Un desmadre es definido en los diccionarios como el efecto de conducirse sin respeto, lo que generalmente genera un caos incontrolable y eso exactamente es lo que ocurre con el tránsito en este país. Las cifras del año 2025 dan cuenta de que en ese período ocurrieron más de 8,800 percances que dejaron más de 2,400 muertos y alrededor de 8,500 personas lesionadas, cifra que nos obliga a entender el enorme riesgo que significa transitar por nuestra red vial, dada la ausencia de controles y los enormes abusos de pilotos que no respetan norma alguna.
Este año ya va acumulándose un buen número de percances de ese tipo y agentes de las policías municipales de tránsito afirman que no pueden actuar contra quienes violan las normas de tránsito en las rutas nacionales pues una reforma legal únicamente permite a la PNC actuar en esas vías. El caso es que en todo el país cada quien puede hacer lo que le da la gana sin tener que asumir responsabilidad por las imprudencias que son el pan de cada día y que causan la casi totalidad de esa pérdida de vidas humanas.
Las víctimas de los accidentes no disponen de mecanismos sencillos para ejercitar sus derechos reclamando tanto a los pilotos como a los empresarios que los contratan (aun sin tener la licencia que se requiere) y eso se traduce en una total y absoluta libertad para que cada quien haga lo que le da la gana, aunque eso se traduzca en matar personas o dejar a otras lesionadas. Es tan seria la situación que hasta la Procuraduría de Derechos Humanos, que no sirve para mucho, hizo una reunión para averiguar qué está ocurriendo aunque, desde luego, no hubo ningún pronunciamiento posterior, no digamos una propuesta clara de lo que se debe hacer para proteger la vida humana.
A muchos de los dueños de buses de transporte público no les importa en absoluto la seguridad de los pasajeros sino simplemente ganar dinero con cada viaje y en ese sentido mientras más rápido se muevan los buses más viajes pueden realizar, aunque ello signifique arriesgar a miles de personas cada día.
Si el tema de las pandillas y las extorsiones es gravísimo, el desmadre vial no se queda muy lejos en cuanto al perjuicio que causa a la ciudadanía y es momento de que se implementen con firmeza medidas de control y que además se creen mecanismos para obligar al resarcimiento de quienes son perjudicados por el comportamiento irresponsable de tantos pilotos y empresarios.
Al paso que vamos, con el aumento del parque vehicular y la indiferencia de las autoridades, este año superaremos por mucho esa ya dramática cifra de más de 2,400 personas muertas por imprudencia de algún piloto.








