Las estufas de leña representan grandes riesgos para la salud de quienes las usan. Foto La Hora

Desde pequeña, Liz Irina López creció viendo cocinar con leña. Ella y su madre no han podido desprenderse de esta forma de preparar los alimentos, a pesar de que, a su mamá de 69 años, el humo le ha dañado los pulmones “como si fuera una fumadora”, por lo que tuvo que dejar de cocinar, afirma.

Liz tiene 50 años y vive con su familia en la zona 9 de Huehuetenango. Asegura que cocinar con “pollo” (leños), les resulta mucha más económico que una estufa de gas, puesto que el cilindro de 25 libras cuesta Q120. Además, cocer los frijoles con leños y olla de barro salen mucho más sabrosos. Ciertamente, ha escuchado de las estufas ahorradoras de leña, pero no le ha interesado conocer precios o modelos. En su caso, el humo de la cocina asegura que todavía no le afecta.

A inicios de junio, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) anunció la aprobación de una donación por US$12,980,000 con el fin de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el sector energético, a través de la reducción del consumo y uso eficiente de leña.

Los recursos, administrados por el mismo BID, provienen de la NAMA Facility, fondo climático para Acciones de Mitigación establecido por Alemania, Reino Unido, Unión Europea y Dinamarca.



El objetivo del programa es contribuir a reducir las barreras que limitan la producción y uso masivo de estufas mejoradas, y facilitar el acceso a financiamiento para la fabricación y compra de estos equipos.

Guatemala es actualmente el mayor consumidor de leña per cápita en Centroamérica. El consumo de leña representó el 55.16% de la matriz energética, produce aproximadamente el 40% de las emisiones de CO2 totales del país. Alrededor de 1,78 millones de hogares, que representan 54,4% de la población nacional, usan leña para la cocción de alimentos, según cifras oficiales (2019).

En los últimos cinco años, el consumo de leña a nivel nacional se incrementa. En 2015, la cifra era de 43,288 mientras que en 2020 ascendió a 52,363, dato que se mide en KBEP (miles de barriles equivalentes de petróleo), según el Ministerio de Energía y Minas (MEM).



“Si el país tuviera que comprar este insumo, equivaldría casi al triple de lo invertido en gas”, explica una fuente del BID.

En contraste, la reducción del uso de leña se definió como uno de los cinco objetivos específicos de la política energética 2013-2027. Esta planteaba reducir en un 25% el uso de leña en los hogares por otras fuentes de energía.

Como puede verse, el objetivo quedó lejos. Pero el rezago es histórico, las barreras culturales difíciles de modificar y los actores involucrados, demasiados. Aquí algunas aristas de esta problemática para entender qué se ha hecho mal; y si la apuesta del BID por modificar este modelo energético podría significar una revolución en las cocinas, o convertirse en un programa como muchos otros.

El uso de leña está vinculado a que es de fácil acceso y es más barato que otro insumo. Foto La Hora

UN PLAN ABANDONADO

En mayo de 2014, Juan Carlos Paiz, Comisionado Presidencial de la Competitividad e Inversión (PRONACOM) presentaba un documento de más de 50 páginas donde se definía un plan de acción nacional para estufas mejoradas y combustibles limpios. Se integró un Clúster con el Gobierno y el Banco Mundial. La mesa de trabajo definía objetivos puntuales y 25 opciones de intervención identificadas prioritarias en el corto plazo.

La mesa integraba a varias instituciones: MEM, Ministerio de Ambiente, PRONACOM, INAB, Ministerio de Educación y CONAP, se esfumó hacia el 2015 con la crisis del gobierno de Otto Pérez Molina, según un técnico del MEM que pidió no ser citado. “Cada administración tiene sus prioridades, por lo que ha costado reactivarlo”, comentó.

Y es que el uso de leña en el hogar es un tema complejo y huérfano, donde nadie se hace responsable. “Es como el niño malcriado que no se sabe cómo entrarle”, explica el técnico del MEM.

Como técnico ha observado el fracaso de diferentes proyectos en las áreas rurales, pues las personas prefieren seguir cocinando con leña. “Se usa por una razón sencilla: son hogares con pobreza y pobreza extrema y se tiene un recurso gratis, pues la gente siempre lo va a preferir. Por otro lado, se ha visto que se impone la costumbre del uso de leña con ollas de barro”, explica.



Parte del fracaso resulta cuando se regalan estufas mejoras, u otros objetos a las personas. “He visto cómo las estufas las usan para otra cosa y siguen con el fogón”, comenta.

Fredy Chiroy, viceministro de Cambio Climático en la cartera de Ambiente, comenta que no participan del proyecto del BID. En su lugar, se ocupa de ejecutar dos programas de mitigación climática en seis municipios de Quiché y otro en el Corredor Seco con fondos de Alemania, que incluyen la introducción de estufas mejoradas.

Los estudios realizados determinaron diferencias culturales en las regiones. En Occidente, para las comunidades indígenas las estufas mejoradas no cumplen con el objetivo de reunir a la familia y compartir la comida alrededor del comal. Mientras que en el Oriente es más permeable, pues las condiciones climáticas son diferentes y se lograba mejor capacitación y seguimiento. “Sucede que falta acompañamiento luego de entregarse la estufa”, explica.

