Al diablo la transparencia

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt

El Gobierno ha admitido que no puede ejecutar el presupuesto ni realizar inversiones porque existen “demasiados controles”, a lo que se suma que el mismo Presidente ha dicho que sus funcionarios tienen miedo de actuar por temor a caer presos en el marco de las investigaciones que se hacen en el tema de la corrupción. Eso se traduce en una merma de la actividad económica porque los recursos públicos son un importante componente de la economía en cualquier país y más en uno como el nuestro donde es indiscutible que el sector privado realiza una gran cantidad de negocios con las dependencias públicas.

El ministro de Finanzas está centrado en una campaña para forzar al Congreso a eliminar los candados del presupuesto, es decir, aquellas medidas de control que fueron incluidas en las normas que regulan las operaciones que implican desembolsos. Es un tácito reconocimiento de que si hay controles y se pretende demasiada transparencia, el Estado no tiene la capacidad de actuar, lo que significa ni más ni menos que hemos construido un aparato público precisamente a tono para generar y apañar la corrupción y, esto es lo más preocupante, pareciera que ni los funcionarios ni la sociedad están de acuerdo con mantener la lucha para combatir los vicios que se traducen en el saqueo del erario.

No sorprende la postura oficial porque desde los primeros meses del Gobierno el mismo Ministro de Finanzas se convirtió en el gran operador para asegurar que el viciado negocio de la Terminal de Contenedores Quetzal funcionara a pesar de los sobornos que fueron entregados a Pérez Molina y sus funcionarios de la portuaria. Bajo la tesis de que lo importante era la operación de la Terminal, se montó una trama en la que tristemente hasta pararon embarrados la CICIG y el Ministerio Público para permitir a los holandeses que habían comprado el sucio negocio que pusieran en marcha la operación. Ya con eso nos confirmaron que no existe el menor interés por la transparencia y que en aras del pragmatismo se prefiere eliminar controles o sanciones, con tal de que vuelva a fluir el pisto, aunque sea por medio de los contaminados canales que han enriquecido a tanta gente.

Hoy más que nunca, Guatemala subsiste gracias al aporte de los migrantes que envían puntualmente sus remesas para ayudar a sus familias, siendo el único sector de la economía que no se ha detenido y que, por el contrario, se mantiene en constante crecimiento. De no ser por esa inyección que recibimos, hace rato que el país hubiera caído en condiciones propicias para un gravísimo estallido social.

Los guatemaltecos tenemos que exigir al Estado y los agentes económicos que gasten e inviertan en el marco de normas claras y de una adecuada rendición de cuentas porque es lo único que permitirá que la inversión pública sea en beneficio de la población y no producto de las mañosas componendas entre contratistas y proveedores con los políticos de turno, por lo que hay que repudiar el anhelo oficial de que se eliminen candados como receta para que vuelva a haber actividad económica.

Diario La Hora
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