Dulce canto del cisne en “How to Train Your Dragon 3”

Por JAKE COYLE
Agencia AP

Nacida en la tierra del 3D, “How to Train Your Dragon 3” (“Cómo entrenar a tu dragón 3”) nunca ha ignorado realmente el insípido lustre empresario que la acompaña desde el principio. Pero casi una década después de que tomó vuelo en 2010, estas cintas han compensado la falta de fuego con suficiente sinceridad y sentido de maravilla como para sostener una apacible pero conmovedora trilogía.

“How to Train Your Dragon 3: The Hidden World” (“Cómo entrenar a tu dragón 3: el Mundo Oculto”), lleva a la franquicia a su final con un capítulo afectuoso que continúa las aventuras del niño convertido en jefe vikingo Hiccup (Hipo) y su fiel dragón Toothless (Chimuelo), un dragón negro elegante del tipo “furia nocturna”.

En “The Hidden World”, la utopía que Hiccup ha creado en la isla de Berk, donde los vikingos una vez temían y luchaban contra los dragones, se ve amenazada por un ruin cazador de dragones llamado Grimmel, cuya sonrisa recuerda a un vampiro con políticas de coexistencia violentamente retrógradas.

Ante el ataque a Berk, Hiccup llama a los vikingos a desplazarse y huir a un reino mítico desconocido, el Mundo Oculto, donde los dragones pueden vivir a salvo lejos de los humanos. La reacción se siente exagerada. Así de terrorífico como es Grimmel, es un villano solitario y bobalicón, y además el valor de bienes raíces en los mundos ocultos es notoriamente imprevisible.

Escrita y dirigida por el veterano de la serie Dean DeBlois, puede que “The Hidden World” no brille por ser necesaria; es un relato que carece de los riesgos de las entregas previas, que lidiaron significativamente con los padres de Hiccup el descubrimiento de uno y la muerte del otro. Pero los mil millones de dólares que recaudaron juntas las dos primeras películas en taquilla bastaron para impulsar la franquicia y llevar “How to Train Your Dragon 3” de vuelta a la acción cinco años después (tras la venta de DreamWorks a Universal).

“The Hidden World” tiene dos partes convincentes que la validan. La primera es la escena del cortejo entre Toothless y otro dragón furia nocturna blanco (presumiblemente una hembra) que aparece a la vez que Grimmel. Ambos se precipitan y embelesan por el cielo, volando bajo la luz como una versión de “La La Land” con dragones.

La segunda es la fantástica coda del filme, que salta años adelante y agrega una dimensión más amplia, nostálgica y adulta a lo que siempre ha sido, en el fondo, una historia de un niño y su mascota.

“How To Train You Dragon 3” ha hecho muchas cosas bien a lo largo del camino. Trajo al gran director de cinematografía Roger Deakins para avivar su rica atmósfera nórdica. (Deakins es acreditado como consultor visual en “The Hidden World”). Y la serie merece crédito también por construir una historia — adaptada de los libros de Cressida Cowell — en torno a dos protagonistas sin trabas (Hiccup y Toothless) con extremidades prostéticas.

Sin recurrir mucho a los personajes secundarios, “How To Train Your Dragon 3” siempre se ha fundamentado en el dúo central y la meritoria lección de que los animales, aun aquellos que escupen fuego, no son nuestros enemigos a menos que nosotros los convirtamos en ello.

“How to Train Your Dragon 3: The Hidden World”, un estreno de Universal Pictures, tiene una clasificación PG (que sugiere cierta orientación de los padres) de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, según sus siglas en inglés) por acción de aventura y algunos chistes ligeramente groseros. Duración: 104 minutos. Dos estrellas y media de cuatro.