¿Cruzarnos de brazos?

La Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI) presentó una investigación en la que se logró detectar 22 maletas con más de Q122 millones. Foto: MP

Vaya semanita la que termina. El ataque contra la FECI sigue viento en popa; los tres magistrados “oficialistas” siguen torpedeando el trabajo de la Corte de Constitucionalidad; el Juez Moto consagra como megaobra el libramiento de Chimaltenango; la FECI incauta Q122 millones en una casa de la Antigua Guatemala y alguien publica maliciosamente que lo incautado por la FECI fueron Q500 millones, para que salga Bitkov diciendo que se robaron la diferencia y así poner en bandeja la cabeza de Juan Francisco Sandoval, ayudando a la protegida del medio, Consuelo Porras; un médico contratado por el IGSS manda al diablo a un paciente. Y para cerrar con pequeño broche de oro, un diputado para su carro en plena vía pública y se baja a orinar mientras todo el tráfico se tiene que detener para que el patán termine de mear la llanta de su Mercedes Benz.

Sopapo tras sopapo a la dignidad de un pueblo que a pesar de pagar con su pobreza el precio de la corrupción, no hace nada para detener el saqueo realizado a las claras, con el mayor descaro porque saben que el guatemalteco “ya se acostumbró” y no reaccionará para mostrar su malestar. A lo sumo uno que otro en las redes sociales moverá un dedo para teclear su desahogo para que un par de horas después la “tendencia” desaparezca y todo vuelva a nuestra triste normalidad.

Los políticos saben que pueden llegar hasta donde el pueblo los deje y ya midieron al de Guatemala que no reacciona ni siquiera ante esas insolentes maletas llenas de millones de quetzales. Y es que vieron que con las maletas de la Baldetti, las de Sinibaldi y Baldizón nadie hizo absolutamente nada. En esas condiciones, con tanta indiferencia y pasividad ciudadana, se les está dando carta blanca para que puedan hacer lo que les venga en gana, desde embolsarse la cantidad de pisto que quieran hasta mostrar su soberbia y prepotencia meando en la vía pública con el descaro que ofrece el saber que si para cosas más graves allí está la Corte Suprema de Justicia que protege a diputados como Alejos, ¿quién hará o dirá algo por que un diputado haga sus cochinadas en la calle?

La pasividad e indiferencia tienen un costo. Por ello es que los corruptos ven al pueblo como basura y cínicamente actúan porque saben que ni siquiera es aquello de que la vergüenza pasa pero el pisto queda. Aquí ni vergüenza pasan y se hartan con el pisto de la gente. ¿Hasta cuándo, Guatemala, seguiremos de brazos cruzados?