Comida, política y salud

La comida es más que nutrición o al menos lo era, pues cada vez es mayor el número de personas que comen solitarias o con extraños. Foto la hora: AP.

Alfonso Mata
lahora@lahora.com.g

Un tema muy raro ¿qué tiene que ver una cosa con otra?

Realmente no sabemos con claridad cuando empezó pero fue hace miles, millones de años; la comida junto al sexo, poco a poco nos fue uniendo, fueron los primeros actos políticos del hombre a pequeña escala, que crecieron en tamaño hasta pasar de familias a clanes, grupos, naciones y regiones y no fue cosa de así nomás. Compartir la comida es parte de una formación política: primero, el hacerlo ayuda a promover el intercambio de ideas, creencias y conocimientos en la familia, segundo genera normas, tercero propicia la paz entre sus miembros y entre familias, cuarto consolida tradiciones, y quinto nos brinda la posibilidad de cambiar gustos y compartir nuevos buenos o malos para la salud.

Así que la comida es más que nutrición o al menos lo era, pues cada vez es mayor el número de personas que comen solitarias o con extraños. Se dice que perdemos identidades culturales, políticas y salud. Y a propósito, un ejemplo ahora que la palabra migrante anda de boca en boca, también existe una conexión entre migración, comida y política. Los emigrantes latinos, han llenado de costa a costa con sus comidas y platillos los Estados Unidos; empiezan a ser parte ya de la tradición culinaria y de la cultura de ese país y lo serán más, ante la dificultad cada vez mayor de los cambios climáticos y la producción alimentaria especialmente la animal. Ya existen hamburguesas sin carne, tamales sin carne, cada vez nos acercamos más a tener acceso y consumir carne cultivada en el laboratorio. Migración y tecnología, se han vuelto enorme potencial para cambiar el sistema alimentario y el comportarse de las naciones.

¿Sabemos todo sobre el comer y lo que comemos?

Sorprendentemente, hay mucho que los científicos aún no saben acerca de cómo los alimentos que comemos afectan nuestra salud. Obtenemos ayuda para digerir alimentos, de billones de bacterias diminutas en nuestras entrañas, pero no sabemos cómo nuestras células y las bacterias trabajan a favor o en contra de nuestra nutrición y salud. Cosa tan sencilla como la conexión entre la leche materna y el microbioma intestinal infantil aún la desconocemos; mucho más, el impacto de los distintos alimentos y recetas que consumimos y esa relación con nuestras bacterias y lo que sale de esa relación en beneficio o en contra de nuestra salud.

Si sabemos que la microbiota dentro de nuestros intestinos es importante. Si no tuviéramos microbiota intestinal o si esta es la no deseada, muchas cosas de nuestra salud van mal y eso puede producir alteraciones en la regulación inmune, incluso hay diferencias en el comportamiento de la persona.

Entonces ¿es importante el tipo de alimentación?

¡Claro! y acá interviene la política. En primer lugar, no todas las personas tienen acceso a alimentos saludables; los programas de educación en las escuelas han tratado de cambiar eso, pero si la gente no tiene acceso adecuado, la educación no funciona como debe. En segundo lugar, es necesario desarrollar verdaderos programas escolares de alimentación adecuada, eso implica ir más allá de la teoría a la práctica. Nos hemos olvidado que alimentarse bien, es una función educativa tanto animal como humana; pero sin otras acciones políticas que faciliten la disponibilidad, el acceso y consumo de alimentos sanos a las familias y las personas, la idea de que la educación por sí sola puede prevenir la enfermedad es una mentira. De igual forma podríamos hablar de los programas infantiles, maternos y de adultos mayores.

Se dice que la obesidad es la epidemia número uno en el mundo actual

Hay que entender dos cosas: no es lo mismo conocimiento que reconocimiento. Claro que la gente tiene conocimiento de lo que está ocurriendo, solo basta salir a las calles y ver y observar los cuerpos que deambulan por estas. Pero que de ello se pasa al reconocimiento, a tratar de evitar la obesidad, eso es otra cosa. Como sociedad, como estado, aun no aceptamos eso y eso es lo que nos muestran las estadísticas de aumento de casos de sobrepeso y obesidad y resulta evidente que el problema de la obesidad crece más rápido que el de otras enfermedades y tiene su origen desde la niñez y eso se debe a una mala alimentación, producto de muchos factores que solo una política de salud bien establecida en pro de una dieta saludable y acompañada de producción y distribución de alimentos saludables, puede hacerle frente.

