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Las cruciales conformaciones del Tribunal Supremo Electoral y de la Corte de Constitucionalidad encendieron ya los motores de los grupos que desde hace varios períodos han venido operando para copar entidades que son indispensables para mantener el régimen de impunidad y preservar el sistema que facilita la perversión del sistema de compras y contrataciones para el enriquecimiento de funcionarios, contratistas y proveedores debidamente apalabrados. No se puede pasar por alto que en la elección pasada el ciudadano guatemalteco expresó claramente su postura, eligiendo a un candidato que no figuraba entre los favoritos, según las encuestas, pero que parecía ser ajeno a las estructuras que han dominado al país.

Obviamente ahora los mafiosos piensan que deben redoblar los esfuerzos para prevenir otra sorpresa que pudiera plasmarse eligiendo a alguien que no solo sea ajeno a las mafias sino que también tenga un plan concreto y -sobre todo- la determinación de enfrentarlas, razón por la que el tema del Tribunal Supremo Electoral tiene que ser visto detenidamente. No olvidemos que ya en el esfuerzo por revocar la decisión popular de la última elección, la gente del Ministerio Público exploró todas las vías que puedan imaginarse para adulterar resultados electorales y es en tal contexto que ahora vivimos el proceso de postulación para la renovación de la entidad que deberá dirigir la próxima elección, empezando por la inscripción de candidatos.

El tema de la CC es, obviamente, meollo de toda la situación del sistema de justicia porque es en realidad la última instancia para permitir o impedir que puedan ocurrir hechos que apuntan a controlar todo el régimen financiero de las instituciones públicas que, hoy por hoy, están al servicio de intereses espurios que dejan por un lado el bien común así como la inversión en oportunidades y desarrollo humano.

Y en estos días en los que nos entregaremos a los preparativos de las fiestas de Navidad y Fin de Año, mientras la gente está no solo atrapada en el tráfico sino en los temas relacionados con ambas festividades, los que se han propuesto perpetuar el control que tienen sobre la justicia para apañar crímenes que se cometen con el erario público, no van a desperdiciar ni un minuto de su tiempo, pues saben perfectamente lo que está en juego.

Luchar contra esas mafias no es fácil, puesto que ellas se encargaron de crear un sistema que les garantiza esas posiciones de poder a las que no van a renunciar, lo que hace enorme el reto de quienes aspiramos a la construcción de un nuevo orden político y legal que devuelva al Estado sus funciones esenciales. Y estamos frente al caso de que para grandes males se requieren grandes remedios y los mismos únicamente existirán si asumimos compromisos para luchar por la transparencia y legalidad.

Redacción La Hora

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