Cuando un buen juez se va

Juan Antonio Mazariegos

jamazar@alegalis.com

Abogado y Notario por la Universidad Rafael Landívar, posee una Maestría en Administración de Empresas (MBA) por la Pontificia Universidad Católica de Chile y un Postgrado en Derecho Penal por la Universidad del Istmo. Ha sido profesor universitario de la Facultad de Derecho de la Universidad Rafael Landívar en donde ha impartido los cursos de Derecho Procesal Civil y Laboratorio de Derecho Procesal Civil. Ha sido y es fundador, accionista, directo y/o representante de diversas empresas mercantiles, así como Mandatario de diversas compañías nacionales y extranjeras. Es Fundador de la firma de Abogados Alegalis, con oficinas en Guatemala y Hong Kong, columnista del Diario La Hora y Maratonista.

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Juan Antonio Mazariegos G.

El día jueves de esta semana recibí con pesar la noticia del fallecimiento de Carlos Aguilar, quien entiendo actualmente ejercía como Magistrado de Sala de Apelaciones en el Departamento de Escuintla. Conocí a Carlos hace más de 30 años, cuando iniciándome como procurador, aprendiendo a empujar los casos de la oficina, visitaba varios días a la semana, el Juzgado Quinto de primera instancia del ramo Civil, en donde él se desempeñaba como oficial. Aún recuerdo con apreció y agradecimiento lo que Carlos me enseño, a nivel profesional, en base a sus múltiples rechazos aprendí como a hacer oficios, despachos y a mejorar mis memoriales, así como aquello que me enseño a nivel humano, como el trato correcto y de respeto con los servidores públicos y lecciones de paciencia y humildad para entender que dentro del sistema judicial, a cada solicitud que yo considerara acertada y apegada a derecho, podría venir una resolución que la acogía o la rechazaba, simplemente por que así era el mundo del derecho, un ejercicio sano de solicitudes fundadas en ley que se respondían con resoluciones con igual fundamento legal, acompañamiento de doctrina y todavía con una discusión final, luego de dictada la resolución, en donde abiertamente se discutía el por que si o por que no, con la ansiedad de los disertantes a esperar la resolución de la Sala que daría la razón a quien la tuviera.

Carlos fue un excelente ejemplo de las bondades de que un Abogado se desarrolle dentro de la carrera judicial, ascendió por todos los cargos del sistema de Justicia, oficial, juez y magistrado de sala, aunque el sistema no hizo honor a su nombre, no le hizo justicia y no alcanzó una magistratura en la Corte Suprema, quizás por que para llegar allí no hace falta una carrera judicial o un desempeño intachable, si no el empujón de algún interesado y creo que Carlos estaba simplemente demasiado ocupado en atender su trabajo, como para atender intereses de terceros.

Deben haber transcurrido más de 15 de años desde la última vez que lo vi y tuve la oportunidad de saludarlo, la vida profesional de cada uno discurrió por caminos diferentes, supe por la prensa que fue electo Presidente de la Asociación de Jueces y Magistrados, lo cual refleja el respeto, la confianza y el apreció que sus pares le dispensaron. Tendemos mucho a generalizar y a criticar sin excepción al sistema de justicia, es más fácil para todos hablar de corrupción generalizada. No reparamos en pensar que como en todos lados, allí también hay personas buenas y personas malas, personas correctas y personas incorrectas. No tuve la oportunidad profesional de conocer a Carlos ejerciendo como Juez o Magistrado, estoy seguro de que la imparcialidad, la integridad y el conocimiento de la ley solo se acentuaron en él a lo largo de los años. Cuando un buen Juez se va la justicia se detiene un poco, está en los demás que lo conocimos, interactuamos y aprendimos de él, buscar que solo sea para despedirse y continuar su camino. QEPD.