Contratistas del IGSS

La relación con el IGSS inicia años atrás y se enfoca primero en la edificación de hospitales. Foto La Hora

El Instituto Guatemalteco de Seguridad Social es producto de esa Revolución de Octubre cuyo aniversario se celebra mañana y opera con muchas fallas en la atención a los pacientes, al punto de que se puede decir que estamos mal con el IGSS, pero también que estaríamos mucho peor sin él porque es un doloroso consuelo para miles de trabajadores en casos de enfermedad. La crítica a sus servicios es constante porque en su burocracia algunos sienten que están haciendo un favor al paciente, situación en la que las autoridades debieran trabajar para alcanzar niveles de excelencia.

Hace años empezó un gran negocio con la “tercerización” de servicios que el IGSS “no puede” prestar y para el efecto hace contratos con particulares que son fuente de jugosas utilidades no ajenas a la eterna corrupción porque para ser contratista generalmente hay que untarle la mano a alguien, como es tan común en nuestra esquilmada Guatemala. Y esos contratistas sienten que ellos solo tienen obligación con quienes les dieron el contrato y a los pacientes los tratan con absoluto desprecio mandando al diablo el famoso juramento Hipocrático que algunos confunden con juramentos de hipócritas.

Los videos que han circulado en redes sociales sobre el comportamiento de médicos “especialistas de corazón” a quienes se refieren pacientes del IGSS son patéticos en cuanto a cómo esos galenos ven a los referidos. No son sus pacientes porque ellos no pagan, según se escucha en uno de los videos cuando el médico que la semana pasada alcanzó la fama al tratar violentamente a una persona que reclama con todo el derecho que le da ser afiliado al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (que paga con creces por el servicio).

Si el IGSS tiene que desarrollar un intenso trabajo entre su personal para mejorar la atención al paciente, obviamente debiera empezar por rescindir contratos con quienes se comprometen a ver a afiliados en sus clínicas y luego los tratan con el mayor desprecio.

El IGSS tiene una larga historia de mala administración porque se convirtió en reducto de ladrones que se dedicaron a robar con la compra de medicinas y cobrar sobornos para privatizar servicios. Por eso es que muchos le llevan tantas ganas, sobre todo luego de que en el proceso de compras se implementaron acciones que redujeron los precios de las medicinas en miles de millones de quetzales.

Pero es el momento de dar otro paso en contra de la corrupción revisando esos contratos para cortar a los que no ven a los afiliados como pacientes.