Edelberto Torres-Rivas y las democracias centroamericanas

Profesor e investigador, Escuela de Historia, Universidad de San Carlos de Guatemala.

Ricardo Sáenz de Tejada

Reconocido como el más importante sociólogo centroamericano, las publicaciones de Edelberto Torres-Rivas (ETR) abarcan más de 25 libros en los que es autor o coautor, 53 capítulos en libros, 25 prólogos o introducciones, 75 artículos académicos e innumerables artículos de prensa.2 ETR escribió acerca de Centroamérica y Guatemala pensando en la estructura y el cambio social; su historia; el Estado; la política; la democracia; la violencia y la coyuntura entre otros asuntos.
En este artículo se busca relevar algunos aportes de ETR a la teoría de la democracia y a su comprensión en Centroamérica. Para esto, se identificaron tres textos que con una perspectiva regional sintetizan las ideas de este autor para interpretar los procesos de democratización. Estos son “La democracia posible” (1987). “¿Qué democracias emergen de una guerra civil? “(2007) y “Las democracias malas de Centroamérica” (2010).

Cada uno de los artículos fueron escritos en momentos sociopolíticos distintos y en estos puede observarse el debate crítico que ETR mantiene con el mainstreem de la Ciencia Política y su sensibilidad para captar en cada momento, los problemas y desafíos de la democracia en la región.

En “La democracia posible” discute el desenlace de la crisis centroamericana, que no dio lugar, con excepción de Nicaragua, a triunfos revolucionarios, pero abrió las posibilidades de construcción de la democracia. Para ETR, la democratización no es necesariamente una inevitabilidad histórica, ni exclusivamente un pacto de élites. Para ETR,

“… la democracia como régimen político o como forma de relación política, sólo aparece como posibilidad cuando hay fuerzas sociales capaces de proponerla como proyecto (en el sentido de voluntad colectiva, elaborada). La naturaleza de la democracia, como posibilidad histórica es, a nuestro juicio, la combinación concreta tanto de un proyecto político que este apoyado en, y expresa intereses de clase, con las condiciones estructurales que señalan el nivel económico y, en general, el estadio de desarrollo de la sociedad.” (Torres-Rivas; 1987:62).

En “¿Qué democracias emergen de una guerra civil? “ ETR analizó la ruta de democratización de cada país centroamericano. En Nicaragua, se asistió al triunfo de la Revolución Sandinista, al amplio proceso organizativo que, en el marco de la guerra fría, provocó una guerra de agresión financiada por los EUA.
La democracia y la derrota electoral fue el precio que los sandinistas pagaron para alcanzar la paz.

En el Salvador, el golpe de octubre de 1979 abrió la posibilidad de que la Junta Cívico Militar pudiera desactivar el inminente inicio de la guerra. Los actores en conflicto se radicalizaron y en enero de 1980 el FMLN lanzó su ofensiva final que iniciaría una década de guerra civil. Tan temprano como 1982 se realizaron elecciones para Asamblea Nacional Constituyente y a partir de 1984 la insurgencia enfrentaría a un gobierno encabezado por el democratacristiano Napoleón Duarte.

En Guatemala, el golpe militar de 1982 se dio a los meses de haber iniciado las campañas militares que llevarían a actos de genocidio contra varios pueblos mayas. La institucionalidad electoral se construyó en medio de masacres y desapariciones forzadas y el presidente Cerezo enfrentó tanto las operaciones guerrilleras como intentos de golpe de Estado. (Torres-Rivas; 2007:500-505).
En los tres países, las elecciones relativamente libres y competitivas precedieron a los procesos de paz, creando una situación llamada por ETR protodemocrática, en tanto era imposible garantizar condiciones plenamente democráticas en medio de guerras civiles, en las que las fuerzas armadas tienen preponderancia sobre cualquier actor civil o político.

En Honduras, utilizada como plataforma para la agresión estadounidense contra Nicaragua, se forzó la democratización y los gobiernos civiles.

Finalmente, en Panamá, la invasión norteamericana de diciembre de 1989 posibilitó la toma de posesión de Guillermo Endara, por cierto, juramentado en la zona del canal, controlada en ese entonces por los EUA.

Así, las elecciones, o la democracia en su dimensión específicamente electoral, fue el resultado de una implantación desde arriba y desde afuera. Los militares no convocaron a elecciones por convicción democrática, sino para hacer impresentable el programa insurgente; y, las insurgencias no privilegiaron la agenda democrática, sino la problemática estructural.

De esa forma, la democracia se implantó sin actores decididos a impulsarla y profundizarla, en Estados militarizados e incapaces de implementar la agenda social y económica correspondiente a la dimensión social de la democratización y, dejando intactos a los poderes fácticos. Los niveles de pobreza, desigualdad y exclusión, apenas cambiaron con la realización de elecciones.

Finalmente, en “las democracias malas de Centroamérica”, ETR problematizó en torno al principal desafío y la contradicción de los regímenes políticos de la región: ¿es posible que la democracia pueda cohabitar con la alta desigualdad social? La persistencia de la desigualdad, crea democracias vulnerables, en las que la corrupción y el clientelismo político se constituyen en elementos centrales del régimen político. La crisis política abierta en Guatemala en 2015, el golpe de estado de 2009 el fraude electoral en Honduras en 2017; y la deriva autoritaria de Nicaragua, confirman la fragilidad de las democracias en la región y la necesidad de una profunda transformación de su institucionalidad.

