POR WALESKA HERNÁNDEZ
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La esclavitud sexual y laboral, así como los otros vejámenes de los que fueron víctimas 15 mujeres durante el conflicto armado interno, dejaron heridas que, pese a todo el trabajo de acompañamiento psicológico recibido, no han podido borrar de su memoria. Así lo explicó Mónica Pinzón Morales, psicóloga de la Universidad de San Carlos que testificó ante el tribunal A de Mayor Riesgo en el juicio por el caso Sepur Zarco.

En 2012, Pinzón González fue la encargada de brindar acompañamiento psicológico a 15 mujeres entre los 52 y los 74 años quienes fueron víctimas de violencia sexual y esclavitud laboral, en el destacamento militar Sepur Zarco, entre 1982 y 1983.

La experta indicó al tribunal que juzga a dos militares retirados por estos hechos que, como consecuencia de los abusos, las mujeres padecieron de stress postraumático, desesperanza, miedo, vergüenza y desconfianza. Algunas incluso tienen ideas suicidas.

La experta refirió que usualmente las víctimas de abusos sexuales tienen la sensación de estar “manchadas” o se sienten “pecadoras”, sin serlo. En el caso de las mujeres evaluadas, explicó, se incrementa la sensación de ser culpables de algo que no hicieron debido a su religión y al machismo imperante en la cultura del país.

En sus testimonios, once mujeres relataron que fueron violadas por uno o varios soldados en el destacamento militar Sepur Zarco y cuatro dijeron que los soldados las asaltaron afuera, en las inmediaciones del mismo.

«Para los seres humanos que han permanecido en cautiverio es imposible olvidar a sus victimarios», explicó la perito.

NO OLVIDA

Catarina Caal, una de las víctimas, contó a la psicóloga, que estando en la montaña, donde permaneció por seis años para escapar de los abusos del Ejército, vio morir a sus hijos uno a uno, sin poder hacer nada para evitarlo.

Luego, dijo que presenció cuando los soldados mataron a su hija embarazada de forma brutal. Le abrieron el abdomen y le sacaron al bebé que llevaba en su vientre.

RECHAZADAS

«Las mujeres víctimas de violencia sexual siguen siendo estigmatizadas y son culpadas de haberla sufrido», refiere Pinzón, al hablar cómo la comunidad las rechazó.

Rosario Xo, otra de las sobrevivientes, le contó a la psicóloga que trató de rehacer su vida; sin embargo, cuando le comentó a su nuevo esposo lo sucedido en las instalaciones militares, él comenzó a agredirla física, verbal y psicológicamente. La culpaba de los hechos.

A parte de ella, ninguna de las otras mujeres quiso volver a tener pareja. Las que tenían hijos sobrevivientes, se dedicaron a cuidarlos y sacarlos adelante. Las que no, prefirieron vivir solas.

Diario La Hora
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