Aquellos días de gloria y jauja pueden volver

Oscar Clemente Marroquín

ocmarroq@lahora.com.gt

28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.

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Oscar Clemente Marroquín
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En 2012, cuando fueron investidos en la ceremonia de toma de posesión, Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti Elías alcanzaron su máximo sueño de llegar al poder en la República de Guatemala, y se sintieron gloriosos y en su salsa porque las operaciones que hicieron desde que fueron candidatos les presentaban la oportunidad de amasar una fortuna jamás imaginada. Hoy sabemos que ambos llegaron a la Presidencia y Vicepresidencia sin la menor intención de hacer algo por el país sino simple y llanamente a gozar del poder y la fortuna que ya sabían cómo amasar.

La señora Baldetti, proveniente de una muy modesta y baja clase media llegó a sentir que podría no sólo equipararse con los que fueron sus financistas sino superarlos por mucho y convertirse, también, en dueña del país como esos sus socios que los bañaron en pisto desde la misma campaña. Hizo de la insolente ostentación su marca de fábrica y poco a poco se fue ganando la animadversión de todos, al punto de que una de las condiciones que puso Biden cuando vino a Guatemala fue que no lo fueran a juntar con esa señora y entre sus cínicas expresiones destacó mucho lo que dijo sobre el agua mágica de Amatitlán, lo que ya le costó una condena de 15 años y 6 meses.

Fuera del Caso Portillo, a quien metieron al bote y persiguieron porque cabalmente los dueños del país se propusieron sentar un precedente para que nadie que llegara al poder pudiera andarlos fregando, ni siquiera del diente al labio como hizo el Pollo Ronco, todos los antecesores de Pérez y Baldetti pudieron operar a sus anchas y desde los negocios de la telefonía y las frecuencias de televisión, que marcaron al inicio de la corruptela en tiempos de Vinicio Cerezo, hasta las grandes privatizaciones marca Arzú, todo quedó impune y eso era un notable aliciente para el binomio que en ese momento se sintió en la cumbre, pensando que su nuevo estatus económico era el pasaporte a la más alta oligarquía.

El pasado lunes por la noche y la madrugada del martes debe haber sido duro para Baldetti. Fijó los ojos en la hoja de un libro religioso sin cambiar siquiera de página porque su cabeza debe haber andado recordando aquellos viajes que con toda comodidad le planificaba Daniela Beltranena, su eficaz testaferra y tapadera, y los momentos en que hablaban de su maravilloso futuro con su compañero de andanzas, el general Pérez Molina. Nunca pudo imaginar que estaría sentada en el banquillo escuchando a un juez de apellido Xitumul pronunciando una sentencia que la mantendría en el tambo por muchos años.

Maravilloso precedente en el país de la eterna impunidad, se podría decir. Sin embargo, es ahora una muestra de lo que pudimos lograr y estamos perdiendo porque con los avances del Pacto de Corruptos esa sentencia será revisada o por redención de penas saldrá pronto a gozar de sus millones. Sin CICIG y MP eficientes y comprometidos, Baldetti volverá a ver no sólo la luz sino la esperanza y podrá gozar la fortuna que amasó.

Un buen precedente, sí, pero lástima que será efímero.