Autocracias a la vuelta de la esquina

David Barrientos

napo102@hotmail.com

Guatemalteco con educación para el análisis de coyuntura, administración, dirección, alta gestión y coordinación de proyectos de seguridad, defensa, logística y manejo de crisis, con experiencias en el liderazgo de grandes unidades militares e interinstitucionales, actualmente consultor independiente y doctorando en ciencias sociales.

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David Napoleón Barrientos Girón
napo102@hotmail.com

La política es una actividad limitada y frustrante porque gira en torno a la negociación, al compromiso y a las decisiones subóptimas, por el precio del poder compartido o limitado, porque las decisiones políticas, implican, aunque sea en una pequeña medida, cierta forma de claudicación. En el mundo real, no hay iniciativa sin resistencia, es por esa razón que, quien no pueda gestionar el fracaso o el éxito parcial, no está capacitado para gobernar en “democracia”, en la cual, caben los acuerdos; sin embargo, esto no significa ceder espacios de poder, o sillas de decisión y ejecución, ejemplos suficientes hemos visto en Guatemala, donde gobernar con el alacrán en la camisa no ha sido la mejor experiencia y quienes lo admiten terminan entendiendo tarde o temprano que es un error, desgastando figuras políticas, incluso al sistema por demás en decadencia de percepción y aceptación ciudadana. En las campañas políticas se propicia la creación de expectativas públicas, esto provoca un sin número de promesas, y al final una serie de frustraciones y desengaños, siendo inevitable un alto grado de decepción, la tarea de ganar elecciones es diferente a la de gobernar.

De acuerdo con un estudio de Latinobarómetro, “En Iberoamérica, es una realidad la insatisfacción del funcionamiento de su democracia, menos del 50 por ciento de su población piensa que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. El desvanecimiento del entusiasmo democrático surgido en el año 2000 ha sido dramático, el declive ha sido constante”. El surgimiento de las autocracias se hace sentir, un cambio político paulatino pero real, tan solo basta con voltear a ver a Nicaragua, Venezuela y Bolivia, donde se evidencia el corrimiento a posiciones autoritarias principalmente de izquierda, abandonando aceleradamente las inculcadas virtudes de la democracia. De esa manera la historia de la democracia empieza a cerrarse, los nombres de personajes, parejas o familias se encumbran y sustituyen a proyectos, partidos o intereses nacionales, trasladando a los ciudadanos a un segundo y tercer plano, evidenciando que los actores de las “democracias” no han cumplido con el papel que la historia les asigno, solo se aprovecharon de algunos instrumentos de participación; cabe aclarar que la llegada del autoritarismo en la actualidad no es a través de golpes de estado tradicionales, ni con la llegada de militares a las presidencias o jefaturas de Estado estas autocracias están llegando a través de las elecciones, donde los ciudadanos conscientes o inconscientes y empoderados por instrumentos democráticos eligen al idóneo o equivocado.

La carencia de garantías sociales que demandan los pueblos despide paulatinamente a las democracias, estas mismas sociedades solo han vivido bajo indicadores de pobreza y violencia, creando confusión en la ciudadanía respecto a las verdaderas características democráticas; la terea para la ciencia política es ahora plantear modelos ajustados a la realidad; el acceso a la información ya no permite mantener ocultas las injusticias y brechas entre la riqueza y pobreza, el sistema económico global debe cambiar de paradigma, la democracia no ha sido el mejor escenario. El fin de las democracias no es ni una alegría ni una tristeza, es una realidad.