Como Gobierno, reconoce que el constante cambio de autoridades impide la continuidad de los proyectos y de las políticas públicas. Sabe que la aprobación de programas con donaciones por parte de la comunidad internacional toma años, prefieren ejecutarlos por cuenta propia.

La leña puede ser obtenida por los guatemaltecos en muchas áreas del país y sin costo. Foto La Hora

LOS DAÑOS DEL USO DE LEÑA

Zulmy Manchamé es técnica de campo de ASEDECHI (Asociación de Servicios y Desarrollo Socioeconómico de Chiquimula). Se encuentra en la mitad de un proyecto donado por la Cooperación Española (AECI) que ofrece la construcción de estufas ahorradoras de leña en 120 hogares de Jocotán y Camotán.

En el Oriente, las mujeres reconocen la importancia de estos modelos, especialmente en temporada de invierno que es cuando el humo se encierra en la casa y provoca dificultades respiratorias para las familias. Pero en general, las mujeres tienen miedo de usarlas, las ocupan para tortear, pero siguen con el fogón grande para cocinar maíz, comenta Manchamé. Otras en cambio, abandonaron el fogón tradicional, pues se dieron cuenta de las desventajas: problemas respiratorios, dolores de espalda por las cargas de leña y quemaduras.

La inhalación de humo es responsable de enfermedades cardio respiratorias que afectan especialmente a las mujeres. Se le conoce como Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). Se estima que esta contaminación del aire en los hogares resultó en más de 5 mil muertes prematuras por año en Guatemala, debido al uso ineficiente de leña y biomasa, según el estudio de PRONACOM.

Además, la contaminación atmosférica causa el 5% de los fallecimientos prematuros anuales en América Latina y el Caribe, con pérdidas en materia de bienestar social que exceden el 2% del PIB, según datos del BID.



Mientras que los daños a la salud y la contaminación atmosférica, la deforestación causada por la tala de árboles se suma a esta problemática.

El déficit anual de leña representa unos 5 millones anuales de toneladas de madera seca, lo que equivale a unos 8 millones de toneladas de CO2 (lo que emiten unos 200,000 vehículos en un año), explica el BID.

El Viceministro de Ambiente confirma que la deforestación es lo que produce más emisiones. Explica que esta problemática se origina a partir de la tala inmoderada, en donde las municipalidades no controlan. “El permiso autorizado es 10 m3 anuales por familia”, indica.

Guatemala es actualmente el mayor consumidor de leña per cápita en Centroamérica. Foto La Hora

EL PROYECTO DEL BID

El programa-donación del BID, el cual arranca formalmente en enero del próximo año, creará un mercado de estufas mejoradas que beneficie a las comunidades rurales e indígenas a nivel nacional. Pero el programa no regalará las estufas. Tendrán un costo estimado de Q1,200, por lo que la inversión del programa se destinará un 50% en fondos de garantía financiera; y la otra mitad en las campañas de socialización.

Con este proyecto se estima que unas 600 mil mujeres serán beneficiarias, dando prioridad a los departamentos de Huehuetenango, Quiché y San Marcos, estos tres con mayor déficit forestal.

“Se estima que una estufa mejorada puede reducir de un 40% a 60% del consumo de leña respecto a un sistema tradicional de fuego abierto”, indica.

Se implementará a través de una estrategia masiva de sensibilización y promoción enfocado en el cambio de comportamiento para conocer los riesgos del uso de fogón y las ventajas del nuevo modelo para que las familias puedan conocerlas y probarlas. Además, se dará capacitación en el uso y mantenimiento apropiados de estas. Asimismo, creará un programa de capacitación para mujeres, para que realicen la reparación y el mantenimiento de las estufas.



Además, el programa implementará garantía de créditos para compras voluntarias de más de 176 mil estufas para familias de bajos ingresos que viven en zonas rurales, así como garantía de créditos a los fabricantes locales que desarrollen un plan de negocios.

Se prevé que, con estas medidas, se evitará la extracción de más de 600 mil toneladas de leña, y se generarán ahorros financieros en el costo de la compra de esta fuente energética y en gastos relacionados con la salud. Se estima, además, que a través del programa se puedan reducir las emisiones de CO2 en el sector energético.

De acuerdo con un técnico del BID, una estufa mejorada puede reducir de 2 a 3 toneladas de CO2 al año (equivalente a las emisiones anuales de un vehículo pequeño).

El técnico del MEM hizo una única observación al programa del BID, que dio inicio en 2016 y del cual decidieron retirarse pues: “los cálculos financieros para reducir los gases de efecto invernadero no aplicaban”, se limitó a decir.

Los esfuerzos del BID se suman a una serie de donaciones de otros organismos internacionales cooperantes en el país. Faltará determinar si la manera de efectuar este proyecto podrá generar una revolución al interior de los hogares, o que las estufas estas solo queden como un espacio para las gallinas, mesa de para picar alimentos o hasta de cuna para bebés, tal como lo expresó el mismo técnico de dicho organismo.

En muchas comunidades rurales del país la leña es un recurso de primera mano para cocinar. Foto La Hora/Moisés Castillo/AP
Ana Lucía González
Periodista guatemalteca apasionada por contar historias de la realidad nacional. En ser voz de los que no tienen voz. Afanada en un aprendizaje constante. Me debo a los lectores y a mis valores y principios.
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