0:00
0:00

Al 30 de junio de este año, en Guatemala se habían contabilizado 12,978.5 millones de dólares de ingresos por concepto de remesas familiares, un 7% más que en 2025, y se esperaría que el año finalice superando los 27 mil millones de dólares, una cantidad francamente descomunal. Para que el lector pueda darse una idea, las remesas estimadas de 2026 equivaldrían a la totalidad del PIB de Guatemala en el año 2005.

Ciertamente las remesas familiares son un alivio para la economía local, dinamizando tanto el consumo como en la construcción.  Antes, cuando uno viajaba al interior del país, incluso a las cabeceras departamentales, se podía advertir que existían muy pocas opciones de hospedaje, alimentación o prendas de vestir. Hablar de cadenas de supermercados o de franquicias de comida rápida, incluso centros comerciales, era ilusorio.  Estos comercios, tan comunes hoy en día, únicamente se encontraban en la capital, Mixco, Villa Nueva y Quetzaltenango en los años 90 del siglo pasado.  

La globalización, y en el caso específico de Guatemala, la adopción de costumbres estadounidenses por parte de familias guatemaltecas del interior del país que tienen familiares viviendo en los Estados Unidos, ha fomentado la aparición de centros comerciales, restaurantes de comida rápida y comercios de todo tipo en el interior del país, incluso en regiones que en los años 90 del siglo pasado eran eminentemente rurales y muy poco pobladas.  El Rancho, del departamento de El Progreso, es un ejemplo muy claro de lo que trato. 

Esta ha traído un incremento significativo en el consumo y una mejora en el nivel de vida de una parte importante de la población.  Sin embargo, la inmensa mayoría de quienes reciben remesas, no las invierten en proyectos productivos, lo cual puede ser una inmensa oportunidad para nuestro país.  Haciendo un ejercicio rápido, en los últimos 4 años, tan sólo el 10% de las remesas recibidas en cada año ha sido, en promedio, 27% más alto que toda la Inversión Extranjera Directa (IED) que ha recibido el país en ese mismo período.  En 2021 el 10% del total de remesas superaron en 25.1% a la IED, en 2022 el 10% del total de remesas superaron en 22.9% a la IED, en 2023 el 10% del total de remesas superaron en 24.4% a la IED y en 2025 el 10% del total de remesas superaron en 35.7% a la IED.

Es decir, si se realizara un programa de inversión en proyectos productivos que puedan ser financiados con un 10% de las remesas, entregando la propiedad real (acciones) de dichos proyectos a quienes reciben remesas familiares, se duplicaría con facilidad la IED en Guatemala, generando oportunidades de empleo a los guatemaltecos y, todavía más importante, democratizando la propiedad y el capital en el país sin la cantaleta de la expropiación, que tanto gusta a un extremo y detesta el otro extremo.  Aquí hablamos de que cada persona o familia que recibe remesas, decide si invierte o no, y en qué invierte.  

Y es que, aunque suene utópico, creo que nuestro sistema financiero cuenta con mecanismos más confiables y transparentes para poder llevar a cabo proyectos de esta naturaleza.  Si se da educación, certeza jurídica, certeza de propiedad y se empodera a quien recibe remesas familiares, estoy seguro de que ellos mismos invertirían en los proyectos que más les convengan, ya sea en emprendimientos privados o en alianzas, puertos y aeropuertos.

Las remesas pueden ser un poderoso catalizador de empoderamiento y democratización del capital y de la propiedad en Guatemala.

 

Emilio Matta

emiliomattasaravia@gmail.com

Esposo y padre. Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Francisco Marroquín, MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, Certificado en Métodos de Pronósticos por Florida International University. 24 años de trayectoria profesional en las áreas de Operaciones, Logística y Finanzas en empresas industriales, comerciales y de servicios, empresario y columnista en La Hora.

post author
Artículo anteriorExcombatientes de URNG en Filgua
Artículo siguienteRostro de Donald Trump destacará en moneda de oro de un dólar por 250 aniversario de EE. UU.