A nivel mundial, secuela de la pandemia es el deterioro de la salud mental y sobre su magnitud se conoce poco en nuestro medio. Foto la hora: Ap

Alfonso Mata

A nivel mundial, secuela de la pandemia es el deterioro de la salud mental y sobre su magnitud se conoce poco en nuestro medio.

Alfabetización en salud se ha vuelto un término común basado en: “Conocimiento sobre las enfermedades, sus causas, consecuencias y forma de prevenirlas y curarlas” Ese mismo término empleado en salud mental se le ha dado el significado de «Conocimientos y creencias sobre los trastornos mentales que ayudan a su reconocimiento, manejo o prevención«. La alfabetización en salud se puede entender también como acción “las habilidades cognitivas y sociales que determinan la motivación y la capacidad de las personas para acceder a la información, comprenderla y utilizarla de manera que promueva y mantenga buena salud”.

Los aspectos clave a manejar en un sistema de salud alfabetizado en salud mental incluye un adecuado conocimiento de: 1º creencias sobre la naturaleza, causas y factores de riesgo a la salud mental; 2º reconocimiento de los signos (bio-psicosociales) de problemas en salud mental (cultural y disciplinariamente); 3º conocimiento y creencias sobre las opciones de tratamiento y su disponibilidad; 4º actitudes y creencias que puedan conducir a la estigmatización y discriminación de quienes la padecen; y 5º conocimiento y comprensión de cómo ayudar a personas que puedan estar desarrollando o experimentando un trastorno mental. Como indican esos cinco requisitos del proceso educativo, ello exige que los sistemas de salud posean conocimientos y habilidades para la investigación sistemática en esos cinco principios y que conozcan el uso y aplicación de herramientas para el diseño y organización del trabajo práctico que solucione la problemática del hallazgo de la investigación.

Específicamente es importante recalcar que se necesita alfabetización tanto del profesional en salud como de la población y que aunque distinta en objetivo y procedimientos y fines la participación, lleva a enfocarse en un mismo objetivo: formación de conciencia y comprensión de la naturaleza y el tratamiento de los problemas de salud mental en las personas en riesgo y enfermos. En ambos campos, un buen programa de salud mental debe estructurarse; es un factor importante en la continuidad de la salud pública y en el bienestar de los individuos y la población.

En una sociedad como la nuestra, el daño a la salud mental como algo persistente y continuo, obedece a múltiples causas; pero hay una que resalta: la falta de conciencia y comprensión de la naturaleza y el tratamiento de los problemas de salud mental, por parte de: 1º la población, 2º los pacientes y 3º los profesionales y autoridades de la salud. Cuando uno de esos grupos es deficiente en conocimientos, apreciaciones de un problema de salud y su manejo (analfabetismo) la continuidad del accionar del sistema de salud: su beneficio, se pierde o se atenúa dando lugar al aumento de la casuística de daño.

De lo anterior se desprende que mejorar la conciencia y la comprensión de la naturaleza y el tratamiento de los problemas de salud mental, debería justificar no solo una mayor atención de las políticas públicas, sino de los planes y programas para lograrlo. Creo que mejorar la atención e implementación de las políticas públicas al respecto, es una prioridad nacional que no se ha logrado. El campo de la salud mental, fundamental para una buena organización y funcionamiento no solo individual sino social, en nuestro medio no ha recibido, hasta ahora, la misma investigación o atención que merece, dada la magnitud del problema y su relación con otros problemas de salud en que actúa como riesgo y causal.

Los campos de acción en el tema al menos son de dos tipos: 1º Individual: son numerosos los estudios que han reconocido como un grave problema, el pobre auto-reconocimiento del comportamiento de los riesgos y enfermedades por publico y enfermos. No es este el lugar de hablar sobre causas de ello pero indudablemente va ligado al 2º punto, que tiene que ver con lo social como: el conocimiento y las creencias y prácticas que probablemente conduzcan a un concepto de “normalidad de la anormalidad”; al estigma y otros aspectos que probablemente sean problemáticos. En la literatura psicológica y psiquiátrica, existe una mayor conciencia de la necesidad de programas de promoción de la salud basados en la población y diseñados para mejorar aspectos clave de la salud mental que no se ejecutan. Claro ejemplo de las carencias de tales programas en los sistemas de salud, se presenta en actitudes y prácticas poblaciones ante la COVID-19. Tanto la prevención como lo clínico o médico al respecto, está sumamente descuidado a la fecha. No existen a nivel nacional, programas bio-médicos, bio-psicológicos curativo-preventivos, ni intervenciones sociales específicas e integrales, que analicen e indaguen al respecto. Es evidente ante las estadísticas epidemiológicas nacionales e internacionales, que no existe un programa nacional formal como estrategia dentro del desarrollo humano, para reducir el impacto adverso sobre la salud mental de estilos y modos de vida.

Tanto en la literatura psicológica como en la psiquiatría general, existe el señalamiento de que las intervenciones deben basarse en información confiable sobre el conocimiento, las creencias y las actitudes de las personas y los servicios de salud en diferentes subgrupos demográficos. Información de la que carecemos. No se puede dejar de mencionar que la prevención, la intervención temprana y el manejo clínico, deben integrase si se quiere corregir la problemática en salud mental. La falta de integración en ello, redunda en la prevalencia del problema y su persistencia como epidemia.

Tampoco se debe descuidar el análisis y estudio de lo que conocemos como el medio en que se producen los problemas de salud mental y asociados en su solución con otros aspectos de la vida como son: «problemas del embarazo, la infancia, edad escolar adolescencia y juventud», el impacto de la pobreza, la cultura en ello, las relaciones con otras enfermedades (desnutrición, sobrepeso, infecciones) los «problemas cotidianos» de interacción social y ambiental, la falta de apoyo social, la crianza de los hijos, la responsabilidad propia, la influencia de los medios de comunicación y la presión social, acceso a servicios. En general y en la mayoría de estudios comunitarios, las personas tienden a ver los factores biológicos/genéticos como de relativamente poca importancia, en comparación con los factores psicosociales, en el desarrollo de la salud mental y por eso suelen restarle importancia a la salud mental y muchas veces ven el trabajo de la salud pública, como no importante para ayudar a reducir las actitudes y creencias que potencialmente actúan como causales del deterioro en la salud mental (percepciones de voluntad y responsabilidad personal). En general, es poco claro como se ha trabajado dentro de los programas de salud, la influencia de la dinámica familiar y social, la presión política, familiar y social, en el desarrollo humano y por consiguiente, para enfocar los problemas de salud mental y eso, a pesar de que los estudios han destacado la interacción sinergística individuo-sociedad, en el riesgo del deterioro de la salud mental en diferentes grupos de población y cómo ello afecta el desarrollo y desenvolvimiento de las naciones y sus grupos humanos.

Alfonso Mata
Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.
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