0:00
0:00

El gobierno de Bernardo Arévalo, lejos de haber sido la excepción, ha mantenido la misma tónica de los gobiernos anteriores.  Un gobierno que estaba llamado a cambiar la forma de hacer política en Guatemala, prefirió seguir, prácticamente al pie de la letra, los pasos de sus predecesores. 

Probablemente lo más notorio es la forma en que el Ejecutivo ha negociado en el Legislativo, por medio de su (ex)delfín, el diputado Samuel Pérez, las aprobaciones de los abultadísimos presupuestos de los que ha dispuesto este gobierno.  Siguiendo el guion de los Morales y Giammattei, Arévalo y su equipo han utilizado los fondos destinados a Codedes (Consejos Departamentales de Desarrollo) en este presupuesto (y en el anterior) y el situado constitucional del 10% asignado a las municipalidades como moneda de cambio para obtener votos y así impulsar leyes para sus intereses particulares.  Encima les han visto la cara, aprovechándose de su bisoñez.  Son miles de millones de quetzales que terminan en los bolsillos de constructoras allegadas a diputados, alcaldes y otros funcionarios, algunos de ellos vinculados con el crimen organizado, y que no se traducen en obras de desarrollo para las comunidades que sí las necesitan.

Otro aspecto fundamental es la paupérrima ejecución presupuestaria de unidades como Covial.  En una nota publicada ayer en este medio, la ejecución presupuestaria de esta unidad ejecutora apenas llega al 12%, cuando debería estar en el orden del 30%, y el invierno ya está aquí.  Las excusas que esgrimen las autoridades, de que incrementó la asignación de recursos, no justifica de ninguna manera una ejecución tan baja y tan sólo refleja lo que han hecho Bernardo Arévalo y su equipo desde que asumieron: quejas y justificaciones, no ejecución.  

En cuanto a las remesas familiares y su impacto en la economía, resulta que durante su campaña presidencial Arévalo decía que Guatemala debería tener una economía menos dependiente de las remesas, aceptando el impacto que éstas tienen en la economía nacional.  Lejos de reconocer la influencia de las remesas en la economía, este gobierno, por medio de su mediocre ministro de Finanzas, atribuye las proyecciones de crecimiento económico a los altísimos y desfinanciados presupuestos que ha promovido este gobierno, y no al hecho de que el crecimiento en las remesas incide en, por lo menos, el 50% del crecimiento de la economía nacional. 

La capacidad de Guatemala para absorber shocks externos, como el incremento de los precios internacionales de los granos en 2022 (que se dio por la guerra de Rusia y Ucrania), y ahora con el incremento de los precios del petróleo y sus derivados (que se dan por la guerra en oriente medio), obedece al enorme flujo de remesas que ingresa al país y no a las políticas económicas de este, y los gobiernos anteriores.

Y, por último, la intolerancia a la crítica y el uso de redes sociales para descalificar a las voces críticas, algo muy utilizado, principalmente por un resentido diputado que fue oficialista y ahora busca desesperadamente gobernar en el palacio de la Loba.

Este es el último año efectivo de gobierno, el próximo es electoral, por lo que se centrarán en las próximas elecciones más que en gobernar.  Ciertamente han desperdiciado su oportunidad.

Emilio Matta

emiliomattasaravia@gmail.com

Esposo y padre. Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Francisco Marroquín, MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, Certificado en Métodos de Pronósticos por Florida International University. 24 años de trayectoria profesional en las áreas de Operaciones, Logística y Finanzas en empresas industriales, comerciales y de servicios, empresario y columnista en La Hora.

post author
Artículo anterior¡Y el Presidente lo hizo!
Artículo siguienteRetiran cámaras utilizadas por pandilleros para vigilar a vecinos de aldea y barrio de la zona 18