Editorial 30122025
Es indispensable legislar de manera que el consumo de cualquier tipo de droga en la conducción de unidades de transporte público debe ser severamente castigado penalmente. Foto La Hora: Francisco Roberto Altán .
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La noticia de que el conductor del bus que se accidentó el pasado fin de semana conducía bajo efectos de metanfetamina viene a ser un verdadero bombazo que explica muy claramente ese comportamiento irresponsable que terminó en una tragedia que cobró 16 vidas y dejó 24 heridos. Pero también debe servir de alerta para la sociedad y las autoridades porque las evidencias que hay en redes sociales sobre la forma en que manejan muchos de los pilotos del servicio extraurbano de pasajeros únicamente se puede explicar por causas como esa. Y es que no es simplemente que alguien maneje de manera negligente, como dijo el Ministerio Público, sino que se trata de acciones que solo se explican por el abuso de productos que causan “efectos de euforia”.

Se ha tratado de enfrentar el sistema y las acciones de quienes lo han tenido controlado durante décadas ha sido brutal y ahora es cuando los actores más comprometidos de la sociedad deben alcanzar acuerdos para lograr cambios profundos que protejan la vida de los usuarios.

Realmente es indispensable legislar de manera que el consumo de cualquier tipo de droga en la conducción de unidades de transporte público debe ser severamente castigado penalmente, porque no es posible que se consigne a un piloto que mató a tanta gente simplemente por los delitos de homicidio y lesiones “culposas”. Sobre ese tema se ha hablado mucho luego del proceso que se siguió por la muerte de la paciente Floridalma Roque, en el consultorio del doctor Kevin Malouf, puesto que el carácter culposo de un crimen desaparece en condiciones como la de que alguien descuartice un cadáver o que cause muertes conduciendo un bus bajo efectos de drogas.

Basta ver en redes sociales muchos videos que hay sobre la forma en que se comportan tantos conductores en las carreteras nacionales para entender que ese comportamiento que parece “eufórico” es en realidad un grave crimen porque exponen la vida de muchas personas. No podemos hacernos de la vista gorda ante el descubrimiento de la condición en la que estaba ese piloto porque viene a abrir muchos ojos de quienes andan en busca de explicaciones sobre por qué es tan inseguro nuestro sistema de transporte.

Bajo efectos de la metanfetamina los pilotos pueden manejar muchas horas y lo hacen bajo la sensación de euforia que les permite viajar a toda velocidad durante muchísimas horas, tema que los convierte también en “empleados rendidores” (hasta que pasa la tragedia) para los dueños de los buses que, obviamente, no se preocupan en absoluto por la seguridad de los pasajeros.

La noticia sobre el consumo de estupefacientes como causa del mortal percance de la semana pasada nos debe abrir los ojos para entender la urgente necesidad de actuar, para establecer firmes regulaciones para el transporte público y en el comportamiento de los agentes encargados de regular el tránsito de vehículos, pues no es posible que quedemos de brazos cruzados cuando se conocen detalles como este.

Redacción La Hora

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