Realidades…

Así somos; exigimos pero no cambiamos

Fernando Mollinedo C.

En la sociedad hay reglas y normas de conducta que son imprescindibles de cumplir para lograr el propósito de vivir en paz con los vecinos, en el barrio o colonia y en el conglomerado heterogéneo, para evitar el surgimiento de problemas.

Cuando se analizan los problemas personales a la luz de la reflexión, tomando en cuenta la forma de ser de cada persona, se hace desde el interior (el cual se considera perfecto), se justifican conductas y comportamientos entendiendo que el mundo gira alrededor de cada uno. Lo anterior es de sentido común, la egolatría subsiste (el yo).

Algunos problemas de la sociedad son estructurales y podrían resolverse con las reformas legales de mérito para atarles las manos a los funcionarios y empleados públicos que son proclives a la corrupción, deshonestidad, ignorancia y otros factores negativos más…

Otros problemas sociales tienen que ver en forma directa con la forma de ser de cada persona; se le echa toda la culpa a las autoridades de lo negativo que sucede; se dice que todos los funcionarios y empleados públicos son ladrones, corruptos, déspotas, ineficientes y haraganes, que se pasan chateando o consultando su correo electrónico y no hay autoridad que les llame al orden porque los jefes andan por el mismo estilo, haciéndose los babosos en detrimento de la atención al público usuario.

Las quejas contra dichos servidores públicos no prosperan… es cierto, pero… ¿Qué pasaría al estar del otro lado? Dada la idiosincrasia de la población guatemalteca se reproduciría el esquema con el aprovechamiento de los recursos a su alcance; disfrutando de ese momento de “bonanza” que vuelve insensibles a los trabajadores respecto a sus patrones: los usuarios que pagan impuestos y que requieren un servicio.

Cuando conducimos damos vuelta en lugares prohibidos, hablamos por teléfono, nos metemos en sentido contrario (porque solo es un pedacito), rebasamos por la derecha, nos estacionamos en doble fila y cuando nos detiene un policía le ofrecemos una mordida. Si la recibe es un corrupto y si no, es un abusivo que actúa por consigna nomás para joder y todos sabemos que son unos corruptos ¿a quién quieren engañar?

Lo mismo cerramos calles donde ponemos topes sin permiso de la autoridad y entonces hacemos un caos urbano porque no existe un criterio de regulación o, existiendo, nadie lo respeta.

¿La autoridad se va a aventar la bronca de derribar todas las barricadas de las “calles privadas” mientras no pueda garantizar de manera plena la seguridad pública? Creo que no. Las barricadas seguirán existiendo en tanto no se reduzcan de manera evidente los índices de delincuencia.

Existen cientos de topes construidos por los propios vecinos y resulta que cuando otro vecino que observa la falta de justificación de la existencia de ese tope, éste tiene que realizar las gestiones para que se derribe ese muro infranqueable. Debería ser al revés, que el vecino que vea la necesidad de un tope haga las gestiones para su instalación.

Así somos, ¿podremos cambiar?