Debemos en esto aprender de lo que se sabe sobre esta epidemia en otros lugares. Sabemos que simplemente educar a los adolescentes sobre nutrición y ejercicio no está teniendo un gran impacto en su salud.  Hay otras conexiones de conocimientos, actitudes y práctica, que contribuyen al problema y probablemente tenemos que trabajarlas mejor en ellos. Todos conocemos sobre los sorprendentes efectos e impactos de la leche materna en la salud del bebé y más tarde en su vida incluso de adultos; sin embargo, cada día son más las madres que no amamantarán a sus bebes ¿por qué? Es importante definirlo bien y actuar en ello.

El otro período de la vida que nos condiciona a la alimentación es el de la infancia, dejamos la leche materna y comemos de lo que vemos en los platos de nuestros padres –al menos la mayoría– y luego tomamos nuestras propias decisiones. En esto pesa mucho la disponibilidad, y el acceso a los alimentos y el nivel educativo que tengamos al respecto y esas elecciones no son obvias y fáciles para la mayoría y en ello intervienen factores políticos, sociales y culturales, cuyo peso es diferente según el nivel socio económico que se tiene y las políticas alimentarias que cuenta el país.

¿Cuáles son los obstáculos?

Hay algo que todos los que trabajan en este campo deberían tener claro: Levantar motivación, cambiar actitudes y prácticas no es tarea fácil para ninguno y menos cuando los afectados viven en medio de tantas restricciones.

Sin un debate verdaderamente nacional sobre los causales y condicionantes de la mala alimentación -desnutrición y obesidad- sin planificar a nivel nacional como liberar la guerra para acabar no para controlar el problema, las acciones unilaterales tienen poco impacto. Se ha puesto énfasis en la configuración de una clínica de salud basada en la escuela: básicamente diseñada para ser la herramienta perfecta para educar a los niños y adolescentes sobre cómo comer de manera saludable. Pero eso no es suficiente. Tampoco lo es la clínica comunitaria, basada en atender los mil días del recién nacido. El hombre es algo que evoluciona y necesita cuidado en todos los períodos de su vida y atención en todos los aspectos que tienen que ver con disponibilidad, acceso, consumo y utilización de alimentos y eso va más allá de solo un proceso educativo y acciones sanitarias paliativas.

El problema del sistema de salud con la alimentación empieza con tener acceso a los casos, darles el debido seguimiento con los pacientes.  Pero el problema nacional de la alimentación es facilitar a que ello no se dé; de nuevo disponibilidad y acceso de alimentos a las mayorías, es problema de muchas unidades de gobierno. Tenía razón la nutricionista que decía que equivocadamente “el mazo se apila contra los niños, y no importa si tienen acceso a mí o no”. Y el médico que afirmaba con convicción “nutrición, salud y discriminación se cruzan” o la maestra que hizo esta observación “A menudo he notado que los niños con sobrepeso u obesos comen mucho más saludables porque han escuchado mensajes al respecto, pero no bajan de peso”. Todas esas quejas nos muestran que los factores ligados a la mala nutrición, hay que atacarlos en conjunto o no resolvemos. Debemos quitarnos de la cabeza lo del superalimento o la mejor dieta. Esos no existen. Aplicación real de políticas de disponibilidad y acceso a alimentos y justicia alimentaria, ni se cruzan ni se plantean y son la verdadera solución al problema.

Resumen

Debemos tener claro que dentro de la cultura la comida y la alimentación tienen un significado emocional, cultural, biológico y nutricional, y todo ello se conjuga en una persona para hacerle saludable. Lo que elegimos para alimentarnos, depende de muchas cosas que suceden dentro de la disponibilidad, el acceso, consumo y utilización de alimentos. La toma de decisiones sobre política alimentaria, no puede seguir siendo empírica o intuitiva o con otros fines fuera de la salud y buena nutrición. La orientación del trabajo político, debe resolver cuestiones simultáneas sobre disponibilidad, acceso, consumo y utilización de alimentos para distintos grupos de población y sus edades, pues los problemas nutricionales tienen diferente origen en ellos y pesan diferente en su salud.