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La remodelación del Estadio Doroteo Guamuch Flores, antes conocido como Mateo Flores, sirvió para confirmar claramente que el deporte sufrió también el secuestro que las fuerzas oscuras han ido realizando, sistemáticamente, en las instituciones del Estado. Desde hace tiempo, aprovechando la indiferencia ciudadana respecto a lo que se hacía tanto en la Confederación Deportiva Autónoma de Guatemala como en el Comité Olímpico, astutos “dirigentes” se fueron adueñando de posiciones pensando en muchas cosas, no necesariamente el deporte y el progreso de los atletas.

Inicialmente, lo hicieron para aprovechar los numerosos y lujosos viajes, sobre todo en el Comité Olímpico, en lo que parecía algo de modesta corrupción, pero ello abrió las puertas para que muchos pusieran el ojo en los millones que se manejan en la administración deportiva del país y, aprovechando la impunidad generalizada, decidieron entrarle también a ese campo. Así como se prostituyó parte de la academia, se terminó debilitando el deporte desde las más altas esferas.

Y lo que inicialmente parecía simplemente el robo de vueltos, como se dice popularmente, fue creciendo al punto de lo que vimos con el Estadio más importante del país, cuya “remodelación” terminó siendo un escandaloso trinquete. Y esta semana en el Congreso se puso en evidencia que quienes eran directores de la CDAG e hicieron la contratación, se quedaron como “asesores”, ¿Cómo explican esas contrataciones después de la realidad que se ha vivido?

Los chapines nos hemos resignado a entender que salvo casos excepcionales, como el del boxeador Lester Martínez y algunas contadas realidades, es poco lo que podemos lograr a nivel internacional y los éxitos que se dan son más producto de esfuerzos individuales o particulares que fruto de una planificación institucional para elevar la calidad de nuestros atletas. Tenemos enormes talentos que necesitan de una dirigencia más centrada en el beneficio de los atletas que del interés de los dirigentes. Nunca hemos exigido una efectiva rendición de cuentas para que la ciudadanía conozca claramente cómo se maneja el dinero.

El deporte nacional recibe millonarias sumas que debieran usarse no solo para viajes de los dirigentes, sino para elevar la condición de los deportistas nacionales mediante la contratación de eficientes entrenadores y preparadores que eleven la calidad de los atletas.

Pero en un país donde la corrupción es la norma y la indiferencia ciudadana es el principio para cimentar la impunidad, lejos de que las autoridades deportivas hayan promovido mejoras importantes en cuanto a la capacidad competitiva de nuestros atletas y establecimientos para que se ejerciten, el dinero corre la misma suerte de lo que ocurre en otras entidades del sector público, con la diferencia de que la dirigencia del deporte no sufre el desgaste que afecta, aunque sea en baja escala, a la clase política.

Ojalá el nuevo aire que se respira en instituciones como el Ministerio Público sirvan, por lo menos, para que los operadores oscuros pongan la barba en remojo en vez de seguir saqueando inmisericordemente a las instituciones.

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