Clara Fernández Moreno (Buenos Aires, 1930) Hija de poetas, hermana de poetas, casada con poeta e hijas poetas, formó parte del grupo de poetas surrealistas argentinos. Licenciada en Letras, fue periodista y docente.  En una entrevista de Daniel Giarone, la poeta cuenta: «La poesía era como pan para nosotros –recuerda Clara-, ahí estaba todo. A la hora del almuerzo mi padre se sentaba a la mesa y decía: esta es la hora de la cuaderna vía (estrofa de la métrica medieval española de cuatro versos de catorce sílabas). Y ahí, todos, grandes y chicos, empezábamos una gran improvisación, buscábamos la rima, los versos de la cuaderna vía. No rimábamos nada bien, pero todos participábamos y nos divertíamos«.

 

 

 

Mis más vivos

árboles en el olor de la siesta
en el fondo de la casa
en un calor
en un espejo
en un baño de porcelana
entrando higueras y hojas con los bordes quemados
hasta las canillas
y sus raíces llegaban al portón
que a las cuatro de la tarde
cuidaba ese patio celestial
cuando mis primos se apretaban contra mí
para comer mis mejillas de leche y de higo

el deseo de esas tardes cae como mi pelo a la intemperie
hace de mi vestido turquesa un incendio
una terquedad que casi nunca habla

San Sebastián

cuál es la diosa
la que dice debe ser sacrificado
que se arrojen las flechas
salga sangre de su pecho

y erguida en la proa
erguida frente a la arena
de fuego y luz
dicta hambre sed y miedo

la diosa
no sabe de justicia
ni de bondad
tiene alas que parecen de amor
pero son de ira
de nieve
y cuando el que muere debe ir al sacrificio
su corazón se alegra
sus ojos sonríen
llena el día con su vuelo feliz
y su maldad

Grado cero

imposible saber cuándo
comienza el grado cero
relámpagos mojados cubren la cara
hacen gente torpe

es que
incapaz y débil
no puedo saber
mi amor amado
en qué momento
te hiciste un trozo de eternidad

Vida de mujer

Vivo allí
donde el sol no entra
ni pan
ni nadie
con prisa siempre
con el corazón en el correo
persiguiendo recetarios perdidos
en valijas imposibles de abrir

vivo
en las sillas que ornaban el consultorio del antiguo médico
junto a la percha donde sus pacientes colgaban el paraguas
y las gotas caían sobre la bandeja de hierro
oxidándola
esos sombreros del campo de las quintas
esos pacientes que llamaban a las puertas de mi padre
cuando tus calles, Chascomús, eran plácidos charcos
de agua de la lluvia caída sobre ti, Chascomús
cuando la mujer del médico, mi madre
jugaba con los muertos a la fiebre amarilla
y a veces encontraba botas
otras un cinturón de cuero
una sotana

vivo
entre tantas cosas que hice
y tantas que haré
recorriendo vidrieras falsas
mientras los pálidos del miedo
me empujan
cuando voy
cuando regreso
mientras los otros ensillan sus caballos
y se van a comer

Soles

búscame, descúbreme mundo
húmeda medusa
las algas rondan suavemente
encuéntrame, tiempo,
compréndeme, mundo
mi región más profunda está libre
atiéndeme, espacio
alúmbrame, sol
que surjan las nubes
y el tiempo y el espacio me esperen

Selección de textos por Gustavo Sánchez Zepeda

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Diario La Hora
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