Cinismo y prepotencia (parte 2)

Emilio Matta

emiliomattasaravia@gmail.com

Esposo y padre. Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Francisco Marroquín, MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, Certificado en Métodos de Pronósticos por Florida International University. 24 años de trayectoria profesional en las áreas de Operaciones, Logística y Finanzas en empresas industriales, comerciales y de servicios, empresario y columnista en La Hora.

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Emilio Matta Saravia
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A solicitud del estimado lector, licenciado Mamerto Reyes Hernández, economista con especialización en economía agrícola, escribo una segunda parte de la columna de la semana pasada titulada “Cinismo y prepotencia”.

Da vergüenza ver de qué forma los diputados han cerrado filas en contra de la propuesta que hiciera la diputada Vicenta Jerónimo de iniciar las sesiones de trabajo de jefes de bloque a las dos de la tarde para evitar el oneroso gasto de cuatro millones de quetzales anuales en almuerzos para quienes trabajan en dichas sesiones. El expresidente del Congreso, diputado Álvaro Arzú Escobar, con su característico cinismo, dijo a los medios que ahorrando lo que se gastan en almuerzos en el Congreso no se resolvería el problema de desnutrición crónica infantil en el país. Sin embargo, con cuatro millones de quetzales anuales perfectamente se pueden alimentar casi mil cuatrocientos niños con cinco raciones diarias de 6 onzas de leche cada una. Me explico: se puede preparar un litro de leche diluyendo 130 gramos de leche en un litro de agua purificada. Si uno toma un precio de referencia de Q128.75 por 2.2 kilogramos de leche en polvo, publicado por una cadena de supermercados nacional, y de Q16.00 por un garrafón de 5 galones de agua purificada, el litro de leche fluida tiene un costo de Q8.45. Si uno divide los cuatro millones de quetzales anuales entre los Q8.45 que cuesta el litro de leche, alcanza para hacer un poco más de 473 mil litros de leche en un año, dividido entre 365 días que tiene un año, dan 1,297 litros diarios de leche disponible, y cada niño consume 30 onzas diarias, resulta que 1,383 niños pueden ser alimentados diariamente con los almuerzos de 159 diputados. Si no resuelven el problema de desnutrición crónica del país, por lo menos evitan que mil cuatrocientos niños la padezcan.

Obviamente debe existir un mínimo de interés de parte de nuestras autoridades para buscar soluciones a los distintos problemas que aquejan a nuestro país. La gran mayoría de nuestros legisladores no lo tiene, y lo demuestran a diario con sus actitudes.

La gran mayoría de la población guatemalteca, principalmente en el interior del país, se alimenta con cantidades marginales de proteína cárnica. Sin embargo, ayudan a financiar los almuerzos de nuestros diputados con el pago de impuestos. Esto se evidencia en la ENCOVI (Encuesta Nacional de Condiciones de Vivienda) 2014, que amablemente me proporcionara el licenciado Reyes, donde se promedia el consumo anual en libras de cárnicos por región, donde el consumo promedio anual de carne de res en el país es de 27 libras y el de pollo es de 75 libras, pero el interior del país dichos consumos promedian anualmente 22 libras de carne y 67 libras de pollo, respectivamente. Obviamente la región metropolitana tiene un consumo mucho mayor de cárnicos (37 libras de carne de res y 93 de pollo al año).

El comportamiento de nuestros diputados es uno de los factores que, sumados a otras actitudes de nuestras autoridades, como la corrupción, son el combustible que alimenta los discursos de políticos populistas que luego acceden al poder.