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La bien coordinada elección de magistrados titulares y suplentes del Tribunal Supremo Electoral por el Congreso de la República se produce mediante una alianza que parecía imposible horas antes, cuando se procedió a designar a quienes en representación del Organismo Legislativo irían a la Corte de Constitucionalidad. En ese momento abundaron los señalamientos de un grupo contra otro, se hicieron señalamientos mutuos de las afinidades con el crimen organizado y se perfiló un Congreso totalmente dividido como resultado de las cosas que se dijeron cada uno de los bandos que en ese momento habían tomado partido.

Ayer, sin embargo, se produjo una sorpresiva alianza que no veíamos desde que se aprobaron los millonarios montos para los famosos Consejos de Desarrollo asignados en el Presupuesto General de la Nación. En aquel momento se sabía que la abrumadora mayoría fue producto de los pactos que hicieron las bancadas -y los diputados individualmente- para repartirse esos recursos que han sido moneda de cambio para alinear diputados en las diferentes legislaturas, situación que se repitió ahora y quienes se señalaban de aliados del narcotráfico, tapaderas de la corrupción o izquierdistas radicales, lograron un entendimiento que parecía impensable.

Unidos de una forma espectacular eligieron a los nuevos magistrados del Tribunal Supremo Electoral que tendrán la responsabilidad de dirigir y supervisar las dos próximas elecciones generales. Uno a uno los designados fueron recibiendo votos de las más controvertidas bancadas en lo que fue, sin duda alguna, un enorme esfuerzo para conformar esa sólida alianza que permitiera la elección sin contratiempos.

El caso es que las alianzas entre las fuerzas políticas, tanto las que se visten con traje de primera comunión como las que sin tapujos trabajan con peligrosos elementos del narcotráfico y el crimen organizado, son ya parte del sistema en Guatemala donde lo único que hace falta es ponerle el precio correcto a cada uno de los votos para que, de una manera que hasta parece milagrosa por la eficiente coordinación que muestran en decisiones como la de una sesión en la que de manera rápida, eficiente y hasta educada, se produce la designación de los magistrados que deberían ser garantía de la efectiva democracia en las dos siguientes elecciones generales.

¿Cuál fue el factor esencial de esta nueva alianza entre los diputados al Congreso de la República? ¿Será que de pronto les vino un extraordinario sentido de responsabilidad para disponer lo que más le conviene al país y que el resultado es esa conformación del TSE?

Si el interés nacional prevaleciera sobre el interés personal y los acuerdos fueran producto de una situación de tal naturaleza, seguramente que hoy podríamos sentirnos confiados por lo ocurrido en el Congreso, pero nadie, absolutamente nadie, es tan ingenuo como para pensar que ello es posible sin que cambien condiciones clave del sistema.

Redacción La Hora

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