Cuál es la realidad del COVID-19

Covid-19 en Guatemala. Foto la hora. Ap

Alfonso Mata

Me pregunto ¿por qué el Estado es incapaz de informar bien lo que está sucediendo siendo tan fácil? Hay varios acontecimientos sobre y alrededor de la COVID-19, que nos pueden orientar al respecto tanto a la población como a los profesionales y de los cuales no se presenta un solo análisis.

Básico. En Guatemala la primera pregunta que debe responder el estado es si la circulación viral sigue aumentando. Esto es importante saberlo pues es lo que provoca un marcado deterioro de la situación. ¿Puede o no responder el Estado a eso? pues cualquier medida que tome para contrarrestar el impacto que la COVID-19 esté teniendo en otros sectores sociales y económicos, depende de esa variable.

La segunda situación que importa saber con precisión es sobre el comportamiento de los indicadores para el seguimiento de la epidemia de COVID-19 ¿están aumentando o no? ¿se miden bien ¿qué pasa? A nivel municipal, departamental urbano rural, a nivel hospitalario, visitas a urgencias por sospecha de COVID- 19, nuevas hospitalizaciones así como ingresos en cuidados intensivos. El número de nuevos casos confirmados, así como las tasas de positividad ¿cuál es la gran conclusión al respecto?

Hay otra situación preocupante. Debido a la saturación de la capacidad de diagnóstico de los laboratorios, en un proceso torpemente centralizado, no se puede estandarizar la detección por regiones adecuadamente ¿cómo afecta eso las estadísticas? Y a los aumentos ¿ciertamente están subestimados? Como se comporta la mortalidad en su detección y registro. Por qué el sistema ha sido incapaz de controlar esto. Por qué no hay análisis de subestimación.

Si bien el virus continúa circulando ampliamente en adultos jóvenes, el aumento de casos entre las personas de 70 años o más, el aumento de informes y grupos así como los primeros aumentos en el número de muertes por COVID-19 son principales señales de advertencia.

A nivel nacional, las nuevas hospitalizaciones, los ingresos en cuidados intensivos por COVID-19 actualmente se mantienen moderados en comparación con el período mayo-julio, pero la intensificación de la propagación del virus entre las personas mayores, genera temores para llegar a las hospitalizaciones ¿está muriendo gente en sus casas?

Para frenar la progresión del virus SARS-COV-2, se ha señalado a nivel mundial que es importante mantener la estrategia “Prueba-Trazador-Aislamiento”: cada persona que presente síntomas sugestivos de COVID-19 debe realizar una prueba diagnóstica lo antes posible. Esto se está haciendo bien o mal ¿cuál es la realidad al respecto?. Mientras esperan los resultados, las personas deben aislarse y reducir su contacto al mínimo estricto. Sin embargo, la prolongación de las demoras en el diagnóstico (de cuánto es) podría resultar en medidas de rastreo de contactos menos eficientes debido a la demora en la identificación de casos y sus contactos y en la implementación de medidas de aislamiento y cuarentena. Esta es una realidad ¿si o no? Y cuál es su magnitud.

Ante la falta de tratamiento curativo y vacuna, parece fundamental fortalecer las acciones preventivas que incluyen medidas de higiene, distancia física, reducción de contactos (sin abrazos, sin dar la mano), así como el uso adecuado de la máscara. Estas medidas deben ser respetadas por todos, incluidos los más jóvenes. De hecho, si el riesgo de complicación es bajo en niños y adultos jóvenes, contribuyen a la propagación del virus a grupos de edad y poblaciones en riesgo de formas graves, como lo demuestra la evolución de la situación epidemiológica, es evidente que esto se ha descuidado. Que impacto estimado hay sobre esto.

Creemos que la misión de la Coprecovid, estructura paralela al MSPAS en el control de la pandemia, era generar una organización nacional que se adaptara según la evolución de la situación. En esta crisis sanitaria, su papel era poner en marcha el sistema de vigilancia más adecuado, desarrollar herramientas de información y prevención para los profesionales de la salud, la población y los grupos más vulnerables, y liderar la reserva sanitaria para atender las necesidades de los profesionales de la salud en todo el territorio. Nada de eso ha realizado a satisfacción hasta la fecha entonces ¿para qué mantenerla?.

Debido a que la acción del sistema de salud está ante todo al servicio de la población y brindar información continua y transparente, los indicadores producidos para monitorear la evolución de la epidemia de COVID-19 han sido pobres. Pregúntesele a las áreas de salud su interpretación al respecto y primero no existe tal ejercicio y cuando se hace las opiniones son diversas. Una mala estructura y organización de manejo e interpretación de información.

En estos momentos resulta clave y de urgencia nacional, tener un análisis completo y claro no solo de resultados sino metodológicos en cuanto a su confiabilidad y veracidad de:
 Aumento de todos los indicadores para el seguimiento de la epidemia de SARS-CoV-2
 Aumento de casos en las UTI, nuevas hospitalizaciones
 Aumento de las muertes relacionadas con el SARS-CoV-2 en hospitales y todos los lugares posible de que ello esté ocurriendo.
 Corregir la probable subestimación del aumento del número de casos confirmados por saturación de la capacidad diagnóstica en algunas regiones o por una recolección de información errónea e incompleta.
 Determinar con más precisión la circulación del virus en adultos jóvenes, aumento en los mayores de 7o años

La gestión de la epidemia en Guatemala no está dando el giro acorde al comportamiento epidemiológico aunque hay departamentos más afectados por la circulación del virus y están clasificados en zonas de alerta. Las autoridades no están cumpliendo ni parecen estar debidamente autorizados a cumplir con la ley para poder mantener el distanciamiento social y el cumplimiento de medidas sanitarias y mucho menos el MSPAS está capacitado para tener la cobertura de valoración, nuevos casos, defunciones, cifras por comarca, todas las novedades del día.

Es vox populi que La circulación sigue aumentando con fuerza. La tasa de incidencia está en constante aumento. El factor R está por encima de 1, Es necesario, advirtió la Ministro de Salud, la implementación de la vigilancia si se pretende contención. Pero no se hace el esfuerzo debido.

La gente debe tener claro, si observa la evolución de la pandemia, que no existe eso de una segunda “gran ola”. No hay tal amenaza de un hipotético regreso de la pandemia de coronavirus, este nunca se fue ni tampoco podemos tener la ilusión de estar protegidos. El virus en ningún lado ha establecido un comportamiento de estacionalidad sino vea esto. Entre dos de los países más afectados del mundo, Estados Unidos, está en verano y el Brasil, está pasando por el invierno.

Lo que si resulta evidente a estas alturas es que “el gobierno no se ha anticipado lo suficiente en absoluto en el manejo de esta crisis” y que “mintió” sobre el stock de máscaras, pruebas, drogas, equipos. También es importante que organismos ajenos realicen “una retrospectiva relativa para hacer un balance de la forma en que se ha manejado esta epidemia y sus gastos y costos”.

Por supuesto que hay que apostar todo a la recuperación económica, pero no puede ser pensada a costa de la salud y el deterioro de la población económicamente más pobre. Dejemos de mentiras, lo que ha sostenido la economía nacional son los préstamos y donaciones internacionales y las remesas y estas últimas han evitado que el impacto de la pandemia en la salud no sea tan agudo y otra cosa resulta clara: el gobierno ha metido las patas consiente e inconscientemente entre mandatos contradictorios, errores políticos y sobre todo falta de honestidad en el manejo de inversiones y gastos y una sarta de mentiras que han tenido consecuencias en la situación del país.