24 de abril del 2024. Miguel Martínez hace una publicación en redes sociales y expresa: “Señor Pedro Pablo Marroquín, te lo dije en el 2020 y te lo digo ahora. Tu «medio de comunicación» es un medio vendido al mejor postor y ahora son unos serviles del actual gobierno. Si tienen ustedes alguna prueba de algo que quieran que el MP me investigue por favor vayan y pongan la denuncia. Pero ya dejen de engañar a la población y querer tapar el sol con un dedo. Es increíble como la portada después de los 100 días de gobierno soy yo?», recriminó al director general de esta Redacción.
4 de abril del 2026. Samuel Pérez expresa: “En la actualidad, el diario parece haberse transformado en una cuenta de redes sociales que, si bien cuenta con reporteros muy profesionales, responde a una línea editorial errática, más cercana al ánimo personal de su director, Pedro Pablo Marroquín, que a una postura consistente de fiscalización de los actores de poder”.
Y traemos esto a colación porque si la pareja de Alejandro Giammattei durante su Gobierno y el verdadero poder tras el trono en esa presidencia señala a nuestro director, si lo hace un diputado exoficialista al que el poder lo llevó a tener alianzas oscuras, si lo dicen las mafias de las medicinas, las mafias que mandan dinero a China y aquellas que operan con el crimen organizado, el patrón deja de ser casual. Es más bien, un síntoma. Un síntoma de que el periodismo que se ejerce en La Hora, que incomoda, está evidenciando realidades que deben ser cambiadas y para lo cual se requieren acuerdos contundentes entre la sociedad.
Han pasado las semanas desde aquellos días de Semana Santa en que publicamos una investigación y un editorial que seguimos sosteniendo, así como la respuesta de Pérez ya mencionada con anterioridad. Pero en el transcurrir de los días, también hemos evidenciado aspectos importantes del “lobby antiembajada”, de cómo quieren dejar fuera de la contienda de Fiscal General a quienes pueden incomodar al poder mafioso, de los negocios que bajo la atenta mirada del Jefe de Jefes hicieron con el aeropuerto de Escuintla, de los Q23 millones que mandaron a China y todo gracias al Consuelo y las Porras que tiene desde el Ministerio Público (MP) pues a la corrupción de ciertos actores se les cubre de forma burda y descarada mediante un Ángel y su equipo.
Respecto a la carta que envió Pérez, respondemos por partes y por cierto, el congresista decidió mandar su carta el sábado de Gloria y La Hora cumplió con lo que manda la ley de emisión del pensamiento, pero eso no le gustó a sus huestes. Si sus asesores abogados conocieran la ley, le hubieran recomendado que mandara la carta el lunes para ser publicada en plazo máximo el martes. Cumplimos con la ley, pero no les gustó.
Aquí la respuesta:
El fraccionamiento. Desde que publicamos el trabajo, se cayeron las máscaras al punto que Pérez criticó al presidente Bernardo Arévalo y éste le contestó de forma clara. En el Congreso, las bancadas Semilla y Raíces se enfrentaron a viva voz y los hechos confirman lo que publicamos.
Pero esto no es nuevo. En el 2024, Samuel Pérez estuvo a punto de irse a estudiar porque muchos entendieron que lo que Pérez tocaba le complicaba la vida al Ejecutivo. El Congresista ya había aceptado irse a una beca de estudios y algo pasó de último momento que Pérez desistió. La falta de mensajes y señales claras, fue aprovechada por Pérez para ser el “operador de facto” del oficialismo y gracias a sus intervenciones y alianzas, entre otras cosas tenemos la Corte Suprema de Justicia (CSJ) cuya Presidenta ahora se pinta de cuerpo entero; al congresista y sus aliados, otros mafiosos les vieron la cara.
Luis Aguirre. El 12 de enero del 2025, publicamos: “Luego de cenas, mezcales y operar cortes, Luis Aguirre critica a Samuel Pérez”. Sería bueno que el congresista envíe a esta redacción la carta con la que le contestó a Aguirre o ¿es que a él no le dijo nada? Después de ser tan pegados y convivir tanto fuera del Congreso ¿Hay algo que tenga Aguirre que le preocupe a Samuel Pérez?
Además, no podemos olvidar la investigación respecto al contrato que obtuvo una sociedad por la que intervino Luis Aguirre y que era por $15 millones de dólares con el Ministerio de Educación. ¿Iba a servir parte de ese dinero para financiar Raíces y por eso también el silencio? ¿Es esa la molestia contra La Hora y su director general?
Pérez, como Martínez, quiere hacer ver que los trabajos que le molestan derivan de quienes él considera sus enemigos políticos. Quienes defendieron a Pérez en redes, señalaron que nuestro director tiene contratos con la Muni de Guatemala, pero hasta la fecha no los han encontrado y la razón es sencilla: no existen.
Sin duda alguna que los personeros de medios tienen comunicación con diversos actores públicos y privados, pero nunca en La Hora hemos realizado investigaciones por encargo para satisfacer a uno y/o afectar a otros y por el contrario, sí hemos visto repetido el patrón de quienes, al verse expuestos, buscan culpar a aquellos que evidencian los hechos.
Pedro Pablo Marroquín es abogado y ejerce la profesión desde antes de asumir la dirección de La Hora. Eso ha sido público, conocido por los accionistas del medio, la audiencia y seguirá ejerciendo la abogacía sin que el medio haya sido o sea un instrumento para su quehacer jurídico.
Pérez deja entrever que lo que viene de lo privado no es bueno o sano. Pérez alguna vez expresó que la Vía Alterna del Sur (VAS) había que expropiarla y esa, simplemente no es la línea de La Hora. No podemos satanizar todo lo público y menos aún, todo lo privado.
A lo largo de muchos años, La Hora ha perdido pautas por sus publicaciones, los diputados fueron tras los edictos con el afán de acabar al medio y sus miembros han perdido relaciones cercanas por publicaciones realizadas. En La Hora lo sabemos desde hace más de un siglo: investigar tiene costos, incomodar genera represalias y decir lo que otros quieren que se calle implica riesgos reales.
A nuestra audiencia le debemos lo mismo de siempre: rigor, independencia y la disposición de dar la cara. Lo demás –las presiones, los ataques y las calumnias– son parte del precio de hacer periodismo cuando más se necesita, con renovado compromiso en esta etapa crucial de la historia del país.








