metabolismo (menos peso, sensación de saciedad y más energía) y tiene un efecto antienvejecimiento”.

La nutrición antinflamatoria se basa en el control, en cada comida, de los hidratos de carbono, el tipo de grasas y en conseguir el equilibrio de ácidos grasos Omega 3 y Omega 6. Además, debe ser muy rica en verduras, hortalizas y frutas, consumiendo entre 8 y 10 raciones de 100 gramos al día. Se completa con la ingesta de mucha fibra prebiótica dietética, legumbres, frutos secos y con el control de la grasa abdominal.

“Los mediadores que controlan la inflamación en el sistema inmune, conocidos como eicosanoides, provienen bioquímicamente de las grasas de la dieta, los ácidos grasos esenciales”, señala la doctora. “Hay que eliminar las grasas trans de la dieta, controlar el consumo de carne, utilizar aceite de oliva virgen extra, consumir aceitunas, aguacates y frutos secos, y pescado y otros productos del mar, evitando aquellos que ofrecen mayor presencia de contaminantes como pez espada, tiburón, atún rojo y el lucio”, añade. Expresa también que, en cuanto a la leche, “lo mejor es consumir derivados fermentados como los yogures, Kéfir o el queso”.

LAS GRASAS ESENCIALES

La nutricionista también hace hincapié en la ingesta de grasas esenciales para la salud, que se encuentran en los aceites vegetales y grasas animales, frutos secos, cereales y legumbres.

Además de ser una fuente de energía, las grasas tienen un papel fundamental en la composición y funcionalidad de las membranas celulares, participan en la formación de hormonas y vitaminas esenciales de nuestro organismo y desempeñan un papel fundamental en la regulación de las concentraciones de los lípidos sanguíneos y de sus moléculas de transporte, las lipoproteínas.

Por otro lado, diversos estudios científicos indican que los ácidos grasos ‘trans’ procedentes de los aceites vegetales parcialmente hidrogenados incrementan los factores de riesgo y los accidentes cardiovasculares.

Asimismo, el consumo de estas grasas se ha asociado a un aumento del riesgo de muerte por enfermedad coronaria y muerte súbita cardiaca además de un mayor riesgo de que aparezcan componentes del síndrome metabólico o diabetes. Este tipo de grasas se encuentran, principalmente, en alimentos horneados como galletas, bollería industrial, snacks, alimentos precocinados, productos fritos como patatas fritas u otros aperitivos, junto con helados, cremas y batidos.

En esta línea, Santacruz ha querido advertir de que, en la actualidad, no todos los tipos de grasas nocivas aparecen reflejados en las etiquetas de los productos que se consumen.