Oscar Clemente Marroquín

ocmarroq@lahora.com.gt

28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.

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Cuando la Casa Blanca anunció la designación del Embajador Todd D. Robinson como Subsecretario de Estado para Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley en Guatemala algunos sintieron un balde de agua fría y empezaron a cabildear en contra porque fue precisamente durante su período como Embajador de Estados Unidos en Guatemala, del 2014 al 2017, cuando se libró la lucha contra la corrupción que dirigió la Comisión Internacional Contra la Impunidad y el Ministerio Público, tiempo en el que fueron procesados y encarcelados el Presidente y la Vicepresidenta de la República, Otto Pérez y Roxana Baldetti.

Robinson completó su tiempo de servicio en el país no obstante que se realizaban enormes romerías para que Trump lo removiera del cargo antes de tiempo. Luego el mismo Trump lo envió a Venezuela para enfrentar a las huestes de Maduro. Luego Joe Biden dispuso asignarle la responsabilidad de esa crucial subsecretaría del Departamento de Estado, que obviamente tiene algo de relación con la vida en Guatemala porque tiene a su cargo el tema de narcóticos, ese del que habló Giammattei en Naciones Unidas la semana pasada y que aquí es la panacea para algunos políticos y funcionarios de seguridad que incrementan sus ganancias brindando protección a las operaciones de tráfico de drogas. El nombramiento, desde luego, generó un nuevo flujo migratorio hacia Estados Unidos, esta vez no de migrantes buscando la oportunidad que su país les niega, sino de poderosos personajes buscando acrecentar las muchas oportunidades que su país les entrega y que sintieron amenazadas por eso de que Robinson será el encargado de velar por la aplicación de la ley desde el mismo Departamento de Estado.

Personalmente puedo decir que me siento muy satisfecho por la ratificación que, tardíamente, hizo ayer el Senado para que Todd pueda asumir su puesto porque lo he tratado lo suficiente como para reconocer en él una extraordinaria calidad humana y no digamos capacidad profesional que le permite entender a fondo la realidad en la que se tiene que mover. Sus años de experiencia en el mundo diplomático le han servido para acrecentar esa percepción natural que le facilita entender el contexto en el que tiene que moverse.

Sus enemigos en Guatemala están con la camisa levantada porque creen que su función en INL, siglas por las que se conoce en inglés la dependencia a su cargo, estará centrada en Guatemala y porque sus esfuerzos por bloquearlo en el Senado fueron demasiado públicos. Sin embargo INL es una dependencia que tiene a su cargo mundialmente el tema de narcóticos y aplicación de la ley como parte esencial de la política exterior de Estados Unidos y su campo de acción será tan amplio que no tendrá tiempo para centrarse únicamente en un país.

Como guatemalteco quisiera que pudiera dedicarle más tiempo a lo nuestro porque en ambos temas vamos como el cangrejo, retrocediendo cada día a pasos agigantados, pero entiendo la dimensión de su nuevo cargo y su responsabilidad no sólo respecto a un país o alguna región del mundo. Y como conozco al amigo, se que hará su trabajo con todo profesionalismo y seriedad sin andar pensando en quienes se empeñaron en querer arruinarle su carrera diplomática.

Oscar Clemente Marroquín
28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.
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