AMLO, entre la esperanza y el pánico

Adrian Zapata

zapata.guatemala@gmail.com

Profesor Titular de la USAC, retirado, Abogado y Notario, Maestro en Polìticas Pùblicas y Doctor en Ciencias Sociales. Consultor internacional en temas de tierras y desarrollo rural. Ha publicado libros y artículos relacionados con el desarrollo rural y con el proceso de paz. Fue militante revolucionario y miembro de organizaciones de sociedad civil que promueven la concertación nacional. Es actualmente columnista de el diario La Hora.

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Adrián Zapata
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La izquierda latinoamericana está de fiesta, no digamos la mexicana. Ver a Andrés Manuel arrodillado ante los representantes de los pueblos indígenas recibiendo el bastón de mando fue una imagen apoteósica para quienes nos identificamos con esos pueblos secularmente excluidos. Falta por ver si cuando haga su consulta nacional sobre el llamado “Tren Maya”, los pueblos originarios que tienen algo que decir sobre una obra colosal que impactará en sus comunidades también serán consultados. Todos aplaudieron cuando se comprometió con la consulta a mitad de período sobre su continuidad en el cargo, pero falta por ver si eso no lo mantendrá en campaña, gobernando de acuerdo a las encuestas de opinión y no como el estadista que todos esperamos. Seguramente los mexicanos de a pie podrán sentirse reconfortados ante la posibilidad de que el Ejército se vea involucrado en labores de seguridad interna, pero falta por ver si habrá respeto a los derechos humanos y no se militarizará el país con su decisión sobre la Guardia Nacional. Muchos entendemos su planteamiento de “punto y final”, pero falta por ver si los partidarios de la justicia transicional, esa que busca chivos expiatorios ante la imposibilidad de juzgar a todo, no le hacen imposible su intención de impulsar su plataforma programática y no consumirse en esos procesos desgastantes. Los centroamericanos nos sentimos entusiasmados sobre el involucramiento de México en un esfuerzo por impulsar planes de desarrollo para el sureste de México y la región centroamericana para evitar la migración a los Estados Unidos, pero falta por ver si no está hablando solamente de atraer inversión privada extranjera para esa región de México, para aprovechar la mano de obra barata de los centroamericanos, desesperados por encontrar trabajo, el cual no existe en los territorios, principalmente rurales, que los ha expulsado. Para muchos su llegada a la Presidencia es producto de su tenacidad y compromiso con el proyecto político que encabeza, mientras que para otros es sólo la expresión de un interés personal casi patológico por el poder.

Falta mucho por ver. Pero los que están en pánico son las derechas recalcitrantes de América Latina y las clases medias altas mexicanas que desprecian eso de “primero los pobres”. Las rancias derechas del continente porque sienten que el péndulo político podría empezar a volver hacia la izquierda en la región, frustrando sus intereses por borrar el “populismo”, para volver a engañar a todos con el cuento que el crecimiento de la economía es la panacea para el desarrollo social y, por supuesto, para el abultamiento de sus riquezas. Y los segundos porque repiten como loros el terror, pánico de las derechas empresariales y porque no entienden cómo se puede priorizar a la pobrería ignorante que nada sabe y todo lo quiere. El temprano grito desesperado es “otra Venezuela”, ignorantes como ideológicamente son, de las diametrales diferencias que existen entre la realidad estructural mexicana y la pobreza rentista de la economía venezolana.

Pero lo cierto es que Andrés Manuel arrasó y la fuerza social y política que él encabeza concentra un poder político como desde hace mucho tiempo nadie poseía. Las expectativas que ha creado ante la mayoría de la población mexicana son enormes y la esperanza continental también.

Un aspecto relevante que pareciera ser el principal capital político de AMLO es su honradez y la posibilidad de moralizar la política.

Por eso, uno de los posibles legados trascendentales de Andrés Manuel es rescatar la política y a los políticos. Los símbolos son muy importantes en esta tremenda tarea, aunque por sí mismos son insuficientes. Millones de mexicanos y latinoamericanos tenemos grandes esperanzas en este proyecto que él lidera.