Dos recuentos

Hoy iniciará el Tribunal Supremo Electoral el recuento de los votos de las elecciones del pasado domingo que están, por ahora, en una especie de limbo luego de que salieron a luz lo que las autoridades del TSE califican como errores en el cómputo de las tabulaciones de las mesas de votación. Es importante que ese recuento se produzca con eficiencia y celeridad porque es mucho lo que depende de ello. Pero también urge hacer un recuento de los daños que la incapacidad del Tribunal ha provocado a todo el proceso, especialmente por la pérdida de confianza de la población en su actuación a lo largo de todo este accidentado proceso.

Porque tal y como están las cosas no hay certeza de que la ciudadanía acepte como buenos los nuevos resultados que se presentan tras el recuento, sobre todo tomando en cuenta lo ocurrido el sábado cuando los encargados del área de informática se lucieron ante los fiscales demostrando su crasa incapacidad. El pleno de magistrados del Tribunal Supremo Electoral debe asumir sus graves responsabilidades, si es que se quiere que la población vuelva a tener confianza en esa instancia responsable del manejo y control de todo lo que se relaciona con el ejercicio de la democracia en el país.

Cuando se pensó en un Tribunal autónomo en el Consejo de Estado de Ríos Montt, propuesta aceptada posteriormente por los constituyentes, se dispuso crear una Comisión de Postulación que hiciera a la academia responsable de la selección de los más probos y prestigiosos aspirantes. Con el tiempo se demostró que esa buena idea tuvo pésimo resultado porque finalmente se prostituyó a la academia, haciendo que las mafias se hicieran espacio creando universidades o controlando algunas de las existentes. Hoy en día sabemos que las postulaciones no tienen nada que ver con capacidad y prestigio sino con componendas bajo la mesa entre esos mafiosos y los políticos que buscan poder e impunidad.

Y así como en las Cortes cada vez es mayor el control de los pícaros, también en el TSE se nota la picada que se refleja en el que actualmente tenemos y que, sin necesidad de que alguien le hiciera labor de zapa, se encargó de acabar con una tradición de prestigio. Por ello decimos que es necesario un recuento de daños causados a la institución por la actuación parcial de quienes manosearon candidaturas y usaron distintos raseros para inscribirlas o negarlas y para cancelar a los partidos vinculados con el financiamiento electoral ilícito que ha destruido nuestra aspiración a la democracia.