Aislamiento, soledad y salud

Los seres humanos somos sociales por naturaleza, y las relaciones sociales de alta calidad son vitales para la salud y el bienestar y aún más, en situaciones de caos y desastres naturales y sociales. Foto la hora: AP

Alfonso Mata

Una situación de riesgo
Los seres humanos somos sociales por naturaleza, y las relaciones sociales de alta calidad son vitales para la salud y el bienestar y aún más, en situaciones de caos y desastres naturales y sociales.

Sin embargo, al igual que muchos otros determinantes sociales de la salud, el aislamiento social (una falta objetiva de contacto social con los demás) y la soledad (la sensación subjetiva de estar aislado) son riesgos de salud pública significativos pero poco apreciados y trabajados por los sistemas de salud y que tienen la peculiaridad que se juntan y conectan constantemente en momentos como la actual pandemia.

Todos conocemos que el aislamiento social y la soledad, se asocian con malos resultados de salud física y mental, incluidas tasas más altas de mortalidad, depresión y deterioro cognitivo, acceso tardío a los servicios. Investigaciones recientes, documentan la alta prevalencia de aislamiento social y soledad entre los adultos mayores, algunos grupos sociales y personas que viven y trabajan en áreas rurales. Por ejemplo, los datos de Estudios del mundo, en promedio han encontrado que uno de cada tres adultos mayores que viven en la comunidad se consideran socialmente aislados, y uno de cada cuatro adultos de 45 años y mayores están solos. Además, otros estudios han encontrado que uno de cada cuatro adultos dicen que “a menudo o siempre se sienten solos, sienten que carecen de compañía, se sienten excluidos o se sienten aislados de los demás”.

Socialmente aislados y salud
El coronavirus ha demostrado que afecta mortalmente bastante más a la población mayor de 65 años y esta población esta propensa a menos soporte social y soledad.

Si bien la ciencia de las relaciones sociales y sus consecuencias sobre la salud y el bienestar se ha documentado durante décadas, los temas de aislamiento social y soledad han atraído recientemente una mayor atención en los medios de comunicación. Por ejemplo, en los últimos años, los artículos en The New York Times presentaron titulares como “Cómo el aislamiento social nos está matando” y “Los sorprendentes efectos de la soledad en la salud”.

En tiempos normales, estar conectado socialmente de diversas maneras, se asocia con una probabilidad de supervivencia 50 % mayor, y algunos indicadores de integración social, se asocian con una probabilidad de supervivencia 91 por ciento mayor.

El aislamiento social, se ha asociado con un aumento del 29% en el riesgo de mortalidad por todas las causas y un aumento del 25% del riesgo de mortalidad por cáncer; La soledad se ha asociado con tasas más altas de depresión clínicamente significativa, ansiedad e ideación suicida; La soledad se ha asociado con un riesgo 59% mayor de deterioro funcional y un riesgo 45% mayor de muerte. En adultos por encima de 50 años, el aislamiento social se ha asociado con un aumento de aproximadamente 50% en el riesgo de desarrollar demencia.

La soledad entre los pacientes con insuficiencia cardíaca se ha asociado con un riesgo de muerte casi cuatro veces mayor, un riesgo 68% mayor de hospitalización y un riesgo 57% mayor de visitas al servicio de urgencias; Finalmente, las malas relaciones sociales (caracterizadas por el aislamiento social o la soledad) se han asociado con un riesgo 29% mayor de enfermedad coronaria incidente y un riesgo 32% mayor de accidente cerebrovascular.

Aislamiento social, soledad, sistema de salud
Comprender el alcance completo y la complejidad de la influencia de las relaciones sociales en la salud es un desafío. Además del número absoluto o el alcance de las relaciones sociales, la calidad de tales relaciones también es un factor importante en su impacto en la salud y hoy en día también se ha vuelto muy relevante el costo que tiene todo ello para el Estado y para el individuo a tal punto que muchos piensan que el adulto trabaja para poder gozar de salud cuando se vuelve adulto mayor.

En este contexto, llama la atención que los gobiernos y dentro de estos los MSPAS, no realicen estudios y carezcan de análisis de las dimensiones médicas y de salud del aislamiento social y la soledad, y para recomendaciones sobre el papel del sistema de atención médica para ayudar a reducir la incidencia y entender cómo medidas como la cuarentena puede o no puede funcionar y de igual manera no hayan evaluado impactos adversos para la salud del aislamiento social y la soledad entre los diferentes grupos de edad en entornos clínicos y sociales.

El aislamiento social (el estado objetivo de tener pocas relaciones sociales o el contacto social poco frecuente con otros) y la soledad (un sentimiento subjetivo de estar aislado) son riesgos de salud pública graves, pero poco apreciados que afectan a una porción significativa de la población adulta mayor. Si bien existen desafíos para medir el aislamiento social y la soledad con precisión, existe una fuerte evidencia de que muchas personas están socialmente aislados o solos de manera que pone en riesgo su salud. Por ejemplo: El aislamiento social se ha asociado con un riesgo significativamente mayor de mortalidad prematura por todas las causas;

Cabe destacar que es incorrecto suponer que todos los adultos están aislados o solos o que el envejecimiento, independientemente de otros factores, causa aislamiento social y soledad. Por el contrario, los adultos tienen un mayor riesgo de aislamiento social y soledad porque tienen más probabilidades de enfrentar factores predisponentes como vivir solos, la pérdida de familiares o amigos, enfermedades crónicas y deficiencias sensoriales, drogadicción. A lo largo de la vida, el aislamiento social y la soledad pueden ser episódicos o crónicos, dependiendo de las circunstancias y percepciones de un individuo.

Se han desarrollado muchos enfoques para mejorar las conexiones sociales para las personas que están socialmente aisladas o solas, pero las oportunidades de intervenir pueden ser más desafiantes para aquellos que están en mayor riesgo. Por ejemplo, las personas que no tienen interacciones consistentes con otros (tienen una vivienda inestable, no pertenecen a ningún grupo social o religioso, o no tienen relaciones personales significativas) nunca pueden identificarse en sus propias comunidades.

Comprender el alcance completo y la complejidad de la influencia de las relaciones sociales en la salud es un desafío. Además del número absoluto o el alcance de las relaciones sociales, la calidad de tales relaciones también es importante por su impacto en la salud. Como tal, dos aspectos de las relaciones sociales, el aislamiento social y la soledad, se han vuelto más prominentes en la literatura científica.

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