Reconozcamos que estamos en la calle en materia de unidad y solidaridad, con nuestra vergonzosa indiferencia. En las dos recientes batallas contra la corrupción y la impunidad, una, derrotar a Consuelo Porras en sus aspiraciones de continuar con poder e impunidad, y dos, echar a las mafias universitarias lideradas por el usurpador de la Usac, no hemos visto ni el apoyo firme del gobierno de Bernardo Arévalo ni la presión arrasadora de una indignada ciudadanía.
Es cierto, vivimos el período oscuro de Donald Trump en EE. UU., y existe una obscena servidumbre al imperio gringo, tanto de las potencias de Europa como de las neocolonias en América Latina y el Caribe; pero eso no nos quita la responsabilidad de hacer de Guatemala un país libre, soberano e independiente, con un gobierno democrático que logre el desarrollo y la paz. ¿Cuánto hemos avanzado? Realmente, NADA. Seguimos siendo un país lleno de buenas intenciones y muy pocas concreciones. Expulsar a Porras y a los usurpadores de la rectoría ha sido una tarea no compartida por toda la ciudadanía. Si no actuamos con unidad real, el nuevo fiscal general, si bien no la Porras, puede ser un energúmeno que se entregue a los sectores de poder del país, como hoy ha promovido la CC. En el caso de la Usac, no estamos seguros de que el falso rector no inicie cuatro años más de usurpación.
Hay débiles esfuerzos de avanzar en la unidad de las fuerzas sociales y políticas progresistas y honestas. El más visible es el chat y acciones del Frente Amplio por la Democracia, FAD, con decenas de mensajes diarios; pero sin acciones de resistencia y organización. Aparte de ello, algunos “presidenciables” lanzan sus mensajes de unidad, siempre que sea con ellos al centro, desde los extinguidos Semilla y Raíces hasta una pálida “derecha inteligente”. Hablan ahora de sumar a los sectores religiosos, a las mujeres y a la juventud, así como a los pueblos indígenas; pero no hacen ningún trabajo serio para trabajar con sus organizaciones.
Aparecen en las redes sociales distintas personalidades, sin duda con cualidades, que tratan de convertirse en respuesta a las aspiraciones de las nuevas generaciones -en la izquierda, aparecen con frecuencia Solórzano Foppa, Aldo Dávila y otros; más al centro se muestran Samuel Pérez y figuras del gobierno; y más corridos a la derecha figuras como Toriello y previos candidatos no conformistas, por ejemplo, Roberto Arzú. No entienden que no tienen ninguna posibilidad de éxito si no existen convergencias de fuerzas sociales y políticas que los respalden y acuerpen.
Error de estos “potenciales líderes” o sus promotores es buscar que su propaganda en redes sociales los convierta en “la opción”. Hay que invertir el proceso, hay que significarse ante la ciudadanía con proyectos y concreciones para las y los guatemaltecos, demostrando con su desempeño que van a responder a las necesidades de las grandes mayorías. Además, han de reconocer que primero viene la unidad real y la solidaridad, para luego presentarse como “una de las opciones” y contribuir a la formación de la convergencia de fuerzas sociales y políticas honestas.







