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El objetivo de entrampar la aprobación de la Ley contra el Lavado de Dinero u Otros Activos y del financiamiento del terrorismo logró su cometido el día de ayer mediante la decisión de realizar una gran cantidad de enmiendas para “clarificar” algo que está absolutamente claro.  Sin el lavado de dinero los que se enriquecen con la corrupción no podrían gozar de las fortunas mal habidas como ahora lo hacen puesto que se expondrían a que, además de ser castigados por el saqueo de los fondos públicos, ellos y sus “achichincles” tendrían que cumplir penas por incurrir en las delictivas prácticas para “limpiar” el dinero sucio.

Está más que claro que se trata de una cuestión que responde a exigencias del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) para que nuestro país pueda salir de esa lista gris que conforman los países que no ponen obstáculos a las prácticas del lavado de dinero y de financiamiento del terrorismo. Todos en Guatemala sabemos que con los altísimos niveles de corrupción existentes en las dependencias del Estado, el lavado de dinero se convierte en una práctica y una necesidad cotidiana, puesto que es la forma en que los contratistas y los que reciben mordidas pueden disponer de los fondos que, de lo contrario, tendrían que permanecer mucho tiempo en maletas como las del ministro Benito, es decir guardados sin poder gastarlos a manos llenas.

La ley fue elaborada técnicamente y se toman en cuenta diversos factores que facilitan esa práctica, razón por la cual ahora se buscan pretextos para entrampar su discusión y aprobación; desde el papel de los notarios que puedan ser parte de la jugada hasta otros argumentos infantiles, promueven reformas que simplemente sirven para entrampar la aprobación de la ley, sabiendo que cada día que pasa es de pura ganancia porque, de lo contrario, se les haría difícil comprar lujosos apartamentos en otros países, casas, carros de elevado precio, joyas e incrementar sus operaciones con la creación de nuevas empresas que también se dedicaran a hacer negocios con el Estado.

Cerrar la llave del lavado de dinero es posiblemente uno de los golpes más duros que puedan darse a la corrupción en un país carcomido por ese crimen como sucede en Guatemala y precisamente por ello es que hay tan denodados esfuerzos de diputados de varias bancadas, muchas de ellas que han sido parte de los negocios, para impedir que se apruebe una ley que los pondría contra la pared.

La realidad confirma plenamente la urgente necesidad de disponer de una ley eficiente y severa contra esa otra forma de crimen.

Redacción La Hora

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