Cuidarse es un derecho y una obligación

Gladys Monterroso

licgla@yahoo.es

Abogada y Notaria, Magister en Ciencias Económicas, Catedrática de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Diploma otorgado por la Corte de Constitucionalidad en 2005, como una de las Ocho Abogadas Distinguidas en Guatemala, única vez que se dio ese reconocimiento, conferencista invitada en varias universidades de Estados Unidos. Publicación de 8 ediciones del libro Fundamentos Financieros, y 7 del libro Fundamentos Tributarios. Catedrática durante tres años en la Maestría de Derecho Tributario y Asesora de Tesis en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

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Gladys Monterroso

“En la incertidumbre, y no en la certeza, es donde renacemos.” Alejandro Lanús

La pandemia ocasionada por el Covid-19, ha venido para quedarse, por el momento no se visualiza vacuna alguna, derivado de que al ser una enfermedad viral de reciente propagación, no existe determinado un patrón de comportamiento, hay hipótesis diversas sobre el origen y evolución de la misma, sin embargo falta mucho por recorrer, por lo que debemos tratar de evadirla hasta donde sea posible, mientras nos fortalecemos como individuos.

En este contexto, lo que nos corresponde es actuar con la mayor responsabilidad, tomando en cuenta las precauciones necesarias, derivado de que no sabemos cómo afrontar la misma, porque, no a todos nos puede impactar de la misma forma, un ejemplo recién vivido, y que me da la perspectiva, de que estamos en pañales en relación a la forma en que nos puede cambiar la vida, es el fallecimiento de queridos amigos, como muertes que emocionalmente y psicológicamente nos hacen tambalear y hacernos preguntas existenciales.

Dentro del laberinto en que nos ha colocado esta enfermedad, hemos podido vivir de cerca su evolución en toda una familia, lo que nos hace plantearnos la incertidumbre que rodea a la misma, veamos una familia de cinco personas, tradicional, papá, mamá y tres hijos, se infectaron, al hacerse las pruebas, tanto los padres como dos hijos tenían el virus, una de las hijas adolecente no dio resultado positivo, al estar todos contaminados, la protegieron a ella, y los demás se prepararon para el desarrollo del virus.

De los cinco, el padre fue la persona que llegó al fondo del abismo que significa el desarrollo del virus, siendo fuerte física y mentalmente lo superó el contagio, y fue de los cinco el que recibió el embate en toda su magnitud de la enfermedad, toda la familia en cuarentena, recibiendo los insumos que les proporcionó el médico, sin embargo de los cinco, la jovencita no sufrió ni el contagio, menos los síntomas, pero si sufrió al igual que los hermanos el desarrollo del virus en su padre.

El único de los cinco que padeció el desarrollo de la infección, quien gracias a su férrea voluntad y a la gestión del médico de la enfermedad, ha logrado poco a poco vencerla, eso no significa que su cuerpo no haya sufrido la angustia que trae aparejada el dejar de sentir que el aire circula por el cuerpo, el dejar de respirar, y sentir que se puede escapar la vida, es una lucha contra la parca, que, de dejar de luchar una hora, es el final del paso por la vida del ser humano.

Habiendo vivido de cerca semejante experiencia, lo único que nos queda como lección de vida, es que la enfermedad existe, que puede ser mortal, aunque no en todos los casos, eso no significa que quienes la padecen más ligeramente no sufran al observar de cerca la angustia de un ser querido.

Las secuelas pueden ser inmedibles para la familia en general, el hecho de no sufrir en carne propia los estragos del dolor con el avance del virus, no significa que no se sufra con la sola posibilidad de perder a un ser querido, en el caso en particular, la crisis fue superada, pero la familia como un núcleo sufrió lo indecible, el padre por la gravedad del padecimiento, la madre porque aún enferma atendió a su familia, y los hijos que a pesar de padecer la enfermedad, al no sentirla con la misma intensidad, fueron más conscientes del sufrimiento ajeno, lo peor la impotencia de no poder hacer nada, más que creer en un ser supremo, en la eficiencia del médico tratante, y en la fuerza del padre.

La lección de vida para los que no estuvimos presentes, es que la enfermedad puede ser grave o leve, lo único seguro es que es incierta, y ante esa incertidumbre, ¿Quién querría ser el responsable de que un ser amado pueda no superar un virus que aún es desconocido? Nadie que tenga conciencia de familia.

Por eso hoy más que nunca, puedo decir, cuidémonos ante esta situación incierta en relación a su grado de ataque hacia cada ser humano, lo único seguro es que existe, y que no a todos nos ataca por igual, ¿Por qué? Nadie lo sabe, pero mientras los científicos lo descubren, lo que nos queda es protegernos por el amor a la familia, amigos y seres queridos.

licgla@yahoo.es

Diario La Hora
Visión: Realizar un trabajo periodístico que contribuya a la consolidación de la democracia en Guatemala, a partir del periodismo investigativo y de opinión.Misión: Ser un medio de comunicación imparcial, veraz y responsable, dirigido a líderes de opinión con incidencia en los círculos de pensamiento y en el ámbito político guatemalteco.
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