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El pasado sábado, en el marco de Filgua (Feria Internacional del Libro en Guatemala), se presentó el libro “Por la Costa Sur y otras trillas”, en el cual se encuentran testimonios de los excombatientes de URNG durante la guerra. El libro fue editado por la fundación alemana Rosa Luxemburgo.

Los presentadores fueron Beltrán Jiménez Castillo, José María Cuculista y Virginia Castro. Los tres fueron guerrilleros y lucharon por sus ideales en la cruenta guerra que finalizó con la firma de la paz el 29 de diciembre de 1996. Ahora son socios de la Cooperativa Agrícola El Progreso, ubicada en la finca Las Tecas, en el municipio de Cuyotenango, Suchitepéquez.

Virginia Castro, cuyo nombre de guerra fue Johana, se incorporó a las FAR a finales del año 1983, cuando tenía 19 años. En su testimonio dice, “El miedo mío fue poco. Cuando uno es joven pareciera que carece de tristeza, … excepto cuando un compa caía…”.  Y agregó “A veces la alegría era nuestra mejor defensa… Siempre intentábamos estar contentos, pero sin olvidar, y claro sin dejar de ser muy estrictos con nuestras responsabilidades revolucionarias”.

Beltrán Jiménez, cuyo nombre de guerra fue Güicho, recuerda en su testimonio el día que se separó, junto con su hermano, de su mamá para incorporarse a la guerra. Dice que “ella lloró un poco, recuerdo que me dijo: bueno mijo, pórtate bien, apóyense y hagan lo que les manden hacer”.

También recuerda cuando salió herido en un combate. Cuenta que estaba con Pablo, otro compañero de la guerrilla, en un cruento combate, tratando de rescatar a Esteban, quien había recibido un proyectil en la pierna y se quedó sin poder moverse. Recuerda que en ese momento los soldados les dispararon un “rafagazo” (ráfaga de ametralladora) y Esteban recibió un tiro en la frente. Beltrán relata que “Esteban sólo suspiró, se desmayó y murió”. Y agrega, en su testimonio: “Yo sólo sentí mucho calor en el brazo y sentí el brazo totalmente aguado, sin fuerza, y veía el chorro de sangre, los nervios y los pedazos de hueso”.

Otro testimonio que deseo citar es el del Comandante Gary, fallecido hace poco tiempo, ya viviendo en la finca Las Tecas. Refiriéndose a la firma de la paz, dijo “Cuando se firmó la paz tenía un poco de dudas, no creía mucho que se cumplieran los acuerdos…”. Recordó que cuando los oficiales de la guerrilla aceptaron la firma de la paz, fue “porque ya no seguiríamos por medio de las armas, sino de los votos…”. Refiriéndose a la formación del partido URNG, expresó: “sentía muy difícil la lucha política, porque en la guerra conocíamos al enemigo a distancia, por su uniforme, pero en la lucha política el enemigo iba a andar a nuestro lado y no sabríamos cómo era ni quién era…”. 

Todas las citas anteriores son apenas unas delgadas pinceladas de la riqueza de este libro donde los excombatientes que allí aparecen expresaron sus recuerdos sobre su lucha revolucionaria, las expectativas sobre la paz y lo vivido hasta ahora. Es una manera de ver la historia a partir de la dimensión humana que expresan estos heroicos exguerrilleros. Ahora, treinta años después de firmada la paz, la izquierda histórica que ellos representan se ha debilitado sustancialmente. Se ha cerrado su ciclo histórico. Pero su herencia está presente.

Es cierto que los Acuerdos de Paz no se han cumplido a cabalidad. Continúa la pobreza, la desigualdad y la exclusión. Pero Guatemala no es la misma hoy que antes del 29 de diciembre de 1996. La izquierda histórica sentó un nuevo piso para la continuidad de la lucha revolucionaria, ya no a través de las armas, sino que de la lucha política y social. Esa izquierda tiene una misión que cumplir y es contribuir a la construcción de un nuevo instrumento para seguir luchando, uno que reconozca la realidad nacional y mundial ahora existente, que entienda que no hay una única izquierda, que hay izquierdas, cuya unificación debe construirse, más allá de un horizonte electoral. 

Mientras tanto, los exguerrilleros que relataron sus vidas en el libro acá comentado, ahora, ya no siendo jóvenes, siguen con sus sueños, construidos en el fragor de las batallas libradas. ¡Y los mantienen!, a pesar de que Fontierras, entidad concebida en los Acuerdos de Paz para impulsar la transformación agraria del país, pretende subastar la finca en la cual ellos y sus descendientes han vivido en las últimas décadas y desalojarlos de ella, cobrándoles una hipoteca que legalmente ya prescribió. ¡Quien iba a imaginar tan incoherente situación! 

Adrian Zapata

zapata.guatemala@gmail.com

Profesor Titular de la USAC, retirado, Abogado y Notario, Maestro en Polìticas Pùblicas y Doctor en Ciencias Sociales. Consultor internacional en temas de tierras y desarrollo rural. Ha publicado libros y artículos relacionados con el desarrollo rural y con el proceso de paz. Fue militante revolucionario y miembro de organizaciones de sociedad civil que promueven la concertación nacional. Es actualmente columnista de el diario La Hora.

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