Control total

Los últimos acontecimientos vienen a demostrar que en términos institucionales quienes trabajan para mantener la impunidad y la corrupción tienen el control absoluto y se han aprovechado de la indiferencia ciudadana que, para colmo, se incrementará en los próximos días por la cercanía de los convivios y las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

El Ejecutivo, controlado por el presidente Morales que es la figura más visible del Pacto por la alta investidura que ostenta, opera única y exclusivamente con ese fin desde por lo menos agosto del año pasado y todas las acciones se ven orientadas al propósito no oculto de acabar con la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala y lo que ha representado a lo largo de su existencia pero, sobre todo, bajo la dirección del comisionado Iván Velásquez. Adalides del Presidente son los ministros de Relaciones Exteriores y Gobernación que cumplen diligentemente con el empeño descrito.

En el Congreso se mantiene la mayoría para aprobar las leyes de impunidad y despenalización de los delitos, además de las acciones en contra de toda persona, natural o jurídica, que les moleste en su empeño. Desde el Presupuesto amañado para fines clientelares y de la corrupción, hasta las diversas leyes aprobadas o proyectadas, todo se centra en el empeño de los diputados por garantizar que a los corruptos no les ocurrirá nada y que los investigadores y quienes los señalan recibirán “su merecido”.

El Organismo Judicial, con todo y que hay unos pocos jueces excepcionales que contra viento y marea siguen tratando de administrar justicia de la manera más coherente y ética posible, es indudable el peso y control que ejercen los operadores oscuros que se han encargado de manosear las postulaciones para tener alfiles importantes y decisivos en lugares clave. No por gusto fue tan abrumador el empeño para aniquilar el proyecto de reformas al Sector Justicia porque se entendía que allí estaba la clave para preservar el más importante de los privilegios existentes en el país que es el de la impunidad para ciertos y determinados personajes.

Y todo ello con el concurso y aporte, silencioso pero muy eficaz, del selecto grupo que ejerce el poder económico en el país y que es el que tras bastidores se encarga de aceitar todas las maquinarias para que nada falle y de mostrar su “desencanto tan enconado” que se traduce en el cerco comercial contra los medios que se mantienen empeñados en luchar contra la corrupción en todas sus manifestaciones para promover un país en el que los recursos sirvan al desarrollo humano.