Por NEKESA MUMBI MOODY
NUEVA YORK
Agencia (AP)

Hace tres años, Alan Elliott se encontraba en el Festival de Cine de Telluride preparado para develar el santo grial de las películas musicales: un documental sobre cómo se hizo «Amazing Grace» de Aretha Franklin que había pasado décadas en archivo hasta que se dispuso a restaurarlo.

Pero entonces, por medio de abogados, le informaron que la propia Reina del Soul estaba tratando de evitar su exhibición. El socio de Elliott, Tirrell Whittley, recuerda ese momento como «desalentador».

Pero así de resueltos como estaban para mostrarle el documental al mundo, decidieron no ir en contra de la cantante.

Ese momento llegó tres meses después de la muerte de Franklin por cáncer de páncreas, con la bendición de su familia. Y aunque hay partes de «Amazing Grace» que son duras, desde unos ángulos torcidos hasta ediciones irregulares, es una muestra profunda y brillante de una de las cantantes más grandes del mundo en su elemento: la iglesia.

El álbum «Amazing Grace» es trascendental no solo en la discografía de Franklin sino en los cánones de la música popular estadounidense. Franklin, entonces de 29 años y en la cima de la fama, lo grabó en una iglesia de Los Ángeles dos noches de 1972, con un coro completo y un público que incluyó a Mick Jagger. El astro góspel James Cleveland dirigió al coro. El afamado padre de Franklin, el reverendo CL Franklin, alabó a su hija ante el púlpito mientras la venerada estrella góspel Clara Ward estaba sentada en primera fila.

Warner Brothers Films contrató al cineasta ganador del Oscar Sydney Pollack para que dirigiera la película, con la esperanza de que fuera tan popular como aquella del concierto de Woodstock. Pero Pollack cometió errores críticos, como no utilizar una máquina para sincronizar el audio con las imágenes, y con tales problemas el estudio de cine terminó por descartarlo. Mientras que el álbum se certificó doble platino y se convirtió en uno de los más vendidos de góspel de todos los tiempos, el documental fue olvidado, aunque no por todos.

Jerry Wexler, reconocido productor de Atlantic Records que estuvo al frente de muchos de los éxitos de Franklin, le dijo a Elliott su protegido y entonces un ejecutivo musical de 25 años que esperaba algún día llevarlo a la pantalla, y por dos décadas ese fue el “proyecto de pasión” de Elliott.

Según Sabrina Owens, sobrina de Franklin, la cantante habló de su amor por esta cinta. Pero cuando Elliott y Whittley estuvieron listos para estrenarla, Franklin no estuvo lista para que el mundo la viera.

Elliott sospecha que pudo haber sido su frustración por el pobre manejo del proyecto.

Elliott habló con Franklin sobre el proyecto una sola vez, y muy brevemente. Había ido a un concierto de Franklin y después la esperó entre bambalinas, donde nerviosamente le habló del proyecto en el que se había embarcado con Wexler.

Nunca volvieron a hablar con la artista pero se mantuvieron en contacto con su familia, particularmente con Owens, para mantenerla actualizada sobre el proyecto. Tras la orden de Telluride, Elliott volvió a contactarla a Owens le explicó que su tía estaba enferma. Esa revelación reforzó la idea de Elliott de ser paciente; esperaba que Franklin se recuperara y participara en algún momento en el proyecto.

Owens invitó a Elliott al funeral de Franklin y, unas semanas después, Elliott les presentó el documental a unos 60 miembros de su familia. La reacción fue inmediata y efusiva, y pronto la familia aprobó el estreno.

«Amazing Grace» aún no tiene un distribuidor, pero Whittley y Elliott la están exhibiendo en Nueva York y Los Ángeles para darle un impulso en la temporada del Oscar con la esperanza de que reciba una nominación a mejor documental.

Diario La Hora
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