Mientras el Mundial de Fútbol llega a su fase de eliminación directa, el gobierno prepara el Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado para el ejercicio fiscal 2027, que será nada menos que de 181,563 millones de quetzales para presentarlo al Congreso de la República. Como referencia, el presupuesto autorizado para 2026 es de 164,163 millones de quetzales (con todo y una ampliación superior a los 9 mil millones de quetzales), es decir, el presupuesto del año 2027 supera en un 10.6% al del año 2026 con todo y dicha ampliación.
Si los niveles de desnutrición crónica infantil hubiesen disminuido drásticamente durante este gobierno, si hubiese un avance sustancial en la educación en los niveles de preprimaria, primaria y básicos, si uno viera una mejora significativa en la infraestructura nacional, por ejemplo, mejores carreteras donde se pueda transitar de forma más segura a mayor velocidad, puertos más eficientes en los que no se tengan que pagar demoras exorbitantes por meses de espera de atraque de los barcos en fondeo, si uno tuviera la seguridad de que puede salir a la calle sin ser víctima de un asalto o de extorsiones, no habría problema en tener semejante presupuesto. La realidad es otra.
La desnutrición crónica sigue igual, y encima de todo, los mayores esfuerzos para reducirla provienen del sector privado, con propuestas como Guatemaltecos por la Nutrición. Los niveles de educación siguen por los suelos y no se logra mejorar el rendimiento de los alumnos en pruebas de lectura y matemáticas. La infraestructura portuaria y vial sigue por los suelos, los tiempos de demoras en puertos no disminuyen mientras que los costos logísticos de trasladar mercadería han incrementado significativamente en el país. La inseguridad empeora día con día, aunque el presidente y su equipo en el Ejecutivo digan que es “percepción”.
En un año electoral, en el que únicamente la primera mitad cuenta para este (y cualquier otro) gobierno, porque en la segunda ya se sabe quiénes irán al balotaje, semejante despilfarro de recursos ciertamente no será ejecutado en el lapso mencionado. La lentitud en la ejecución ha sido una de las principales debilidades de este gobierno, y aún no tienen claro cómo gestionar la ejecución del presupuesto de forma ágil.
Como colofón, la recaudación fiscal para el año 2027 se estima en 130,900 millones de quetzales, por lo que el déficit fiscal de más de 50 mil millones de quetzales, aproximadamente un 5% del PIB nominal, se cubrirá con más deuda. Y aún están pendientes las negociaciones con las bancadas del Congreso para la aprobación, o no, de este presupuesto, previas prebendas a diputados y allegados con posibles ampliaciones para utilizarlas discrecionalmente.
Pretender pasar un presupuesto de esta magnitud únicamente para fines electoreros no va a funcionar, principalmente porque ya nadie querrá acordarse del presidente ni de su equipo. Y todo este despilfarro, más dejar la puerta abierta al próximo presidente para que pueda gastar aún más, serán dos “legados” del presidente Arévalo.