De la aproximación realizada por ETR, pueden identificarse tres conclusiones que tienen vigencia en la agenda política de hoy

En primer lugar, las posibilidades de construcción de una sociedad democrática. Esta requiere bases materiales y actores. En cuanto a las bases materiales, en condiciones de extrema pobreza y alta desigualdad social, las asimetrías de poder generan distorsiones en la democracia que imposibilitan que los ciudadanos puedan participar de manera decisiva e igualitaria en los problemas y asuntos que les competen. El problema estriba en que, el cambio en la distribución del producto social debe impulsarse desde la esfera política y por medios democráticos, y ahí es donde aparece la segunda carencia: los actores efectivamente comprometidos con la democracia como método y como meta.

La segunda conclusión que se destaca de la revisión de la obra de Torres-Rivas corresponde a los límites de la democracia electoral. La realización sistemática de elecciones no fraudulentas es efectivamente un logro, sin embargo, este es insuficiente si no incluye una vinculación entre las decisiones de los electores y el ejercicio de gobierno. Y en este asunto, paradójicamente lo que se muestra es una distancia entre las necesidades y aspiraciones de los ciudadanos y las decisiones de quienes ejercen cargos públicos.

Finalmente, la tercera conclusión apunta a los principales desafíos de la región. En primer lugar, está la reducción de las desigualdades sociales y económicas. Aunque los gobiernos han colocado como prioridad en sus agendas el “combate a la pobreza y a la extrema pobreza”, en la práctica no se ha cumplido con esta reducción y se evade la problemática de las desigualdades que tiene impacto en todas las dimensiones de la vida social. En segundo lugar, para la reducción de las desigualdades se requiere la construcción de Estados democráticos, lo que implica un diseño y un funcionamiento que exprese la diversidad y complejidad de las sociedades y responda al conjunto de la ciudadanía.

Como en la década de 1980, hoy asistimos a una nueva crisis centroamericana en la que se vive una emergencia social – una de cuyas expresiones son las caravanas de migrantes que parten de los países del norte de la región – y una amenaza real e inminente a la democracia y a los derechos civiles y políticos. El legado de Edelberto Torres – Rivas, nos da pistas e ideas para enfrentar estos desafíos, bajo el entendido que solo un proyecto político que exprese la pluralidad de fuerzas y actores sociales puede contribuir a construir sociedades democráticas y con justicia social.

 

Referencias

Torres-Rivas, Edelberto
1987 Centroamérica: la democracia posible.
San José: FLACSO y EDUCA.
2007 “¿Qué democracias emergen de una guerra civil?”
En: La democracia en América Latina, un barco a la deriva. (Ansaldi, Waldo director). Buenos Aires: Editorial Fondo de Cultura Económica. Pág.491- 527.
2010 “Las democracias malas de Centroamérica. Para entender lo de Honduras, una introducción a Centroamérica.” En: Nueva Sociedad 226, pág. 52-66.

 

PRESENTACIÓN

La región centroamericana ha transitado la historia de manera convulsa.  Lo suyo es de carácter adolescente sin que jamás haya alcanzado la madurez, más bien al contrario, pareciera condenada a dar pasos atrás y repetir cual Sísifo un castigo de inexplicable.  Así, experimentamos constantes Déjà-vus en lugares en donde creíamos haber estado antes.
En esta edición, el intelectual Ricardo Sáenz de Tejada, antropólogo y doctor en Ciencias Sociales, nos ayuda a entender las vicisitudes de la vida política centroamericana, a través de las claves interpretativas de algunas de las principales obras de Edelberto Torres-Rivas.  El autor, al tiempo que identifica las intuiciones de Torres-Rivas, rinde homenaje al pensador guatemalteco de reciente fallecimiento.

Según Sáenz de Tejada, la reflexión es de actualidad.  “Como en la década de 1980, hoy asistimos a una nueva crisis centroamericana en la que se vive una emergencia social – una de cuyas expresiones son las caravanas de migrantes que parten de los países del norte de la región – y una amenaza real e inminente a la democracia y a los derechos civiles y políticos.  El legado de Edelberto Torres – Rivas, nos da pistas e ideas para enfrentar estos desafíos, bajo el entendido que solo un proyecto político que exprese la pluralidad de fuerzas y actores sociales puede contribuir a construir sociedades democráticas y con justicia social”.

El Suplemento Cultural presenta con el texto anterior, la revisión crítica de la obra de Cronwell Jara, titulada, “Montacerdos”.  Jorge Antonio Ortega Gaytán, devela el valor literario del libro, destacando la originalidad del escritor peruano.  Más allá de lo estético, dice Ortega Gaytán, la novela o cuento largo, dibuja el drama latinoamericano de comunidades sumidas en la marginalidad, pobreza y exclusión generalizada.

Lo invitamos a leer la edición completa para deleite y reflexión crítica.  No pase por alto las creaciones literarias de Víctor Muñoz y Juan Fernando Girón Solares.  Tampoco ignore los textos de Miguel Flores y Santos Alfredo García Domingo.  En conjunto, cada propuesta comporta una visión particular cuyo examen es de provecho para los lectores.  Feliz lectura. Hasta la próxima.