RESEÑA

Cuestión de tiempo, de Adolfo Mazariegos

Una novela corta por medio de la cual el autor logra pintar una superficie en cuyo fondo se vislumbra una realidad honda, oscura, y tristemente cotidiana.

Rosa María Álvarez
Escritora

Con un lenguaje sencillo, a veces coloquial, el autor describe a la ciudad que es el escenario donde transcurre la acción, pero al mismo tiempo es parte del perfil de los personajes.

La narración realizada por una voz anónima y algunos diálogos, llevan al lector por el laberinto de la trama que, a la vez, retrata los motivos que hacen que cada personaje tenga un papel protagónico en el drama que, en un tiempo cronológico corto, se abatió sobre una familia. Parte del misterio es la llegada de varias notas anónimas que llevan a los personajes a reunirse en un sitio tropical donde, a partir de la confrontación y las respuestas a preguntas inquisitivas, todos ocupan su lugar en la escena final.

El final es inesperado, y pareciera no ser realmente un final, porque muchas preguntas quedan aún por responder, en virtud de que detrás del telón, el libro presenta una realidad que va más allá de la ficción relatada. La acción, que va a un ritmo rápido, casi sin respiro, superficialmente parece centrarse en el relato de los hechos históricos y ficticios, pero su objetivo final pareciera ser develar una verdad más humana, más constante, delatando el vicio, la corrupción, las trampas que se esconden dentro del ascenso social de los personajes, el rencor que se esconde detrás de la humillación, la venganza que madura al fondo del servilismo.

Cuestión de tiempo es una novela corta que utiliza un lenguaje fluido y simple, por medio del cual el autor logra pintar una superficie en cuyo fondo se vislumbra una realidad honda, oscura, y tristemente cotidiana.

De contraportada

“La narrativa de Adolfo Mazariegos es algo muy suyo. Le distingue una caligrafía muy realista, pero una finalidad muy fantástica, lo cual le da la virtud de lo inesperado”.

Rogelio Salazar de León (Guatemala).

“De lenguaje sencillo, a veces llevando al lector hacia divagaciones externas a la acción digamos principal. Mazariegos deja al lector en ocasiones con la impresión de precipicio final”.

Alena Collar (Madrid, España).

“Adolfo Mazariegos posee una voz muy particular en su narrativa, sencilla, humana y sincera”.

Susana Arroyo-Furphy (University of Queensland, Australia).