¿Cómo se atreve?

Ayer el titular de la CICIG, Iván Velásquez, volvió a mencionar la necesidad de sostener financieramente la institucionalidad del Estado por medio de un impuesto específico para el sector de seguridad y justicia que necesita de gran cantidad de recursos para afianzar la lucha contra la impunidad.

Y por supuesto habrá quienes ya se están preguntando “¿Cómo se atreve?” un extranjero que ni conoce la realidad del país va venir a hacer un planteamiento tan abusivo con aseveraciones impropias y terribles para los que se consideran sacrificados y sufridos sectores productivos.

Seguro saldrán quienes pedirán que se apresure una “reforma fiscal” pero que sea, como siempre, orientada a darle más beneficios a los dueños de la finca en lugar de establecer una carga tributaria justa y responsable. Plantearán un incremento al IVA como solución, porque lo ven conveniente para “socializar” la tributación, pero porque también son las empresas y el comercio los mismos recolectores de un impuesto que después quién sabe cómo se reporta y se traslada a la SAT.

Guatemala tiene muchas carencias y los niveles de corrupción son altísimos, pero para nadie es un secreto que los pasos que se han logrado a partir de la judicialización de los casos que han venido a sacudir el sistema han demostrado que con determinación y compromiso podemos continuar la ruta del cambio.

El argumento de que no conviene pagar impuestos porque al final se los roban, no cabe en el área de la Justicia porque, al menos en este momento, podemos decir que se están llevando a cabo procesos que con contundencia han dejado en evidencia el rol del Ministerio Público y del Ministerio de Gobernación a pesar del lamentable y vergonzoso papel de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y otros operadores del Organismo Judicial.

Por supuesto habrá discusiones sobre la formalización de la economía, de los poquitos que tributan mucho y todo aquello que siempre se ha argumentado para postergar la responsabilidad de asumir una política tributaria que refleje con responsabilidad el costo del país que queremos construir.

Por eso quienes tenemos que empezar a preguntar “¿Cómo se atreve?” somos nosotros, pero a todos aquellos que cuestionen la necesidad de transformar la estructura tributaria de Guatemala.

Ha sido tradición que los gobiernos hablan de su propia “reforma” que no han sido más que puros chapuces que convierten al país en un paraíso fiscal.

Pidiendo seriedad en la discusión del tema, hay que motivar una pronta acción para aportar recursos al sector Justicia y buscar así que se continúe con la batalla por derrotar la impunidad.