De vuelta a la escuela, pero no a la misma de antes

Jorge Raymundo

Nací un 3 Ajaw (Ajpú) vecino de 2 kawoq y 4 Imox. Soy ciudadano guatemalteco maya Q’anjob’al. Soy lingüista con un M. A. en Educación Intercultural Bilingüe. Amo la educación, pero una educación para la libertad, no para la domesticación. No tolero la discriminación, el racismo, la exclusión porque he sido víctima.

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Jorge Raymundo

Este es el título del documento que recientemente fue entregado oficialmente a la Ministra de Educación, para que si lo considera pertinente, tome en cuenta las ideas que se exponen en el documento, para un regreso ordenado, seguro y provechoso de los niños, niñas y jóvenes a la escuela. Este documento fue compartido por la Mesa Interinstitucional de Innovación Educativa, con la Gran Campaña Nacional por la Educación, como una contribución ciudadana en apoyo a los esfuerzos que está haciendo el Ministerio de Educación por retomar la educación desde la presencialidad y desde la distancia.

El título del documento sugiere varias ideas, entre ellas la aspiración de muchos educadores, entre los que nos contamos los miembros de la mesa que frecuentemente discutimos y reflexionamos en torno a temas educativos en Guatemala. Para empezar, se puede pensar en la escuela como aquel espacio físico donde se reúnen docentes y estudiantes, niños, niñas y jóvenes para aprender cosas que lo vayan formando para resolver problemas de la vida cotidiana, mejorar su nivel de vida y transformar la realidad donde vive. En este sentido, se puede pensar en la infraestructura física que alberga durante un ciclo escolar, a un grupo de personas con muchos deseos de aprender, incluyendo por supuesto el mismo maestro que dirige este aprendizaje.

Cómo quisiéramos que durante estos casi tres meses de suspensión de clases, los edificios escolares hubiesen sido remodelados, pintados, reparados en todo aquello que antes de esta emblemática fecha 16 de marzo, adolecían en su aspecto físico. Edificios escolares en donde en época lluviosa no fueran goteras, donde los niños y niñas no se sentaran en bloques de cemento para intentar tomar el lápiz y el cuaderno o que se sentaran en el mismo suelo para realizar sus tareas, como frecuentemente encontramos en las escuelas rurales de Alta Verapaz, Petén, Quiché, Huehuetenango, Chiquimula o San Marcos, por mencionar algunos de los departamentos más lejanos de la urbe capitalina.

La propuesta no tiene la intención más allá de ofrecer algunas ideas como contribución a ese retorno deseable que todos aspiramos. De ninguna manera para descalificar lo que el Ministerio está haciendo ni mucho menos de sustituir su rol como ene rector de la educación en el país. Si alguna idea de lo aquí expresado en este documento hace suya la autoridad educativa de nuestro país, nos sentiremos más que satisfechos de esta pequeña contribución.

Otra idea de escuela que sugiere el título de este documento, es la escuela no como lugar físico, sino como el lugar donde se construye conocimiento, pensamiento y nuevas ideas, que no necesariamente sea un edificio o una infraestructura física, sino un espacio de encuentro espiritual, emocional, intelectual, que puede ser bajo un árbol, pero en fin la escuela donde se aprende también. Sobre este otro significado de escuela, debemos de profundizar, para cuestionarnos qué y cómo debemos de aprender en esta nueva era, después de la COVID-19 en esta Guatemala del futuro.