EPÍSTOLA

Carta de Umberto Eco a su nieto

Querido nieto,

No querría que esta carta navideña sonase demasiado “deamicisiana” y exhibiese consejos acerca del amor por los nuestros, por la patria, por el mundo y cosas de este tipo. No la escucharías y en el momento de ponerlos en práctica, (tú adulto y yo pasado) el sistema de valores habrá cambiado tanto que probablemente mis recomendaciones resultarían caducas.

Así que quisiera centrarme en una sola recomendación que estarás en condiciones de poner en práctica también ahora, mientras navegas en tu iPad, que no cometería el error de desaconsejártelo, no tanto porque parecería un abuelo chapado a la antigua sino porque también yo lo hago.

Como mucho puedo recomendarte, por si te sucede navegar entre los centenares de sitios porno que muestran la relación entre dos seres humanos, o entre un ser humano y un animal, en miles de modos, trates de no creer que el sexo sea eso, entre otras cosas una actividad monótona, porque se trata de una puesta en escena para obligarte a no salir de casa y no observar a las chicas de verdad.

Parto del principio de que eres heterosexual, en caso contrario adapta mis consejos a tu caso. Mira las chicas, en la escuela o donde vayas a jugar, porque son mejor las auténticas que las que salen por televisión y algún día serán más satisfactorias que las que veas on line. Cree a quien tiene más experiencia que tú (si hubiese visto solo sexo en el ordenador tu padre nunca habría nacido, y tú quien sabe dónde estarías).

Pero no es de esto de lo que quería hablarte, más bien de una enfermedad que ha afectado a tu generación y también a los chicos más mayores que tú, que tal vez ya vayan a la universidad: la pérdida de memoria. Es verdad que si te entran ganas de saber quién fue Carlo Magno o dónde está Kuala Lumpur no tienes más que pulsar unas cuantas teclas e internet te lo dice de inmediato. Hazlo cuando haga falta, pero tras buscarlo intenta recordar todo cuanto se te ha dicho para no verte obligado a buscarlo una segunda vez si por casualidad tuvieses la necesidad impulsiva, tal vez por una investigación para la escuela.

El riesgo es que, así como piensas que tu ordenador te lo pueda decir a cada instante, tú pierdas el gusto de metértelo en la cabeza. Sería un poco como si habiendo aprendido que para ir de una calle a otra, hay autobuses o metros que te permiten desplazarte sin cansarte (que es comodísimo, hazlo también cada vez que tengas prisa), pienses que así no tienes más necesidad de caminar. Pero si no caminas lo suficiente te conviertes en “discapacitado”, como se dice hoy para referirse a quien está obligado a moverse en silla de ruedas. Está bien, sé que haces deporte así que sabes mover tu cuerpo, pero volvamos a tu cerebro.

La memoria es un músculo como los de las piernas, si no ejercitas se atrofia y te conviertes (desde el punto de vista mental) en discapacitado, o sea (hablemos claro) un idiota. Además, como para todos existe el riesgo de que la vejez traiga el Alzheimer, una de las maneras de evitar este desagradable incidente es ejercitar siempre la memoria.

Aquí mi dieta. Todas las mañanas aprende algún verso, una breve poesía, o como nos hicieron a nosotros, “La Cavallina Storna” o “Il sabato del villaggio”. Y tal vez compitas con los amigos para ver quién lo recuerda mejor. Si no te gusta la poesía hazlo con la alineación de los futbolistas, pero no te quedes solo con los jugadores de la Roma de hoy, también con aquellos de otros equipos y tal vez de los jugadores del pasado (fíjate que yo me acuerdo del equipo del Torino cuando su avión se estrelló en Superga con todos sus jugadores a bordo: Bacigalupo, Ballarin, Maroso, etc.).

Haz competiciones de memoria, por ejemplo de los libros que hayas leído (¿quién estaba a bordo de La Española en busca de La Isla del Tesoro? Lord Trelawney, el capitán Smollet, el doctor Livesey, Long John Silver, Jim…). Fíjate en si tus amigos recuerdan quiénes eran los sirvientes de Los Tres Mosqueteros y de D’Artagnan (Grimaud, Bazin, Mousqueton y Planchet) …Y si no quisieras leer Los Tres Mosqueteros (y no sabes lo que te pierdes) hazlo, qué sé yo, con alguna de las historias que hayas leído.

Parece un juego (y es un juego) pero verás cómo tu cabeza se poblará de personajes, historias, recuerdos de todo tipo. Te habrás preguntado por qué el ordenador se llamaba hace un tiempo, cerebros electrónicos: es porque fueron concebidos sobre el modelo de tu (de nuestro) cerebro, pero nuestro cerebro tiene más conexiones que un ordenador, es una especie de ordenador que llevas contigo y que crece y se refuerza con el ejercicio, mientras el ordenador que tienes sobre la mesa cuánto más lo usas más velocidad pierde y tras unos años tienes que cambiarlo. Sin embargo tu cerebro hoy puede durar hasta 90 años y a los 90 años (si lo has ejercitado) recordará más cosas de las que recuerda ahora. Y gratis.

Está también la memoria histórica, la que no tiene que ver con acontecimientos de tu vida o las cosas que hayas leído. Es aquello que sucedió antes de que nacieses.

Si hoy vas al cine tienes que acudir a una hora fija, cuando la película comienza, y apenas comienza alguien te coge de la mano y te dice qué es lo que sucede. En mis tiempos se podía entrar al cine en cualquier momento, quiero decir, incluso a mitad del espectáculo, se llegaba mientras estaban sucediendo algunas cosas y se intentaba entender qué había sucedido antes (luego, cuando la película comenzaba de nuevo desde el inicio, se veía si se había entendido del todo bien –y estaba el hecho de que si la película nos había gustado podíamos quedarnos a ver de nuevo lo ya visto–).

La vida es como una película de mis tiempos. Nosotros entramos en la vida cuando muchas cosas ya han sucedido, desde cientos de miles de años, y es importante aprender lo que ha sucedido antes de que naciésemos; sirve para entender mejor por qué hoy acontecen nuevas cosas.

Ahora la escuela (además de las lecturas personales) debería enseñarte a memorizar aquello que sucedió antes de que nacieses, pero por lo visto no lo hace bien, porque varias encuestas nos dicen que los chicos de hoy, incluso los mayores que ya van a la universidad, si nacieron por ejemplo en 1990 no saben (y tal vez no quieran saberlo) qué sucedió en 1980 (y no hablemos de lo que pasó hace 50 años). Nos dicen las estadísticas que si preguntas a algunos quién era Aldo Moro responden que fue el jefe de las Brigadas Rojas –sin embargo fue asesinato por las Brigadas Rojas–.

No hablemos de las Brigadas Rojas, quedan como una cosa misteriosa para muchos, y eso que eran el presente hace 30 años. Yo nací en 1932, 10 años después de la subida al poder del fascismo, pero sabía quién era el Primer Ministro en los tiempos de la Marcha Sobre Roma (¿Qué es?). Tal vez en la escuela fascista me lo enseñaron para explicarme cómo era de estúpido y malo aquel ministro que los fascistas habían sustituido. Está bien, pero al menos lo sabía.

Y luego, aparte de la escuela, un chico de hoy no sabe quiénes eran las actrices del cine de hace 20 años mientras yo sabía quién era Francesca Bertini, qué recitaba en sus películas mudas 20 años antes de mi nacimiento. Tal vez porque navegaba por viejas revistas acumuladas en el trastero de casa, pero en cualquier caso te invito a sumergirte también en viejas revistas porque es un modo de aprender qué acontecía antes de que nacieses.

¿Pero por qué es así de importante saber qué ocurrió antes? Porque muchas veces lo que sucedió antes explica por qué ciertas cosas suceden hoy y, en cualquier caso, como para los equipos de fútbol, es un modo de enriquecer nuestra memoria.

Ten en cuenta que esto no lo puedes hacer solo sobre libros y revistas, se hace muy bien también a través de Internet. Se puede usar no solo para chatear con tus amigos, también para chatear (por así decirlo) con la historia del mundo. ¿Quiénes eran los hititas? ¿Y los camisardos? ¿Y cómo se llamaban las tres carabelas de Colón? ¿Cómo desaparecieron los dinosaurios? ¿El arca de Noé pudo tener un timón? ¿Cómo se llamaba el antepasado del buey? ¿Había más tigres hace 100 años que ahora? ¿Qué cosa era el Imperio de Malí? ¿Y quién, por el contrario, hablaba del imperio del Mal? ¿Quién fue el segundo Papa de la historia? ¿Cuándo apareció Topo Gigio?

Podría continuar hasta el infinito, y todas serían estupendas aventuras de búsqueda. Y todo para recordar. Llegará el día en el que serás anciano y te sentirás como si hubieses vivido miles de vidas, porque será como si hubieses estado presente en la batalla de Waterloo, hubieses asistido al asesinato de Julio César o estuvieses a poca distancia del lugar en el que Bertoldo el Negro, mezclando sustancia en un mortero para encontrar el modo de fabricar oro, descubrió por casualidad la pólvora, y saltó por los aires. Tus amigos, que no habrán cultivado su memoria, habrán vivido una sola vida, la suya, que debería haber sido muy melancólica y pobre de grandes emociones.

Cultiva la memoria, entonces, y desde mañana aprende de memoria “La Vispa Teresa”.